Cochabamba, martes 20 de noviembre de 2018

La verdad y la honestidad son claves al final de la vida

El especialista en bioética de la Clínica Las Condes Armando Ortiz aboga por la muerte digna. Impulsa la capacitación de los médicos para que apoyen a los pacientes terminales y a sus familias. 
| MARÍA LUISA MERCADO | 01 nov 2018





La verdad tiene que ir por delante en todo orden de cosas, asegura el especialista en Neurocirugía de la Clínica Las Condes de Santiago de Chile Armando Ortiz Dommier.

“La veracidad es un valor que se tiene que promocionar y proteger. Hace falta educarnos como ciudadanos, como sociedad, como profesionales y pacientes y ser honestos, decir la verdad”, aconseja el experto invitado por la Universidad Privada Franz Tamayo a dictar el taller de bioética: “Aprendiendo de los errores”, que se realizó en Cochabamba del 26 al 27 de octubre.

Ortiz considera que “todos preferiríamos que, ante una situación de enfermedad terminal o que el final está cerca, saber que esto va a pasar y que no nos oculten una verdad de esta naturaleza”.

Recuerda que en los años 50 a 60 había la denominada “conspiración del silencio”. Los familiares del enfermo le decían al médico que no le cuente la verdad a su padre o a su madre. “Se va a morir con esta noticia”, advertían para que no se toque el tema. “Esta idea de que se le intenta proteger lo único que hace es perjudicar. Porque todos vemos y somos conscientes de que algo estan ocultando. Lo peor es la experiencia de que a uno le mientan. Al final de la vida o en la muerte, pareciera que la verdad y honestidad debieran comandar las decisiones que tomamos”, subraya el especialista.

Advierte que tiene que haber una manera de hablar estas cosas, de forma sutil, pero directa. “Los profesionales tienen que aspirar a un estándar de práctica que sea respetuoso, que sea compasivo, que tenga habilidades de consejería y herramientas de comunicación para transmitir la importancia que tiene el fina de la vida de las personas”, señala.

Ortiz aclara que no se trata de decirle “usted se va a morir porque tiene un cáncer avanzado”. Tampoco se trata de minimizar ni mimetizar, sino de decir una verdad de manera que se la pueda descubrir juntos. “Las personas sabemos cómo y en qué estamos, pero nos hacemos de la vista gorda”, explica el especialista.

El neurocirujano reitera que “la verdad es un proceso de descubrimiento compartido”. Además, los médicos tienen que ayudar para elegir, por ejemplo, dónde morir. “Estar en casa, tener la posibilidad de agradecer, decir te quiero. Uno aspira a esto, a lo que se llama una muerte digna”, detalla Ortiz.

Aclara que el problema es que hay que ponerse de acuerdo en lo que es morir con dignidad. En líneas generales, es morir sin dolor, acompañado, en casa, si se puede. “Morir sin que la tecnología ni la obstinación de los profesionales prolonguen la agonía de forma indebida, sin someterse a tratamientos que no conducen a nada”, añade. Ortiz afirma que la cultura de la muerte es una cultura que el hombre del siglo XXI ha dejado atrás. La muerte es un tabú. “Vivimos como si no fuéramos a morir nunca y morimos como si nunca hubiéramos vivido. Es una paradoja”, indica Ortiz. Una de la certezas que tiene el ser humano es la muerte, que tiene que ser digna. “Algo en lo que tenemos que trabajar todos”, finaliza Ortiz.

 La opción del Testamento vital 

El vicario judicial del Arzobispado de Cochabamba, Miguel Manzanera, afirma que una opción que tienen las personas es el Testamento Vital.

El enfermo redacta un testamento indicando a sus familiares que, en caso de estar en situación terminal, que no le apliquen medios extraordinarios y costos, sino cuidados mínimos de limpieza, alimentación y de no tener dolor. Que no lo internen, mucho menos que lo lleven al exterior. Si es cristiano, pedirá oraciones. Estos testamentos vitales deben ser comunicados a la familia y a los amigos. Así, la familia no estará con la “mala conciencia” de que no lo enviaron a Estados Unidos o a otro país. Cumplirá el deseo del enfermo que solo quiere un tratamiento humano, normal y que le presten una atención espiritual.

El testamento especifica que si la persona se pone grave y pierde el conocimiento, que no le den un tratamiento extraordinario. Dice que quiere morir tranquilo, sin gastos enormes y con la unción de lo enfermos.

El vicario judicial pide

tratar con respeto a los enfermos terminales, que no tengan dolor y, en algunos casos, anestesiarlos hasta que pierdan la capacidad de estar despiertos, para que no sufran.

Manzanera subraya que la bioética rechaza la eutanasia, que es provocar la muerte, ya sea con alguna sustancia tóxica o porque al enfermo no se le da los cuidados mínimos. Añade que para el cristianismo lo más importante es la resurrección,aunque la ciencia no lo avale.

¿Cómo hablar de la muerte con alguien que está falleciendo?

01 No te alejes, Pregunta cÓmo ayudar

Cuando Becky Bevers le cuenta a la gente que tiene cáncer de mama incurable, se encuentra con todo tipo de reacciones. Algunas personas se ponen incómodas, incluso cruzan la calle para evitar hablar con ella. Otras simplemente se quedan sin palabras.

Bevers destaca que varios de sus amigos y familiares se muestren interesados y pregunten cómo pueden ayudar. "Solo escuchando, haciendo una llamada telefónica, enviando un mensaje de texto y poniéndose a disposición", dice Bevers sobre actitudes que le agradan.

"No te alejes. No trates de aconsejarme. No te muestres tan comprensivo y termines diciendo: pobre. Me siento bastante desesperada como para soportar la desesperación de los demás", asegura a BBC.

02 No te sientas incÓmodo

A Hannah Bonnington, de 36 años, le diagnosticaron cáncer de mama triple negativo, una forma rara de la enfermedad. Pronosticaron dos años de vida.

Bonnington dice que quiere "un poco más de realismo y conversaciones francas para normalizar la muerte".

"Ellos (médicos y enfermeras) son reacios a tener estas conversaciones porque están enfocados en salvar tu vida". Agrega: "Soy bastante directa y hago bromas al respecto, como decir: Solo tengo un año de vida, no pierdo el tiempo haciendo eso´". Pero piensa que las personas "generalmente se sienten incómodas" al hablar de la muerte y cambian de tema .

Ella aconseja "seguir la actitud de la persona a la que le está pasando para ayudarle a enfrentar la muerte".

03 supera la cobardía

Cuando a la esposa de Peter Buckle, Wendy, se le diagnosticó un tumor cerebral en 2010, el neuro-oncólogo "nunca dijo que pudiera ser terminal". Unas cuatro semanas antes de que muriera, el neurocirujano le dijo: “Te sugiero que obtengas cuidados intensivos. Esa fue la primera indicación de que era algo terminal". Cuenta que cuando quedó "absolutamente claro" que Wendy iba a morir. El "golpe" fue mucho más grande de lo que podría haber sido si se lo hubieran dicho antes. Buckle, de 64 años, quien ahora es voluntario de la organización benéfica Marie Curie considera que no decir la verdad cuanto antes "es cobardía, es solo evitar lo que se debe hacer"."Si hubiéramos tenido ese pronóstico, hubiéramos vivido esos últimos meses de manera diferente", analiza.

04 ¿Moriré hoy?

Louise Hatchard, que es una enfermera practicante en la clínica para enfermos terminales Fair Havens en Essex, Reino Unido. Cuenta a BBC que una paciente le preguntó: ¿Voy a morir hoy? La respuesta honesta es que no lo sé. "Luego hablas de lo mal que se encuentra, de lo que piensa y exploras sus sentimientos. Las pistas siempre vienen del paciente". Ella enfatiza que el personal "no da falsas esperanzas" y responde a la pregunta "tan honesta y abiertamente como es posible". "Tienes una oportunidad de hacer lo correcto por ellos. Debes darles la oportunidad de decir cosas o hacer cosas que necesitan hacer". "Tal vez su último deseo es ver la puesta de sol. Si no tienes estas conversaciones abiertas, nunca lo sabrás", concluye.



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