Cochabamba, jueves 15 de noviembre de 2018
LECTURAS SUTILES

El molesto berrinche

| Claudia Méndez Del Carpio Lic. en Psicología Celular 62620609 claudiamen@hotmail.com | 28 oct 2018

Durante el desarrollo de la vida, se enfrentan diversas situaciones que exigen tolerancia a la frustración, cuando las cosas no salen como se desea o están fuera de control, se pueden dar reacciones inmaduras, impulsivas e incomprensibles denominados comúnmente berrinches.

Es común que los niños de entre uno y cuatro años de edad tengan rabietas, berrinches o pataletas, situaciones que son molestas, difíciles de manejar, que responden a diferentes causas como: frustración, decepción, miedo de no lograr algo, también cansancio, hambre, sed, sueño, búsqueda de atención, entre otros.

El ser humano nace completamente dependiente del otro, la vida sin cuidados de la madre o de quien cumpla la función materna es impensable. Así, el infante es protegido y atendido según la interpretación que hace el adulto de lo que él desea y necesita, se responde a su llanto o grito usado como medio de comunicación, sin embargo, este es un proceso natural y no un berrinche.

Hacia el primer año de vida, en el infante que hasta ese momento se mostró obediente y dependiente, afloran los primeros indicios de autonomía, moverse por sí mismo, gatear y caminar, le permite hacer lo que piensa y desea, se mostrara egocéntrico, centrado en sí mismo.

El lenguaje se desarrolla hacia los dos años de edad, la comunicación mediante palabras, trae aires nuevos de autonomía, ahora podrá decir lo que desea, se mostrara caprichoso, irritable, intransigente, desafiante, tirano, hará desplantes, hay que hacer las cosas como él quiere, parece que el niño identifica el momento adecuado para tener una pataleta, tirarse al suelo, gritar, ponerse agresivo, autoagredirse, generalmente lo hará en lugares públicos, molestando sobre todo a sus cuidadores.

El control de esfínteres también se irá dando en esta etapa, tener dominio sobre el propio cuerpo abrirá un nuevo horizonte, una puerta al crecimiento, a partir de ahora el niño se irá separando de los demás.

Ser víctima de ataques momentáneos de rabia, entendidos como formas inmaduras de expresar emociones, en las cuales el lenguaje no alcanza para poner en palabras, son fuertes explosiones de energía, con excitación psíquica y física, se dan en un periodo de tiempo breve, durante el cual se pierde el control sobre uno mismo, asustando a propios y extraños.

Los padres o cuidadores, deben poner límites a la vida del niño, de manera que poco a poco él los respete, esto le permitirá adaptarse a su entorno.

El intentar hablar con un niño que está atravesando una pataleta no tendrá buenos resultados, no entenderá en ese momento lo que se le dice, hay que mantener la calma, no mostrar el propio enojo, abrazarlo, hablarle sin gritar ni perder el control.

Si bien es frecuente que las rabietas

se den en niños pequeños, también

las tienen personas adultas, mostrando conductas infantiles o de inmadurez

en algún momento de sobrecarga emocional o como reacción sobredimensionada ante alguna frustración, ponerse caprichosos, tercos, intolerantes, agresivos con su entorno y consigo mismo, en este caso no hablamos de algo transitorio o propio de la edad, probablemente se trata de otra cosa… agresividad, falta de madurez, bajo control

de impulsos y trastornos de conducta, entre otros.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo claudiamen@hotmail.com o al celular/WhatsApp 591-62620609.

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