Cochabamba, jueves 13 de diciembre de 2018

Meretrices tienen campamentos cerca de petroleros y mineros

Algunas trabajadoras buscan a clientes en sectores en los que hay actividades económicas que están en auge, según información que maneja el Servicio Departamental de Salud (SEDES).
| DAYANA FLORES A. Twitter: @DayanaOpinion | 02 dic 2018

Prostíbulo en Mayaya, La Paz (superior).

Las actividades económicas que están en auge en el país, como la minería y el sector hidrocarburífero, mueven el trabajo sexual en Bolivia.

El Programa Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), Virus de Inmunodeficiencia Humana y SIDA, dependiente del Servicio Departamental de Salud (SEDES) de Cochabamba, indicó que las meretrices establecen "campamentos" o alquilan habitaciones cerca de minas, complejos de gas, petróleo u otro recurso que se explote en el país.

Según el coordinador de ese programa, Freddy Zambrana, de esta manera, están cerca de un segmento al que quieren captar.

DESCRIPCIÓN

Considerando que estos proyectos de explotación tienen sede en municipios distantes de las urbes, los trabajadores están obligados a pernoctar largas noches y retornan donde sus familias después de ciertos períodos. Esta situación es “aprovechada” por las meretrices.

Las mujeres se organizan y alquilan viviendas en los poblados más próximos, con el fin de ofrecer sus servicios sexuales.

Eso explica, por ejemplo, por qué de un tiempo a esta parte en el Trópico de Cochabamba hay barrios enteros que se dedican a esa actividad, según el SEDES.

La Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia (OTN - B) dijo que entre los clientes no solo hay petroleros o mineros, también agricultores y funcionarios públicos.

En un operativo que la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) realizó en agosto de esta gestión, por ejemplo, encontró a un trabajador de la Intendencia de Shinahota consumiendo bebidas alcohólicas con una menor de edad a la que le dijeron que trabajaría como mesera en un restaurante, pero la obligaron a ejercer como dama de compañía y le pagaban por cada cantidad de cerveza o guarapo consumido.

En teoría, la función de ese trabajador era regular que los restaurantes de ese municipio cumplan las funciones especificadas en sus licencias de funcionamiento y no sean convertidos en lenocinios. Pero, en los hechos, él era cómplice de ese régimen de prostitución que terminó con dos personas detenidas.

Así como él, hay otros trabajadores que consumen esos servicios, lo suficiente como para hacer rentable ese negocio. Hasta la fecha, medio millar de meretrices decidió salir de la urbe y migrar al Trópico de Cochabamba, según una contabilización de la OTN - B.

OTRAS CIUDADES

Esta situación se replica en complejos mineros del occidente de Bolivia.

“Cuando uno está lejos es difícil. No faltan las tentaciones”, dijo un hombre de 38 años que trabaja en un proyecto estatal que se ejecuta en el Trópico de Cochabamba.

Mencionó que, a veces, tienen que salir a poblados cercanos a abastecerse y es cuando “las mujeres se insinúan”.

No obstante, mencionó que son pocos los que caen, debido a que la mayoría “tiene miedo de contagiarse de algo”.

Otro obrero que prefirió mantener en reserva su identidad explicó que “el que quiere irse a un prostíbulo va, no son las chicas las que obligan”.

Contó que sus áreas de trabajo tienen todas las comodidades necesarias para que el personal no tenga necesidad de salir a pueblos. “Tenemos comedor, áreas deportivas, de dispersión. Por eso, el que quiere caer, cae”.

Especificó que son más los lugareños los que consumen esos servicios, debido a que el establecimiento de empresas estratégicas ha impulsado económicamente a esas zonas.

Jornadas

En las zonas mineras ofrecen servicios de damas de compañía por jornadas enteras y el precio sobrepasa los 1.000 bolivianos.

2 Precios

Los prostíbulos de las zonas mineras del país tienen dos tarifas, una para acceder a damas de compañía adultas y otra para adolescentes.

Las mayores cobran entre 100 y 150 bolivianos y las menores hasta 350.

Develan explotación sexual en áreas mineras

En zonas mineras de Bolivia los trabajadores también demandan servicios sexuales, pero ahí hay pocas meretrices, la mayoría son menores de edad que son explotadas sexualmente.

El estudio “Explotación sexual de niñas, niños y adolescentes y sus rutas en zonas mineras extractivas en territorios de los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí”, presentado en septiembre de 2018 por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), puso en evidencia esa situación.

El equipo de investigación descubrió casos de este tipo en La Paz, específicamente, en los municipios de Caranavi, Guanay, Tipuani, Mapiri y Mayaya; en Potosí, Llallagua y Uncía; y en Oruro, en Huanuni.

Las menores de edad son captadas a través de ofertas de empleos que aparecen en prensa escrita o en radio.

En los anuncios señalan que el trabajo es como ayudante en pollerías, por ejemplo, o está vinculado a la atención de restaurantes como meseras o como coperas, pero las menores terminan siendo explotadas.

“Las cholitas viven aquí mismo, comen, duermen dentro del local; en el día, ellas pueden ir a pasear, pero en las

noches tienen que trabajar”, esa es la versión de un guardia de un prostíbulo ubicado en una zona minera.

El estudio de Unicef contabilizó 30 locales en Caranavi, 15 en Guanay, 11 en

Mapiri, 10 en Santa Rosa de Mapiri, 10 en Tipuani y 9 en Mayaya. Solo ahí hay un total de 85 bares que ofrecen damas de compañía.

No se consideran los locales de Potosí u Oruro.



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