Cochabamba, miércoles 23 de enero de 2019

Las mejores películas de 2018

Otro año más, otro ránking más. Puede que no sean tantas obras como en otros años, pero son un buen puñado de las que más han interpelado y conmovido a la cinefilia mundial y, cómo no, al puñado de escribientes que se congregan en esta lista. Como suele pasar, no todas son necesariamente películas estrenadas en 2018, pues se trata, en rigor, de aquellas que llegaron al mercado boliviano –real o digital, legal o pirata, en sala u on demand, etc.- en este año, aun habiéndose estrenado en 2017 o más antes. Pasen y lean. Y vean.
| | 30 dic 2018

1- Zama 

Lucrecia Martel





Le tomo diez largos años a la gran cineasta argentina Lucrecia Martel terminar su película Zama, una espera que le cobró en el cuerpo, como toda espera. Enfermó de cáncer.

“Algunos me decían: `¡Fue por Zama!’.

Por el esfuerzo extremo.

¡Pero si yo estaba feliz! Estaba filmando de nuevo.

En ese estado terminé la película. Así llegué al final.” Escribió hace poco en ocasión de su cumpleaños 52.

Y esa larga espera, esa decadencia del cuerpo, la vive junto al personaje principal de Zama, Don Diego de Zama (Daniel Gimenéz Cacho), un empleado de la corona española en el siglo XVIII que está atrapado en Paraguay y que espera desesperadamente su traslado a otro lugar menos asfixiante y tedioso. Zama es una adaptación libre de la novela del escritor Antonio di Benedetto escrita en 1956. En esta película Martel reinventa, como lo hiciera con su primera película La Ciénaga, el lenguaje cinematográfico logrando que cada plano de la película sea una “inmersión” en un mundo especial y personalísimo. Con Zama se confirma lo que Pedro Almodóvar dijo de ella una vez, “cuando descubres un autor tan original, maduro e escurridizo como Lucrecia Martel, sientes como si estuvieras presenciando un milagro”. (Alba Balderrama)

2- Lazzaro felice

Alice Rohrwacher



Como suele ocurrir cada vez con menos frecuencia, por no decir casi nunca, Lazzaro felice, tercer largo de la joven cineasta italiana Alice Rohrwacher, es una experiencia cinemática que depara el descubrimiento de eso que Werner Herzog ha dado en llamar una “verdad extática”. Porque la mirada de Lazzaro, que es la de Rohrwacher, es la de un ser puro y noble que se entrega y conmueve ante lo que ve, ante la belleza arrebatadora que le regala la naturaleza, a la que devuelve una versión más digna y humana de aquello que contempla. Una versión única y nueva y noble de la realidad. En sus poco más de dos horas, el filme ensaya un relato reivindicativo sobre la generosidad subversiva de la mirada, en tanto gesto para aprehender lo verdadero y lo bello, pero también para plantarse ante la impostura y lo obsceno. En esa medida, Lazzaro es también una obra que reflexiona sobre el ejercicio de la mirada cinematográfica, tan dada en el último tiempo a regodearse en la sordidez humana y erigirla como la única verdad que cabe observar y exhibir. (Santiago Espinoza A.)

3- The other side of the wind

Orson Welles



Que esta película, concluida y estrenada –por obra y gracias de Netflix- unos 40 años después de haberse rodado, pertenezca o no a Orson Welles, es una discusión que no acabará nunca. La controversia se parece, y mucho, a la que hubo y hay aún en torno a The magnificent Ambersons y Touch of evil, de cuyos cortes finales también renegaba Welles. Si creemos que The other side of the wind no es una película del autor de El Ciudadano Kane, ¿no cabría aplicar el mismo criterio para esa dos obras que, sin embargo, consideramos tan suyas y fundamentales para su obra? Como fuere, el filme en cuestión es una pieza maestra que, en su concepción y -parte de- ejecución, solo pudo ser obra del gran Orson. Respira la libertad experimental y el humor sofisticado de F for fake, en la que el cineasta ya reflexiona sobre los juegos de imitación que suelen estar detrás del ejercicio creativo. Si en esa película el mago Welles ponía un velo de duda sobre el valor de las obras de arte y, en esa medida, fabulaba con la idea de la desaparición/inexistencia del arte genuino; The other side of the wind bien podría ser el acto final del tahúr del cinematógrafo, en el que el autor desaparece (no por nada su argumento gira en torno a la última noche de un cineasta legendario y a la desaparición del protagonista de su filme en construcción), pero solo para hacerse eterno en sus imágenes. Estamos, pues, ante el truco definitivo del artista que se esfuma ante nuestros ojos para dejarnos ante su espectro infinito en la pantalla. (SEA)

4- Blackkklasman

Spike Lee



Mucho se le acusa a Spike Lee de contaminar todo lo que toca hasta convertirlos en panfletos de denuncia racial, al punto de que tanto sus productos de entretenimiento más puro como sus trabajos más serios suelen ser vistos y valorados desde el atalaya de lo políticamente correcto. Pues bien, Blackkklasman parece ser la confirmación de que el cineasta afroamericano ha terminado otorgándole al panfleto el estatuto de obra de arte cinematográfica. Basada en la historia real de un policía negro que se infiltra en el Ku Klux Klan, esta es una cinta panfletaria en el mejor sentido de la palabra, en el que no deja títere con cabeza ni se priva de indignarse ante el presente de los Estados Unidos de Trump desde sus propias imágenes de odio. Sin embargo, su denuncia se remite también a la propia tradición cinematográfica, a la que interpela abiertamente por su complicidad para la propagación del odio racial, en la secuencia climática del filme, en la que Lee alterna, en montaje paralelo, las miradas antinómicas –de negros enojados y blancos racistas- ante el El nacimiento de una nación, de Griffith, la obra capital del montaje paralelo. Se le podrá acusar de todo al director de Malcolm X, pero en ningún caso de no estar pensando/cuestionando al cine y al mundo. (SEA)

5- El hilo fantasma

Paul Thomas Anderson



El hilo fantasma es un relato tan sofisticado y bello como su nombre. Habla del amor, pero de ese momento en el que entra en juego el poder, el ego e incluso el instinto de supervivencia. Como su personaje principal Reynolds Woodcock, Paul Tomas Anderson va armando la trama de manera meticulosa y elegante, colocando frases escondidas en las texturas de la imagen. Daniel Day-Lewis encuentra un interesante contrapunto con Vicky Krieps, una grata sorpresa, su intuición expresiva y decisiones actorales sorprenden desde la primera escena. En esta historia abundan las mujeres, metódicas, discretas, sumisas y a la vez tenaces, todas rodean a Reynolds, y hay quién pueda ver en su desenlace una especie de voz feminista, aunque es definitivamente un diálogo muy bien cuidado, entre la masculinidad y la feminidad. Anderson puede crear puestas en escena portentosas, visual y narrativamente (la banda sonora de Jonny Greewood merece un texto aparte), y al mismo tiempo, dotar de intensidad a un diálogo, captar la fuerza de las miradas y el ritmo de sus actores. Ambas características se presentan en El hilo fantasma, la segunda más que la primera, ya que la historia exige intimidad, los espacios se van reduciendo, el detalle cobra fuerza. La última película de Day-Lewis (según él actor), es también una muestra de destreza con pocos recursos, sutil como la confección de un vestido de alta costura, todo cierra, todo encaja a la perfección. (Luis Bun)

6- Roma

Alfonso Cuarón



Roma es un hermoso y vívido recuerdo de infancia, filmado en blanco y negro por uno de los directores mexicanos más reconocidos de estos últimos años como es Alfonso Cuarón. El director se lanza a hacer Roma como un homenaje a las mujeres que lo criaron y cuidaron de niño, su nana y su madre. Pero el filme se centra principalmente en la nana, Cleo. Roma es un recuerdo del barrio Roma en México DF y la casa donde se crio el cineasta mexicano Alfonso Cuarón cuando era un niño. La película fue rodada con una cámara digital Alexa de 65mm en blanco y negro, logrando una textura sedosa y nostálgica que recuerda al neorrealismo italiano, pero también a las más recientes películas intimistas del coreano Hong Sang-Soo o a las amorosas historias del francés Philippe Garrel. Este recuerdo se combina con la realidad social y política en la que México estaba sumido en los años 70 y 71. (AB)

7- Cold war

Pawel Pawlikowsky



La premisa recorre caminos trillados, sin embargo, nos recuerda, nuevamente, que podemos contar la misma historia una y otra vez y aun así importará más cómo la contemos: el amor y una pareja que lo encuentra, los lazos invisibles que se generan desde ese momento, marcando su vida, pues pasan de todo, en diferentes tiempos, al son de diferentes músicas y hablando diferentes lenguas, pero vuelven a juntarse, ya no por el azar, sino por la fuerza de la voluntad. Pawlikowsky es fiel al estilo y tema con el que llamó la atención del mundo al realizar una obra mayor como es Ida. En común con esta, Cold War tiene una precisa y cuidada fotografía (junto con Roma, el mejor trabajo del año), aunque deja la intimidad del claustro y los planos tensionados para abarcar más tiempo y más espacio. La virtud de Pawlikowsky es nunca perder el pulso de las dos energías que impulsan la trama, el contexto social y político de la Europa post guerra, y por otro lado, el paisaje emocional que envuelve la intimidad de dos amantes. La puesta en escena gana fuerza con el paso de las escenas y acompaña la música, tal vez una especie de personaje o ente omnisciente que dice mucho o dice lo que los protagonistas no pueden. Esta recopilación de música popular, como contexto en el que se construyen identidades nacionales de las cenizas, se vuelve el marco único y propicio para contar una historia de amor tan infausta con la guerra. En las secuencias finales, Pawlikowsky se reencuentra con esos silencios que tan bien sabe reflejar. (LB)

8- Faces places

Agnès Varda y JR



Absurdamente privada del Oscar a mejor documental de este año, en favor de una película de la que ya nadie de acordarse, Faces places es, en cambio, una obra que está destinada a perdurar. Su directora es una de las mayores artistas de la historia del cine, la incombustible Agnès Varda, que esta vez comparte crédito con el fotógrafo y artista visual JR. Ambos se lanzan, en Faces places, a una suerte de road movie de no ficción para capturar y estampar, literalmente, los rostros de una Francia rural y obrera que se transforma inexorablemente o, lo que es lo mismo, desaparece, sin que nadie se ocupe de conservar su memoria. Amorosa, generosa y reflexiva como solo la Varda, esta cinta se permite los ya acostumbrados guiños autorreferenciales de la cineasta, que en una secuencia emotivísima sufre el desplante de su único contemporáneo del cine “francés” aún vivo, activo y lúcido: Jean-Luc Godard. (SEA)

9- Entre dos aguas

Isaki Lacuesta



“Entre dos aguas” es el título de la famosa rumba flamenca y del disco de Paco de Lucia, pero también es el título de la más reciente película del español Isaki Lacuesta, que cuenta el emotivo reencuentro de dos hermanos gitanos, Isra (Israel Gómez Romero) y Cheíto (Francisco José Gómez Romero) en el sur de España, en un barrio pobre en la costa de Cádiz, 12 años después de que su padre muriera trágicamente cuando ellos eran chicos y los viéramos en la Leyenda del tiempo (2006). El acercamiento de Lacuesta a la miseria en la que viven los personajes marcada por la tristeza debido a la pérdida del padre, una tristeza y pobreza que no hacen más que crecer en medio del paisaje gitano y al son de su inmensa música, es de una audacia y sinceridad, al punto de sentir como espectadores que asistimos a la vida misma, sin ficción. Entre dos aguas es una película sobre todo necesaria. Mirar al desposeído ya no es un acto de solidaridad, es un acto de valentía política. (AB)

10- Isla of dogs

Wes Anderson



Parafraseando a un poeta inglés: “Cuanto más conozco al hombre, más quiero a Isla de perros”. El filme de Wes Anderson (El gran hotel Budapest) está entre las propuestas más frescas y empáticas del año. Una cuidada y expresiva técnica del stop motion es usada para contar la historia de un niño que se lanza al rescate de su mascota confinada a un vertedero, medida tomada contra todos los quiltros por el Gobierno local a raíz de una epidemia de gripe canina. Lo predeciblemente entrañable de la relación hombre-perro adquiere nuevos alcances en la película del también creador de Moonrise Kingdom, a partir de un humor punzante y juegos de poder, mediante los cuales es imposible no notar -y compartir- la dura crítica a un mundo cada vez más xenófobo y “fascistizado”. La cinta de Anderson hará memorable toda vez que veamos a uno de sus personajes y recordemos una frase tan pequeña como llena de contenido: Yo muerdo. (Sergio de la Zerda)

11- Una mujer fantástica

Sebastián Lelio



Lo sorprendente de la experiencia real de ver Una mujer fantástica recala en los pequeños detalles, y de esa manera tal vez se convierte en una de las expresiones más verdaderas de la vida transgénero moderna que hemos visto en una película de ficción. Bellamente filmada por el director de fotografía Benjamín Echazarreta, la película se desliza hacia el realismo mágico mientras Marina, una Daniela Vega de una performance extraordinaria, se imagina a sí misma en un club de baile, una versión brillante de la mujer que anhela ser. Sin embargo, a la luz de la realidad, ella conserva su aplomo y dignidad en un mundo que quiere robarle ambas. Sebastián Lelio, el director, nos permite ver a una mujer a quien no se le da espacio para expresar su dolor por la pérdida de un ser amado o la compasión para comprender su necesidad. Va más allá de condenar a los torturadores de Marina para censurar a la sociedad patriarcal que permite que el odio crezca y crezca. (Andrés Rodríguez)

12- The Post

Steven Spielberg



Ungido –y con justicia- como un clásico moderno del cine sobre periodismo, The Post es una obra que, en efecto, dignifica el que solía publicitarse como el mejor oficio del mundo. Se ajusta al subtipo de filmes que emparentan la figura del periodista con la del héroe, enfrentado a un villano poderoso, que en este caso es la administración de Nixon. Un guiño nada casual, por cierto, para los Estados Unidos de hoy, en los que gobierna un presidente tan confrontado con los medios y el periodismo como el que cayó por el caso Watergate. Pocos directores tan dotados como Spielberg para darle carne cinematográfica a la épica periodística de Katharine Graham (Meryl Streep) y Ben Bradlee (Tom Hanks), propietaria y director del Post que, acicateados por una cohorte de periodistas y abogados, se enfrentaron al poder político y judicial de EEUU para reivindicar el derecho a publicar informaciones que vayan a favor de los gobernados y no de los gobernantes. Una sentencia tan ñoña que solo alguien del oficio del director de ET podría convertir en una cinta atrapante y apasionante, en la mejor estela del cine clásico. Y es que si Eastwood es el más digno heredero de John Ford, no sería descabellado pensar en Spielberg como el sucesor más meritorio de Frank Capra. (SEA)

13- Tres anuncios por un crimen

Martin McDonagh

Como un guiño torcido o un chiste oscuro, todo empieza, como muchas cosas empiezan hoy en día, con una publicación. Pero no en el Facebook, en la prensa o en Twitter, sino en tres vallas de anuncios que Mildred (Frances MacDormand) alquila para reclamar al departamento de policía y al Sheriff (Woody Harrelson) su falta de efectividad en la investigación para encontrar al asesino y violador de su joven hija. Hecho que ha dejado en ella un monstruoso dolor que solo puede manifestarse como furia. Entonces, la madre aquí se convierte en la justiciera, en la John Wayne del pueblo y, como Wayne, es temida, es perseguida, es traicionada. Pero, la entereza, inteligencia e imaginación en su batalla la llevará a conseguir importantes aliados al final. (AB)

14- Ready Player One

Steven Spielberg



El niño interno de Steven Spielberg da rienda suelta a su espíritu gamer y deja volar la realidad virtual de su mente en Ready Player One. Un paseo en una montaña rusa de fantasía, efectos especiales, deslumbrantes ciberescapes, mezclados con acción en tiempo real, detalles ocultos e infinitas referencias a la cultura pop de los ochenta. Es casi como un examen, en el que hay que repasar desde Alien hasta Robert Zemeckis si uno no se quiere quedar atrás. Si bien Spielberg y su equipo se esforzaron por entregar una experiencia visual hipermoderna, capaz de hacerte volar la cabeza en la butaca, la esencia de su filmografía y de su cine, desde el principio, siguen ahí, intactos. La dulzura y la nostalgia rinde homenaje a los colegas fallecidos del realizador, John Hughes y Stanley Kubrick. Las alusiones visuales y musicales son lo suficientemente eclécticas que es probable que nadie se sienta excluido y que todo el mundo se sienta un poco perdido de vez en cuando. Ready Player One, basada en la novela homónima de Ernest Cline, es la suma de la carrera del creador de Jurassic Park. Una representación espléndida de las contradicciones culturales del capitalismo y, al mismo tiempo, una suma de meditaciones profundamente personales sobre el amor, la pérdida y la imaginación. (AR)

15- On the beach at night along, The day after y Hotel by the river

Hong Sang-soo



Que algunas –no todas- de las películas estrenadas por Hong Sang-soo entre 2017 y 2018 ocupen el último lugar de este ránking es apenas una anécdota. O un capricho. Es el reflejo de la imposibilidad de elegir solo un título para este listado y de ubicarlo en el podio. O el gesto resignado por no haber visto las otras dos que lanzó en los últimos dos años, Grass y Claire’s camera, de las que, como con cada cinta nueva del autor surcoreano, uno siempre espera que sean igual o mejores que las ya vistas. Aun así, no puede dejarse pasar la oportunidad de echar luces sobre las tres cintas señaladas (dos de 2017 y una de 2018), todas recién visionadas este año, en las que, como pocos creadores vivos, Hong piensa y desgarra y llora y se ríe de las relaciones humanas, de las sentimentales, de las paterno-filiales, de las creativo-cinematográficas, hasta convertir sus relatos mínimos en nuevos versos de esa gran obra lírica que viene hace ya décadas componiendo cámara en mano. (SEA)



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