Cochabamba, sábado 23 de marzo de 2019
LECTURAS SUTILES

“Guapas”: la búsqueda de deseo en el alcohol

| Ivy Paz Kirchheimer Salta-Argentina ivipazkir@hotmail.com | 02 dic 2018

La telenovela argentina “Guapas” (2014), trata la historia de cinco mujeres amigas, con personalidades

y profesiones muy distintas. Lo que aparece en común entre estas mujeres, aparte de la amistad que las une, es que comparten sus fracasos angustias.

En cada reunión se juntan a hablar sobre sus problemas laborales, amorosos, pero lo que aparece allí,

es que una de ellas no tiene ningún conflicto.

Tenemos a Mónica, cocinera, su sueño fue tener

un restaurante, lo tuvo que cerrar por problemas

financieros; acompañado de los dolores de cabeza que le da su hija (una chica mayor de edad que se

sigue comportando como adolescente) y desde el lado sentimental, cerró hace muchos años la ventana al amor. Hasta que aparece un hombre que le cambia todos sus prejuicios en cuestiones de amor.

La otra protagonista es Mey, proveniente de una

familia adinerada, quien se ve envuelta en conflictos cuando su familia se declara en quiebra, eso la lleva a trabajar de azafata; dentro de su contexto laboral deberá disputarse entre dos amores.

Laura, periodista que se esfuerza constantemente para alcanzar su puesto deseado, conducir un noticiero, a la vez la tristeza de haber terminado una

relación de muchos años, tras no haber podido

tener un hijo.

Después aparece Lorena, estudiante de Medicina, quien se vio obligada a dejar sus estudios para poder ayudar económicamente en su casa; en medio de ello, se enamora de su jefe, un cirujano prestigioso.

Por último, menciono a Andrea, a quien no le pasa nada. Ella es ama de casa, tiene un matrimonio sólido, constituido, un marido que la ama, un buen pasar económico y una hija que al alcanzar la mayoría de edad se va a estudiar a Londres.

El único inconveniente que va apareciendo en la vida de Andrea, es la relación con la bebida.

En una de las reuniones de amigas, al hablar cada una de lo que les sucede, le reclaman a Andrea que ella siempre calla todo. Entonces ella empieza a

hablar, dice que no tiene ningún problema, ni con

su hija como Mónica, tampoco está enamorada de su jefe que ni la registra como Lorena, no tiene problemas con el bueno y el malo como Mey, por lo tanto, en su vida no hay turbulencias, nada la emociona ni la mueve.

Esta falta de deseo en Andrea la hizo sumergirse

en el consumo de alcohol, la estabilidad que puede aparecer como un sinónimo de comodidad, no es más que un lugar donde no se desea nada y, por

ende, no permite seguir avanzando.

William Shakespeare dijo “el alcohol provoca el deseo, pero frustra la ejecución”.

El desear es aquello que nos permite andar, movernos, corrernos de lugar. Que existan disgustos laborales, familiares, amorosos, no es malo, es lo que nos permite cambiar y seguir deseando. Como dice el escritor Haruki Murakami “en este mundo nada hay tan cruel como la desolación de no desear nada”.

La ley moral kantiana aspira a conseguir una completud del sujeto, para Jacques Lacan psicoanalista francés, el problema está en que si aparece esto, se logra una parálisis total, una vida sin ningún interés y que se asemeja a estar muerto.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com o al teléfono/whatsApp 62620609.

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