Cochabamba, jueves 15 de noviembre de 2018
FERIA LIBRE

Las mujeres salvajes de Wongo

| Bartolomé Leal | 28 oct 2018

Muchos cinéfilos adictos o aficionados a lo mejor de todos los tiempos a veces nos sentimos tentados a buscar lo peor y, dentro de ello, lo peor de lo peor. Es un juego y a la vez un riesgo. Hay lo imposible de mirar, por supuesto, donde nada funciona, antiguo o nuevo; aunque también hay aquello que siendo estéticamente menospreciable y éticamente despreciable, uno puede igual bancárselo y aprender. A veces divertirse. ¿A qué lleva este blablablá? Voy a referirme a una de las más entrañables y a la vez aborrecibles películas que he visto en mi vida: Las mujeres salvajes de Wongo, gringa, de 1958, en color.

Las mujeres de la isla de Wongo, como señala la carátula del DVD, son “unas bellezas prehistóricas que viven sometidas a los códigos de la jungla”. Se muestran infelices y aburridas porque sus hombres son feos, brutos, hirsutos y peleones, amén de necios, desordenados y sucios. Se visten mal por añadidura, andan cubiertos con unos pellejos agrestes y fétidos. Ellas actúan como amas de casa de comedias gringas y tratan mal a los hombres, negándoles acceso a sus encantos carnales. Se pasean en atractivos bikinis hechos de trapos o pieles, por unas playas blancas refrescadas por palmeras. Un loro se encarga de burlarse de los feos. La fotografía del filme es primorosa, tipo revista Life de la época.

En pleno proceso de creciente desesperación de las damas y frente a la circunstancia de inminentes matrimonios con aquellos engendros, los habitantes de Wongo reciben la visita inesperada del hijo del rey de Goona, otra isla cercana, un rubio apuesto de sólidos músculos, sonrisa deslumbrante y modales cortesanos. Llega con sus guerreros. Tras una serie de escarceos, las mujeres de Wongo se enteran que las mujeres de Goona no gustan al príncipe y sus amigos, porque son feas, gordas, agresivas y desgreñadas, demasiado altas o cuasi enanas. Toda esta injusticia, por llamarla de alguna manera, se resuelve al final.

En suma, la película incurre en deplorables transgresiones a la ideología contemporánea (ver la fecha de hoy). Estamos en el dominio de lo políticamente incorrecto. Es cierto que han transcurrido 60 años, pero igual vale la peña señalar algunas infamias: 1. Que los lindos se vayan con las lindas y los feos con las feas, es una manera torcida de interpretar las leyes darwinianas. La sola idea causa espanto. 2. No hay ningún oscuro, sea indio, negro, mestizo o mulato en el elenco; a pesar de que la isla de Wongo se halla en el trópico. Las actrices lucen como Doris Day o Debbie Reynolds, modelos femeninos de las comedias de la época. 3. No hay homosexuales de ningún tipo. Ni siquiera como chiste. 4. Los hombres ejercen total dominación sobre las mujeres, situación con la cual tanto las lindas como las feas parecen estar contentas. 5. Todos hablan inglés convencional, solo que pronunciado con la mayor claridad y palabras sencillas, como por y para extranjeros. Nada de lenguas nativas.

O sea que no hay señales de dar el menor espacio a la identidad de género (que se acepte a los LGTB); tampoco igualdad o al menos equidad de derechos entre hombres y mujeres, ni consideración por las características raciales. Sobre el respeto a los pueblos originarios y sus patrones culturales, cero. La isla es un dominio de blanquitos de película gringa y punto. El único embrión de feminismo podría ser la suma sacerdotisa, una bruja viejona pero atractiva que finalmente ayuda a que se establezca el equilibrio. Pero el dios que adoran es un enorme cocodrilo macho que exige sacrificios humanos, femeninos por supuesto. Los lindos terminan por matarlo y liberar así a las lindas del tormento impuesto por los feos y su abominable religión.

En suma, se podría decir que es una excelente pésima película, educativa a su modo.

Escritor chileno - bartolome_leal@yahoo.com



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