Cochabamba, miércoles 23 de enero de 2019

“La libertad es escribirse y narrarse como uno quiera”

Hablamos con el autor colombiano Giuseppe Caputo acerca de la “obligación” impuesta al escritor para presentar obras activistas, sobre personajes cliché y sobre la figura dominante del macho. 
| Adriana Ábrego Noelia Cárdenas | 25 nov 2018



- Si no fueras tú, ¿quién serías?

- Esa pregunta es bien difícil… quisiera ser alguien que igual se dedicara al arte. ¡Ya sé!, si no fuera yo quisiera ser Juan Gabriel.

Giuseppe Caputo sonríe luego de responder, quizás sorprendido por lo que acaba de decir. Desvía la mirada mientras espera la próxima pregunta, mientras las respuestas se van formando en su mente. Respuestas que salen en medio de risas, miradas que pasean los jardines, cálido acento colombiano y efusivos movimientos de las manos.

El autor de Un mundo huérfano llegó de Bogotá para el X Encuentro de Escritores Iberoamericanos que se realiza en el Centro Simón I. Patiño desde el día miércoles 21 del presente mes.

Después de un largo viaje desde Colombia, del cual dice ya haberse recuperado, lo recibe el clima caluroso de Cochabamba, lo recibe el desorden y bullicio de la Cancha, a la que fue de excursión con otros escritores por la mañana; lo recibe la tranquilidad del Centro Patiño y lo reciben las preguntas que queremos hacerle.

Algunas de nuestras dudas parecen pillarlo desprevenido. Pero, así aprendemos que “hermosura” es una de sus palabras favoritas, que dice tener un carácter entre alegre y melancólico y que su mayor desgracia sería perder la libertad.

Bajo la sombra que obsequia uno de los numerosos árboles del palacio, el autor responde todas las preguntas rápidas que le lanzamos antes de sumirnos en otro tema, familiar para él debido a los estudios que cursó en la Universidad de Iowa: el género.

Mariposas, locas, promiscuos y machos: las “obligaciones” de un autor gay

“Hay esta idea de que uno tiene que responder a los discursos dominantes. Por ejemplo, en mi novela hay un capítulo que se convierte en una acumulación de escenas de sexo y a mí me preguntan si eso es activismo. No creo que a un escritor heterosexual le pregunten si una escena entre hombre y mujer es activismo católico. Lo más importante es, si bien uno a veces responde a los discursos dominantes y es algo que está muy presente, es clave no vivir en una respuesta permanente a algo sino uno narrarse como uno quiera, escribir y escribirse como uno quiera.

Yo quería que el personaje de mi novela resignificara la idea de ‘mariposa’, que en Colombia es el peyorativo para gay o para una persona amanerada, y se reapropiara ese término, que es algo que el movimiento LGTB ha hecho muy bien. Ha sido como uno de los pilares que es la resignificación de los insultos para que se conviertan en otra cosa, como el movimiento marica.

Me daba risa que un escritor heterosexual me diga que los clichés de la escena gay son ‘la loca’ y el promiscuo. Por un lado, me gusta problematizar la palabra promiscuo, porque se utiliza como antónimo de monógamo, y, en realidad, la palabra promiscuo tiene una carga peyorativa, una carga moral que la palabra monógamo no tiene. Lo contrario a monógamo sería polígamo o poliamoroso, y lo contrario de promiscuo sería algo así como mojigato o reprimido. No se debe usar como antónimo de monógamo, porque ya promiscuo le está dando una connotación negativa.

Y en términos de clichés, yo pienso que el cliché del mundo es el macho, no puedes decir que ‘la loca’ es un cliché. Me parece que es más cliché ser monógamo, pero está esta idea de que uno tiene que cambiar el discurso.

Yo no escribo en respuesta a la heterosexualidad, que me lea el que me quiera leer, pero yo no estoy escribiendo para cambiarle la opinión a nadie de nada. Me parece una limitación que le quieren imponer a uno y que uno a veces se autoimpone, también me parece que la libertad está en eso, en escribirse y narrarse como uno quiera”.

El poder del pronombre ausente

“Creo que es importante repensar todo lo del lenguaje incluyente. Muchas de estas discusiones salen del inglés y del norte global, porque el inglés tiene unas limitaciones en su estructura que el español no tiene. Por ejemplo, en inglés para decir su camisa tengo que decir her shirt o his shirt pero en español tú dices ‘su’, y es neutro.

El español tiene la posibilidad de que el sujeto este tácito en la oración, entonces yo puedo decir ‘estamos conversando’ o ‘fue al baño’ y es perfectamente entendible. En mi novela hay un personaje del que no se sabe el género y está en neutro siempre, uno escribe: ‘cuando caminaba se le notaba el cansancio’ en lugar de ‘estaba cansada o cansado’.

Hay maneras de ser incluyente sin decir ‘todes’, ‘todxs’. Es importante posicionarse políticamente porque estos debates generalmente te llevan a que uno tome una decisión, yo sí creo que uno puede decir ‘buenas noches a todas’ o simplemente decir ‘buenas noches’”.

El macho como objeto de deseo

“De lo LGBT, a mí la G me parece la más problemática, porque yo sí creo, siempre hay excepciones por supuesto, que la escena gay no ha incorporado el feminismo. Es una escena muy machista, muy misógina. Grindr (una aplicación destinada a un público LGTB que permite a sus usuarios conocer y comunicarse con otros usuarios que se encuentren cerca) es para mí una manera de palpar la sociedad y ver el tipo de perfiles que tiene la gente, todavía siento como mucho enclosetamiento y esta idea de que es finalmente una reproducción del macho. Es como: ‘yo soy gay pero no soy loca’. Finalmente es un rechazo a lo que se asocia con lo femenino, con la mujer, obviamente hay una misoginia ahí. Entonces sí me parece que la G, sobre todo, tiene que repensarse muchas cosas.

Hay un crítico que me encanta que se llama Leo Bersani, él hace una comparación de las maneras en que algunas poblaciones históricamente oprimidas han colaborado con el opresor. Habla de los esclavos que de alguna manera colaboraban con el esclavista, de los judíos que colaboraron con los nazis y de los gays, que no solo colaboran, sino que reproducen al macho. A diferencia del esclavo y del judío que no incluyen al opresor, el gay sí, porque este coge al macho como objeto de deseo y, como cualquier objeto de deseo, uno quiere parecerse a él.

Me parece importante repensar eso y también las narrativas, muchas veces el gay amanerado, la ‘loca’, no se presenta como un posible objeto de deseo, sino completamente asexuado. Eso también es importante cambiarlo en las narrativas para que se vayan cambiando ciertas ideas de que lo único deseable es el macho”.


* Las autoras son estudiantes de la UPB



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