Cochabamba, sábado 19 de enero de 2019

Psicólogos buscan modelo que reduzca la violencia machista

Un grupo de profesionales promueve las terapias con los hombres. Otros países han probado que es la mejor vía para erradicar la masculinidad tradicional.
| MARÍA LUISA MERCADO WhatsApp: 67465193 | 16 dic 2018

Los psicólogos Marco Ballesteros, Fanny Guzmán, Aldo Zeballos, Carla Ibarcena y Rolando Ewel. María Luisa Mercado



El gran desafío de la generación actual es diseñar un modelo de estructura igualitaria, plantea el psicólogo Rolando Ewel.

Explica que, por ahora, el modelo patriarcal moldea la sociedad y sitúa al hombre como padre hombre y a la mujer como madre. El machismo es una falla de la estructura del patriarcado. Se requiebra el modelo y el sujeto masculino aparece como hombre, ya no como padre y la mujer surge como objeto de posesión.

Se quita toda la red simbólica que soporta la estructura familiar.

Sería bueno que aparezca un modelo de estructuración igualitario, plantea Ewel.

CONFLICTO

Actualmente, los hombres están conflictuados, porque cuando el modelo se rompe “nadie encuentra su lugar”. El sistema patriarcal puede ser un modelo injusto e incorrecto, pero frena la violencia. Se quiebra esa construcción social y se impone la lógica de la violencia e imposición.

El machista tiene que encontrar su sitio frente a los otros hombres buscando una jerarquía por la fuerza. Por esto, los psicólogos consideran esencial trabajar con los hombres, no solo con las víctimas. La experiencia terapéutica ha demostrado que la rehabilitación es el doble, frente a los hombres que han sido judicializados. En Bélgica, la mitad de los agresores que reciben terapia reincide y los encarcelados repiten episodios de violencia en el 90 por ciento de casos.

Ewel asegura que el método clínico aplicado a los agresores exige un trabajo individual, lento; pero los hombres tienden a modificaciones de conducta duraderas y capaces de producir efecto multiplicador en su entorno.

SIMPOSIO

La coordinadora del Simposio Internacional ¿Por qué y para qué trabajar con hombres que ejercen violencia?, Carla Ibarcena, explica que en ese evento, realizado en Cochabamba el 29 de noviembre, se puso en común la temática a psicólogos, entidades del Estado, organizaciones no gubernamentales y fundaciones. Participaron expertos de España, Chile, Belgica y Bolivia para ver las líneas de trabajo con hombres que ejercen violencia.

Se revisaron los modelos psicoeducativos que intentan repensar las creencias y replantearse una nueva forma de intervenir con parejas y familias.

La violencia es relacional y no se la puede tratar solo desde la perspectiva de la mujer, sin escuchar al varón.

Las entidades, desde ámbito de la responsabilidad social empresarial (RSE), podrían contribuir a la prevención de la violencia. El proyecto propone que, desde el Servicio de Gestión Social (Sedeges), se identifique a los hombres que ejercen violencia y darles atención psicológica. Con esos datos se podría diseñar el cambio y acciones de formación de profesional. Hasta ahora, la mayoría de acciones se ha centrado en la contención a las víctimas y no hay suficiente personal formado para trabajar con el agresor.

“Mientras las víctimas necesitan reconstruirse, los agresores requieren la deconstrucción de sus esquemas”, explica Ewel.

Los psicólogos proponen un programa de supervisión, de repensar, formar gente y complementar con una investigación cualitativa para relanzar nuevas hipótesis y difundir los resultados.

SANCIÓN

El psicólogo Aldo Zeballos afirma que la sanción contra los que ejercen violencia es insuficiente. Explica que pensar la masculinidad en el siglo XXI es de interés, porque hay un modelo con enfoque de género, que intenta plantear una sociedad igualitaria en derechos económicos, políticos y sociales. Esto toca en relación a pensar en lo masculino.No es lo mismo la masculinidad del XX , que la vigente, porque las reglas del juego son otras. Los hombres están interesados en pensar su masculinidad, y responder a cómo ser hombre y estar a la altura de esta época.

VIOLENCIA

La psicóloga Fanny Guzmán manifiesta alarma por los altos índices de violencia. “El nivel de agresividad con que se está actuando es mucho más fuerte y cruel para la vida de las mujeres”, afirma. Guzmán lamenta que el tema social no sea prioritario para las autoridades. “Se trabaja aisladamente, no hay la coordinación para que los trabajos sean efectivos contra la violencia”. Cochabamba es el único departamento del país que tiene una ley contra la violencia (731) y su reglamento, pero a pesar de ello, los índices de agresiones no han bajado.

En Cochabamba, hubo 22 feminicidios, de 85 que van en el país de enero a septiembre.

“Si no trabajamos en el tema de mejorar y repensar relaciones humanas, no vamos a cambiar, incluso es probable que el ejercicio de violencia empeore”, concluye Guzmán.

“Lo diferente genera malestar ”, observa Marco Ballesteros, al alertar que el que no encaje en el modelo masculino va a ser violentado. Un principio básico es aceptar la diferencia para prevenir la violencia.

Somos diferentes, pero debe haber igualdad en el trato y respeto a las diversidades, aconseja.

Respeto

Aceptar la diferencia es un principio para prevenir la violencia, pero la historia está plagada de ataques, como la quema de brujas, la inquisición o excluir al “loco”.

90 por ciento

De reincidencia

Los hombres que ejercen violencia y se someten a terapia son reincidentes solo en el 50 por ciento de los casos. En cambio, los agresores que fueron judicializados reincidieron en la violencia en un 90 por ciento  de casos, según la experiencia en Bélgica.

Menosprecio a la mujer adopta formas sutiles 

El micromachismo está integrado por pequeños gestos, comentarios y prejuicios interiorizados que no se los percibe y van en desmedro de la mujer.

1. Los hombres creen necesario explicar algo a una mujer, sin que ella lo pida, por el hecho de ser mujer.

2. Preguntar a una mujer si “está con la regla” cuando responde con desgano o desaire.

3. Los hombres dicen yo “ayudo” en las tareas del hogar, asumiendo que el trabajo es de la mujer y no se participa en igualdad.

4. Asumir continuamente la heterosexualidad de las mujeres y de otros hombres.

5. En el trabajo o entre las amistades, solo se propone jugar al fútbol a los varones, dando por sentado que ellas no quieren jugar.

6. Cuando el niño va al médico o de compras, lo acompaña su madre. Cuando el niño va al fútbol, lo acompaño yo.

7. Preguntar a alguna mujer que para cuándo los hijos cuando nunca se lo he preguntado a un hombre.

8. Pagar de forma sistemática las cenas con mujeres presuponiendo que es lo que se espera.

9. Describir a una mujer como “poco femenina”.

10. Usar la palabra “provocador” para describir el atuendo de una mujer.

11. Comentar que esas no son formas de hablar “para una señorita”.

12. Considerar “normal” que en televisión los presentadores sean los ácidos y divertidos y ellas las guapas.

13. Dejar al hijo adolescente salir hasta las 3 de la madrugada, pero obligar a la hija a volver antes de medianoche.

14. Nunca hablar con un hijo de feminismo.

15. En la casa de unos amigos, felicitar a la mujer por la comida sin preguntar antes quién había cocinado.

16. Presentar a una mujer por el cargo o la posición de su marido: "esta es la mujer de...", en vez de por su nombre y profesión.

17. Decir “no me lo habías pedido” cuando una mujer me ha recordado que no he hecho mi parte de las tareas de hogar.



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