Cochabamba, jueves 21 de marzo de 2019

Silenciadas las mareas silenciadas

Texto ganador del concurso de Crítica Amateur del Festival Bertolt Brecht de Cochabamba.
| Pablo Mamani Álvarez | 23 dic 2018



“Silenciadas las mareas silenciadas” es una metáfora a las voces que se esconden al otro lado del mundo, en los suburbios de la ciudad repleta de bullicios y espectáculos de la noche que, aunque soslayadas por la sociedad convencional y sus normas de decoro, forman parte de nuestra vida cotidiana. Es el otro lenguaje; sin él no podemos entender nuestro discurso social.

Ana es la viva voz de este otro lenguaje que se manifiesta a través de su cuerpo, que es el espacio de su lucha simbólica de poder y el juego dicotómico entre la memoria y el olvido. El cuerpo es el lugar y la identidad de su nombre: Ana. Alguna vez recuerda que desde su niñez vive con los pies descalzos en la casa de “ballet de las mujeres mudas”, el único mundo conocido por ella. Su voz interpela a la conciencia social, despierta con un grito frente a la pasividad de la sociedad, los espectadores que solo miran de palco los hechos de la injusticia social que suceden frente a los ojos.

Bien puede ser el barco en que ella viaja la sociedad en la que sobrevive, que quiere cambiar de curso, pero no puede; aun así, lucha. Y de pronto, Ana se calla y su cuerpo habla, su memoria a veces se remonta al pasado, a veces con llanto, a veces con determinación, “para qué llorar, no tiene caso”, dice. Su voz silenciada es la confluencia de esas memorias pasadas, los sueños perdidos, la incertidumbre, pero también la certeza de la realidad que la mantiene despierta todos los días. Y partir de nuevo, un día al otro lado de la orilla, donde el olvido muere en la memoria, “partir en cuerpo y alma partir”, diría Alejandra Pizarnik.

Pero es un viaje que no tiene un fin aparente. Y, además, Ana no está sola en el barco. Debe sobrevivir a las miradas vigilantes que se personifican en los dos viajeros abandonados también por la vida, hombres ellos, que, de tanto en tanto, se olvidan de quienes son y a dónde van. Pero, al fin y al cabo, es un viaje a la desdicha, la desdicha de vivir y entregarse a la suerte y el azar de los días. Son viajantes, divagantes de la imaginación. Sobrevivientes de la vida que reman en contracorriente. Es la vida, es el miedo a morir, es el miedo a vivir. Es el alcohol que beben los hombres viajantes como el olvido, la nada que se confunde con el sonido de las mareas, las olas, la imaginación de un sueño o la realidad que es lo mismo.

Esta magnífica obra poética teatral se nutre de imágenes estéticamente muy bien planteadas acorde al contexto histórico del siglo XIX de las ciudades europeas. El movimiento de las imágenes se complementa con los ritmos sonoros que refuerzan la idea central, el sumun que aquí se entiende como un sistema interrelacionado donde cada elemento guarda relación con otros. En ese sentido, el sistema o tema discursivo que plantea la obra gira en torno a la mujer, su cuerpo, la practica material y su lenguaje como intención simbólica que son espacios de lucha por la palabra y el poder, a través de los cuales construye su identidad, sus recuerdos y sus sueños.

La riqueza de los diálogos y el manejo del lenguaje tienen un interesante juego de significados. Por un lado, se observa un registro del lenguaje sencillo y directo, propio de los personajes, pero también se puede identificar el uso de un lenguaje simbólico y metafórico manifestados no solo a través del registro verbal, sino también gestual, corporal que permiten reinventar otras palabras, otros significados, otros símbolos. Claro, es una obra abierta, donde se mezclan las múltiples voces de los personajes. Las alusiones a Alejandra Pizarnik, (en la voz de Ana), Antoine Artaud, (en Ismael) y otras referencias también están presentes en toda la obra. En esa medida, el uso y recurso de la intertextualidad y la polifonía son rasgos distintivos de esta puesta en escena, lo que se convierte en un juego lingüístico abierto a la interpretación.

En suma, es una obra que, desde la belleza estética y poética, critica a la sociedad contemporánea que, a través del tiempo, ha escondido estos discursos en los recodos de la historia, que ha callado estas voces escondidas, el lenguaje oculto, las silenciadas mareadas silenciadas.

Estudiante- logosytropos@gmail.com



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