Cochabamba, jueves 15 de noviembre de 2018
LECTURAS SUTILES

Ambivalencia de amor contemporáneo

|  Diego Maldonado Vallejos tabris.gigico@hotmail.com | 04 nov 2018



Existen tantas definiciones de amor como personas en el mundo. La de pareja, en particular, es la dimensión más conflictiva del amor. Los miedos e inseguridades de antaño persisten; pero son procesados de manera distinta.

Más aún en nuestros días, cuando la representación “tradicional” del amor se ha modificado, las características más notorias de la práctica del amor son, en definitiva, contradictorias: se exalta la idea de honestidad y autonomía, pero las vertientes de infidelidad/dependencia van en aumento

en las relaciones.

La cultura (acaso consumista) de lo desechable y la ley del menor esfuerzo, predominante en nuestra cultura, determinan la dificultad de establecer relaciones con lazos más estables.

Es más fácil (y afectivamente más

barato) iniciar una nueva relación que invertir en solucionar la problemática y construir una relación cimentada. Sin embargo, ajeno al imaginario colectivo, el amor es mucho más que

un cuento de hadas cuya vertiente

sería el “felices por siempre”.

La idea misma del amor que se ha trasmitido al imaginario colectivo

es paradójica: por un lado, le otorgan demasiadas facultades (el amor es todopoderoso, eterno, indestructible) y, a la vez, lo consideran una especie de cruz a cuestas, aceptan resignadamente que amar es sufrir (otra quimera evidente). Psicológica y emocionalmente hablando, existen cada vez más dificultades para poder procesar y vivir el amor en una forma saludable.

¿Se puede jurar amor? Siendo realistas, no. En la práctica es bastante

utópico. El compromiso simbólico, más ahora que nunca, suele ser complicado e implica mucho más que

entablarlo conformidad con palabras. ¿Alternativas? Uno puede comprometerse a ser respetuoso, intentar fervientemente que la relación funcione, a no darse por vencido ante el primer tropiezo.

Comprometerse con algo o alguien implica ser honesto con uno mismo

y con el otro, es decir: hacerme responsable de lo que depende de mí, dándole al otro el espacio y tiempo

para hacer lo mismo. El tiempo solo no arregla nada, necesita de esfuerzo. El proceder de antaño se extraña, pero la independencia mental y emocional, que se propone hoy en las parejas, es imprescindible para autoafirmarse y no ser una sucursal del otro.

Existen parejas que llevan años aguantándose y sintiéndose orgullosos de tal resistencia. Amar no es aguantar. Si no haces más que sufrir en una relación, termínala, no pierdas el tiempo. Esto no implica lanzarse en busca de un amor perfecto (pues no existe) sino un amor donde lo bueno sea más que lo malo, donde seamos capaces, al menos, de no negociar los principios y los valores esenciales so pretexto de estar en una relación.

Sin embargo, el amor que perdura en el tiempo es el que se edifica sobre el gerundio: “Te estoy amando”, siempre en construcción, y reinventándose a sí mismo.

En el amor también hay que saber gestionar, administrar, tomar deci- siones y renunciar. Buscando ese equilibrio, es por demás posible (además de sano y gratificante) vivir enamorado.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable

de esta columna, la psicóloga Claudia

Méndez Del Carpio, al correo electrónico

claudiamen@hotmail.com o al celular/ WhatsApp 62620609.

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