Cochabamba, sábado 23 de marzo de 2019

Hombres dejan el machismo y se convierten en actores de igualdad

El modelo de masculinidad tradicional está en crisis. Los varones que siguen ese ideal pagan las consecuencias con la pérdida de sus familias y hasta de su libertad.
| MARÍA LUISA MERCADO WhatsApp: 67465193 | 16 dic 2018





El ideal masculino del hombre fuerte, dominante e insensible está en crisis. Cada vez hay más presión para superar ese modelo y descubrir que las masculinidades no se limitan a una sola forma de ser.

Las presiones para que los hombres se conviertan en actores de igualdad de género están en diversos escenarios, pero todavía queda mucho por hacer.

La investigadora Rita Segato afirma que “tirar el mandato de la masculinidad (tradicional) es la única forma de cambiar la historia”. En una entrevista con www.cosecharoja.org, Segato identifica a la masculinidad como una cofradía. “Ningún hombre es miembro nato de esa corporación. Tiene que titularse todo el tiempo, porque sino se emascula (se castra). Esa cofradía de la masculinidad es un mandato de violación”, indica.

PATRIARCADO

El psicólogo Rolando Ewel explica a OPINIÓN que el modelo patriarcal, con el hombre como padre, estructura a la sociedad y sitúa a la mujer como madre. El machismo es una falla del modelo, donde el sujeto masculino aparece como hombre, ya no como padre y la mujer como objeto de posesión del hombre, ya no como madre. Con esta falla, se quita toda la red simbólica que soporta la estructura familiar y que contiene la violencia.

Tras la ruptura del modelo, la expectativa es que aparezca una estructura igualitaria, pero todavía está en construcción.

Investigadores de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, entrevistaron a 630 varonesde entre 15 y 29 años, y les preguntaron qué cualidades debería tener un hombre en la actualidad.

Las características consideradas como tradicionalmente "masculinas", como la fuerza física y la competitividad bajaron en la escala y fueron consideradas como menos importantes frente a otras como la generosidad, la empatía y una mente abierta.

El estudio, publicado por el Dayly Mail, señala que el 90 por ciento indicó que un hombre debe ayudar a otros, la misma cantidad considera que un hombre debe estar abierto a nuevas ideas, personas y experiencias, y ocho de cada diez cree que un hombre debe devolverle la mano a su comunidad.

NORMAS

En Bolivia, el respeto a la igualdad está en la Constitución Política del Estado, así como en otras leyes, en especial las aprobadas a partir de 2009.

En el sistema educativo formal, la temática de la equidad de género debe ser tratada de forma transversal en todas las materias.

La búsqueda de la igualdad de género es una tendencia global, con expresiones en el ámbito político, social y cultural. Se trata de incidir más en los hombres porque son ellos los llamados a cambiar sus actitudes. Hoy es posible encontar hombres feministas y una mayor sensibilidad frente a la paternidad, entre otras cualidades.

Por ejemplo, en España, “Soy tu machismo” es una campaña de Cantabria destinada a desenmascarar actitudes que refuerzan la idea de la superioridad del hombre.

En danza, la obra uruguaya “La Manada”, que se presentó en el Séptimo Festival de Danza Contemporánea del Centro Simón I. Patiño de Cochabamba, planteó una reflexión sobre la masculinidad tradicional o hegemónica, porque las nuevas generaciones ya no encuentran en ella sus vivencias.

Hoy, el ser machista no es bueno ni para la persona ni para la sociedad. “Ya no es bien visto. Los machistas son cuestionados e inerpelados por sus familias y entorno social”, señala el director del Centro Hombres de Paz, César Siles.

Si bien hay menos personas que se muestran abiertamente machistas, una mayoría opta por el micromachismo, formado por “sutiles e imperceptibles maniobras y estrategias de ejercicio del poder de dominio masculino en lo cotidiano, que atentan en diversos grados contra la autonomía femenina”. Los hombres adoptan la imagen de personas ilustradas y disfrazan su machismo, explica Siles.

Entre 40 las expresiones del micromachismo recogidas por El País de España está que “los hombres que creen necesario explicar algo a una mujer, sin que ella lo pida, por el hecho de ser mujer”.

El Director de Hombres de Paz lamenta que los machistas se den cuenta de sus errores cuando perdieron a su pareja, a sus hijos y, a veces, hasta su libertad.

UN SILBIDO

Fernando (nombre cambiado por reserva de identidad), un cerrajero de 42 años, instauró un régimen dictatorial en su hogar. Bastaba un silbido para que sus cuatro hijos, de 19, 14, 9 y 3 años, corran a saludarle y abrazarle en cuanto llegaba. También con un silbido tenía la comida en la mesa y una atención parecida a la de un rey.

Si sus hijos desobedecían, iban al “trípode”. En ese castigo, común en el servicio militar, tenían que apoyarse en el piso con la cabeza y ambas piernas, con las manos hacia atrás, a manera de simular un trípode.

Sus hijos pequeños no podían aguantar en esa posición y Fernando se reía de la debilidad, pero no levantaba el castigo.

En una discusión con su esposa, Fernando intentó agredirle físicamente, pero su hijo mayor, más alto fuerte que él, lo impidió en defensa de su madre y hermanos. La familia se unió y obligó a Fernando a dejar su hogar. El cerrajero, ofendido, se fue a vivir a un cuarto. Ya nadie le llevaba la comida al trabajo y, contra sus expectativas, nadie de su familia le llamó ni buscó. Dos semanas más tarde, Fernando trató de regresar a su hogar y su familia le rechazó. Desesperado, fue a buscar ayuda al centro Hombres de Paz, pidiendo que intercedan por él. Llegó enojado, temblando y lloró arrependido por el daño causado.

Admitió que en su casa mandaba como en el cuartel. Intentó retomar la relación con sus hijos, pero le rechazaron. Ya no le tenían miedo y el más pequeño no quería ni saludarle, ocultándose detrás de la falda de su mamá.

Fernando pidió perdón de rodillas. Lloró, se disculpó y siguió la negativa.

El cerrajero se dedicó a beber, se alejó de sus amigos y del trabajo. Llevaba dinero y víveres a su familia. “Déjalo allí”, le decía su esposa con frialdad.

Pasó varias sesiones de terapia para comprender la construccion social desde su niñez. Vivía en un entorno violento, en medio de las peleas de sus padres. Le parecía “normal” dominar su hogar a base de castigos. Fernando acudió a sus padres y ellos también le dieron la espalda. Le recordaron que cuando su esposa e hijos pidieron ayuda para frenar la violencia, Fernando les dijo que “no se metan”.

MANDATO

Siles afirma que los hombres que siguen los mandatos de la masculinidad tradicional o hegemónica llegan a fondo, y recién tratan de cambiar. “Cuando perdieron su familia y están a punto de ingresar a la cárcel, entonces reaccionan y prometen cambiar”, dice.

Los hombres reaccionan y reclaman su paternidad cuando y tienen una orden judicial de que, “por seguridad, no pueden acercarse a sus hijos” o que, por protección de su familia, el hombre tiene que salir de su casa.

“NORMAL”

Los hombres no hacen una lectura crítica de su realidad y ejercer relaciones de poder les parece "normal", igual decidir y poner orden a la fuerza en su hogar. En los procesos terapéuticos, en grupos de 12 personas, ellos empiezan a justificar sus actitudes y culpan a la Ley 348 y a las autoridades. Ocho de los 12 hombres se declaran “víctimas y aseguran que no hicieron nada”, en tanto que los otros callan.

Algunos no encuentran en qué se equivocaron y, en el proceso de terapia, deciden no volver con su pareja, pero, quieren retomar la relación con sus hijos.

La masculinidad tradicional con la que han sido estructurados los varones les lleva a generar violencia hacia las mujeres, perjudicar a sus hijos y también a sí mismos.

“El cambio es posible si se involucra la persona y reconoce el problema y en qué magnitud es resposable”, explica Siles.

A partir de ello, es más fácil para el terapeuta dar herramientas, habilidades, recursos y formas de resolver la relación conyugal, para no repetir los ciclos de violencia. “En todo el mundo, no hay una pareja feliz al 100 por ciento , lo importante es saber resolver los conflictos sin violencia”, especifica Siles.

El hombre puede ver afectada su autoestima y recurre a la fuerza. Luego reconoce que es celoso, que no puede controlar su ira.

La psicoterapia ayuda a comprender las relaciones de género y cómo llegar a una relación equitativa.

TERAPIA

El Centro Hombres de Paz dio terapia, desde julio de 2017 hasta fines de noviembre de 2018, a más de 400 hombres que salen con otra lectura y forma de vida para relacionarse con sus parejas e hijos sin violencia.

El 70 por ciento de varones llega a terapia por orden del Ministerio Público y el 30 por ciento por determinación de los juzgados. Es una alternativa a ingresar a la cárcel o, por consejo del abogado, que trata de evitar la revocatoria de la suspensión condicional de la detención preventiva, que puede durar de tres meses a un año. “Nadie quiere ir a la cárcel, porque cuando llega al penal está junto a los que cometieron todo tipo de delitos”, observa Siles.

El Centro Hombres de Paz brinda terapias a los privados de libertad, porque cuando salen de la penitenciaría se reconcilian con sus parejas, pero no se hace seguimiento y solo se sabe de esa persona cuando vuelve al penal por haber reincidido o cometido otro delito.

En las mesas de trabajo de Régimen Penitenciario se observó que una de las debilidades del Sistema Penal es que no hay un seguimiento postpenitenciario de los reclusos.

“Trabajar las masculinidades es cambiar el pensamiento de un hombre para dar seguridad en las relaciones con su mujer y sus hijos. Era agresor, pero, cuando vuelva a su comunidad, hasta el vecino verá que ha mejorado”, dice Siles.

Cambiar la conducta de una persona contribuye a evitar la violencia prevista en la Ley 348.

El Centro Hombres de Paz visita las Organizaciones Territoriales de Base (OTB), centros militares, Escuela Básica Policial y otros espacios para difundir los costos y consecuencias de ser machista.

Se busca la igualdad y equidad para una relación simétrica entre hombres, mujeres y familia.

Siles considera importante trabajar las masculinidades y sus formas de pensar, actuar y sentir. Se trata de deconstruir los roles de género que el varón aprendió en su familia y en la escuela.

“El hombre no debe llorar, debe ser fuerte. Debe ser el proveedor de su familia y una serie de etiquetas que han moldeado su masculinidad” y, de forma manifiesta y constante, colocan a la mujer en una posición inferior en ámbitos sociales, económicos, jurídicos y familiares.

Siles explica que los que han tomado conciencia y sabido equilibrar el trato están bien, pero los que mantienen los mandatos de la masculinidad tradicional, “sufren las consecuencias”.

Los hombres están empezando a interpelarse, a cuestionarse de qué manera el ejercer prácticas machistas les está llevando a perder su familia y, en algunos casos, su libertad.

DESDE EL PENAL

Pedro cuenta que era machista, acohólico y descuidado de su familia integrada por su esposa y cuatro hijos menores de 12 años. Después de años de maltrato, la mujer decidió abandonarlos. Un día, él volvió de su trabajo y no encontró más que a sus pequeños hijos.

Buscó a su pareja sin resultados. Poco después, Pedro fue encarcelado por un delito previsto en la Ley 1008 contra el nacotráfico. En el penal lagrimeaba en todas las sesiones de terapia, así como en los festivales. Sus hijos estuvieron una temporada con parientes y luego fueron remitidos a un albergue.

Pedro lloró delante los 380 reclusos de la cárcel. Dio una lección de vida y arrepentimiento a sus compañeros. Tiene un grupo evangélico para compartir su historia y orientar a otros jóvenes. Su meta es recuperar a sus hijos, pero la sentencia que debe cumplir es larga.

“No me daba cuenta de lo mal que hacía”, es una frase común de los hombres que perdieron a sus familias.

La masculinidad hegemónica se basa en el sexismo, la misoginia, la sexocumpulsividad y la homofobia.

El sexismo reproduce roles sociales de hombres y mujeres diferenciados acordes al sistema patriarcal. La misoginia es la aversión a las mujeres o la falta de confianza en ellas.

La sexocompulsividad es un comportamiento que gira en torno al sexo. Ve a la mujer como objeto sexual de propiedad individual, desvalorizando a las mujeres. La homofobia es intolerancia al homosexualismo, a la diferencia. Los machistas no aceptan que un hombre le dé un beso o abrazo a otro, no toleran al homosexual ni al trasgénero. Si existiese alguien de diferente orientación en su familia, el machista tratará de “enderezarlo”, pronostica Siles.

400

Pasaron por terapia

El Centro Hombres de Paz dio terapia a los hombres que ejercieron violencia contra sus parejas e hijos. El 70 por ciento fue remitido por la Fiscalía, como alternativa a la detención preventiva y el 30 por ciento por jueces. Recibieron herramientas para una relación libre de violencia.

Diferencias

Los hombres se miden en ser más o menos. Comparan su fuerza, su estatura, su poder. En cambio, a las mujeres se las valora con las categorías “buena” o “mala”.

La infravaloración del sexo femenino se da en diversos campos, empezando por la brecha salarial, la menor participación efectiva en cargos jerárquicos y otros.



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