Cochabamba, lunes 17 de diciembre de 2018

Letra libre: Wilmer Urrelo

Entrevista al escritor paceño, quien estuvo presente en el X Encuentro de Escritores Iberoamericanos.
| Andrés Velarde María Fernanda Soria | 02 dic 2018



Dentro de la literatura boliviana, temas comunes son la tristeza, las dictaduras, la pérdida y la ubicación filosófica del autor ante el universo. Wilmer Urrelo, nacido en La Paz en 1975, es de esos escritores que escribe más allá de la condición ontológica e intimista de la mayoría de la literatura boliviana actual. Leer una de sus obras es entender verdaderamente que la inspiración viene de cualquier camino. En este sentido, una de las pasiones más férreas del escritor boliviano, ampliamente plasmada en sus escritos, es la lucha libre boliviana.

- Leyendo lo que ha escrito en Letra Siete, una de las columnas más interesantes que pude encontrar es la que escribió sobre El Santo. Es notorio que tiene un cariño especial por la lucha libre. ¿Cómo se configura este espectáculo como una forma de contar una historia?

Te cuentan la típica historia del héroe contra el villano, la pelea del bien contra el mal. Pero los luchadores deben ser expertos en narrar con sus cuerpos una historia en la que te olvides que lo que está pasando en el cuadrilátero es una mentira. Es lo mismo en la literatura, en los cuentos y en las novelas. Tu sabes que es mentira lo que pasa ahí. Como narrador uno se esfuerza es hacer creer a los demás que la mentira es verdad. El esfuerzo de los luchadores está en volver esa mentira realidad, hacer buenas llaves, gritar de dolor cuando deban, volar desde la tercera cuerda de manera pertinente. Es también una especie de narrativa, debe ser contada de la manera más verdadera posible, sino el público no se la cree.

- Este modelo de la lucha libre mexicana ha sido replicado en muchos países, sobre todo en Asia. Usan la lucha libre y su naturaleza inherentemente violenta como una forma de storytelling. ¿Piensa que a través de la violencia se pueden contar historias que estén alejada de la misma?

Claro que sí, por ejemplo en GLOW intentan hacer eso. Quizá esto no se da tanto en la lucha libre latinoamericana, más que una historia, hay un personaje. En la lucha de los 90 estaba el Perro Aguayo, él era otra cosa totalmente distinta comparado con el Negro Casas, pero los dos eran rudos. El mismo Hijo del Santo representó algo totalmente diferente a lo que representó después Místico. No se le da el lugar que se merece, creó una de las mejores llaves de la lucha libre: La Mística. Es un poema, fabuloso. Acá en Bolivia, también hubieron muchos personajes. Hubo uno que luchó contra el Santo en 1969, se llamaba el Conde de Villavicencio. Era un personaje sumamente interesante, interpretaba a un personaje árabe y él, por supuesto, no era árabe pero parecía uno. Los luchadores inventan un mundo, un mundo aparte.

- ¿Siente usted que ha incorporado elementos de la forma de contar historias propia de la lucha libre en su literatura?

Sí, en la novela que estoy escribiendo actualmente hay un luchador. Una buena parte de esta transcurre en la vida de un ex-luchador. Quizá en los años noventa hubiera sido un poco vergonzoso (admitir la influencia), ahora ya no creo, aunque siempre hubo el deseo de tomar la lucha libre en la narrativa latinoamericana. En Bolivia, no tanto, siempre hubo esa necesidad de hacer una literatura más comprometida, más seria. Se rompió esta necesidad narrativa en los mismos noventas con la entrada del fútbol, por ejemplo, ya no era un deporte de brutos, comienzan a aparecer narradores que reivindican, como Galeano o Vásquez Montalvo.

- ¿Hay alguna lucha que haya definido su gusto, por la que haya orientado su afición hacia el estilo mexicano?

Hay una muy célebre que a mi me gustó muchísimo, fue cuando el Negro Casas pierde su cabellera. Fue muy traumante, una lucha muy dura. Ahí es donde entra la realidad, para un luchador perder la máscara o la cabellera es muy grave, es algo que te define. Yo apostaba por el Negro Casas,por supuesto. Me interesa la lucha libre en el sentido de la derrota, ahí hay mucho valor. Cuando perdió la cabellera el Negro, hubieron lágrimas enormes, fue muy duro para él. Otro momento que me definió fue la muerte del hijo del Perro Aguayo, era un chico que había salido de un cáncer y murió como pocas veces ocurrió en la historia de la lucha libre mexicana, en el cuadrilátero.

- Además de que fue contra un personaje tan querido como Rey Misterio Jr…

Claro, él estaba muy dolido. Fue un golpe de mala suerte.

- ¿Hay algún personaje actual que quisiera incorporar en sus escritos?

Creo que Rey Fénix, es muy bueno en la lucha aérea. Me hace recuerdo al Místico.

- ¿Tiene algún recuerdo de la lucha libre en Bolivia?

A principios del 2000, cuando todavía se luchaba en el Polideportivo de La Ceja (El Alto). Todo comenzaba a las dos de la tarde aunque debías estar ahí a las doce, si ibas muy tarde te tenías que sentar abajo y te llovía de todo. Comida, refrescos, una vez me lanzaron un niño.

Estudiantes de la UPB



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