Cochabamba, jueves 15 de noviembre de 2018

Amor de vinilo

En esta nueva transposición de una novela de Nick Hornby (Fiebre en las gradas, Alta fidelidad), el mundo de la música reaparece en el trasfondo de una comedia romántica bastante eficaz. El filme se proyecta en Cochabamba en el cine Prime (16.50 horas).
| Diego Batlle Otroscines.com | 21 oct 2018



El universo literario (y musical) de Nick Hornby sigue seduciendo al cine. En este caso, el guión coescrito por Evgenia Peretz (hermana del director) y por Jim Taylor (ganador del Oscar por Entre copas) y su esposa Tamara Jenkins (directora de la reciente Vida privada) está basado en la novela Juliet, Naked, que el escritor inglés publicó en 2009.

Aunque menos encantadora que Alfa fidelidad, Amor de vinilo es también una comedia romántica clásica sobre segundas oportunidades con una fuerte carga melancólica y elementos musicales de fondo. En este caso, el personaje de Tucker Crowe, un rockero de culto de principios de los años 90 (algo así como una mezcla entre Jeff Buckley y Daniel Johnston) que llegó a grabar un disco y luego desapareció por completo de la escena al extremo que nadie supo más nada de él.

Un cuarto de siglo ha pasado desde entonces, pero Crowe sigue teniendo un pequeño círculo de fans. Y, entre ellos, se destaca Duncan (Chris O’Dowd), un profesor de cine y televisión (de esos que son capaces de hacer sesudas teorías académicas sobre The Wire) que maneja un sitio web y es un experto en la efímera y trunca carrera de aquel cantautor. Duncan está en pareja con Annie (Rose Byrne), una mujer frustrada con la vida que dirige un pequeño museo local en la ciudad costera británica de Sandcliff.

De forma inesperada, Crowe entra en contacto con Annie y ambas almas en pena encontrarán una conexión especial. El músico -que parece una extensión, más de dos décadas después, del Troy Dyer de Generación X (Reality Bites)- vive en el campo con su querible hijo menor, de 12 años, aunque tiene en verdad un sinnúmero de exparejas y varios hijos e hijas tanto en Estados Unidos como en Inglaterra.

Crowe es caótico, torpe, inmaduro, pero con esa nobleza y buen corazón que ese gran actor que es Ethan Hawke sabe imprimirle a sus personajes. Y Byrne y O’Dowd lo complementan muy bien con ese desencanto británico que tan bien les sienta. El material y los personajes, quedó dicho, son bastante más elementales que los de Alta fidelidad, pero Jesse Peretz, director de Our Idiot Brother y de 18 episodios de Girls (entre varias otras series por las que pasó), entrega una película con suficiente humor, sensibilidad y simpatía como para que el resultado sea -al menos en buena parte de los 105 minutos- fascinante y seductor.

Crítico de cine



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