Cochabamba, miércoles 23 de enero de 2019
[La Lengua Popular]

Contracciones al vacío

Ofrecemos un acercamiento a la literatura narrativa del escritor Mauro Gatica, miembro de la editorial Electrodependiente, con su libro Contracciones. 
| Iván Gutiérrez | 23 dic 2018



Existe violencia en la sencillez vacía de un espacio, en la reducción intransigente de la decisión de vaciar un lugar y quedarse viéndolo sin nada, desprolijo de todas las cosas que lo llenaban. Los dramas más intensos se forman cuando el protagonista de una historia inicia su aventura a partir del desalojo, del dejar vació un espacio y se topa de frente con alguna caja, libro, o artefacto que es el puente al recuerdo de un misterio, desamor, traición, decepción, muerte y por qué no también vida.

Vaciar implica dejarse ir. Perderse en la certeza de que algo va quedar vacío. En ese algo se concentra toda la fuerza de saber que hemos perdido. Que irremediablemente nunca más volveremos a ser iguales. Estamos compuestos por esas miradas a esas habitaciones vacías, a esas en las que nuestros muertos han diseñado la decoración para quedarse para siempre. La vida está constituida por esas habitaciones vacías, por esas miradas que con el tiempo vamos desalojando de a poco hasta el punto de apenas ver el bosquejo de una sombra que huele a muerte.

A pesar de toda la intensidad tenemos una tendencia animal, salvaje, por vaciarnos, y romper en el desequilibrado ejercicio de escupir con furia los daños, para quedarnos por un rato, vacíos. Buscamos el adormecimiento en la fluidez de un cigarrillo, de una cerveza, de una canción, de un olor, de un sabor, de unas palabras repetidas, de un momento siempre inconcluso. A partir de esos desechos del vacío nos volvemos a recomponer, al observar el espacio vacío volvemos de a poco a llenarlo con las mismas piezas pero pulidas, limpias y, a veces, más afiladas.

Contracciones es un libro de cuentos cortos, escrito por Mauro Gatica publicado en la editorial Electrodependiente. El libro es un ejercicio por hacer un arte del vaciar el lenguaje y la historia. La violencia se encuentra en ese espacio frío que dice solamente lo extremadamente necesario, para dejar al lector con la imagen justa, con la pretensión de la elaboración de una historia. Aparentemente no se llega a concretar nada, sin embargo, todo ha quedado dicho. El resultado final es estar parado frente a ese lugar que ha quedado vacío y que recordábamos como eternamente más grande o, a la inversa, por el paso del tiempo, la perspectiva también ha quedado vaciada y nos obliga a recomponerla.

Cada cuento tiene la intención de poco a poco dejar el cuarto vacío. Es como si estuviésemos leyendo bosquejos de algo más grande. Pero no queda la sensación de falta, sino al contrario de totalidad. Es como que Gatica se permite sacar las piezas necesarias para que la expansión del lugar quede lo suficientemente amplio como para depositar nuestra versión de las cosas que ya no están.

Con una estrategia de guión, o de escaleta cinematográfica. Nos permite hacer del acto de lectura un repaso de imágenes al estilo de esos pequeños recuadros con fotos que terminan componiendo el movimiento de la cinta de video.

El lenguaje es quirúrgico, solo queda lo excesivamente necesario. Lo imperecederamente perpetuo de la cadencia de una narrativa precisa. Todo esto equilibrado a la composición de la violencia, una violencia del vacío, del dejar sin cuerpo esos espacios acumulados de cajas.

Lo que tiene contracciones como algo que atrapa y no suelta, es la presión que la historia va generando para de golpe anunciarte que una criatura ha sido parida con fuerza. Al final de cada texto es necesario hacer una pausa, superar el desconcierto y recordar lo que el desenfado de contar algo expone con maestría.

La literatura es una trampa para el que no sabe razonar. Contracciones te impulsa a cuestionarte sobre la violencia del quedar vacío. Es necesario razonar acerca del vaciarse. El narrador vacía las últimas cajas de una habitación pesada, empolvada y que contiene miedo y sangre. El lenguaje queda vaciado de la metáfora, para diseñar una acción desde lo descriptivo y el detalle, como pulsiones finales que van a dejar por fin el cuerpo que delira al costado de la carretera. La lectura queda vaciada en los pequeños rastros que un sabueso detecta para encontrar al desaparecido. La historia queda absorbida por el golpe directo y siempre preciso.

Hay violencia en observar los lugares que han sido vaciados. Esos que acostumbramos verlos con el cuerpo de un fantasma. Hay violencia en ver de frente esos ojos que de a poco han dejado de mirarnos, hasta que en contracciones furiosas, terminan escupiendo un orificio totalmente negro, donde no hay rastros de lo que fuimos, pero estamos seguros que algo eterno ha quedado impreso en las paredes de la cavernosa ceguera del vacío.

Escritor y filósofo - gutimoscovan@gmail.com



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