Cochabamba, miércoles 17 de octubre de 2018

Palacios bolivianos, admirados por su belleza arquitectónica

Son construcciones destinadas a funcionar como viviendas de cuatro familias de granriqueza que vivieron en Cochabamba, Sucre y Tarija
TEXTO: JIMENA NÚÑEZ LARRAÍN FOTOS: Oscar abasto | | 07 oct 2018



Los palacios atraen las miradas de quienes llegan hasta el lugar donde están emplazados por su belleza e imponencia. Lo primero que llama la atención de estas edificaciones es su arquitectura que —por lo general— tiene una tendencia ecléctica, característica que también se ve reflejada en la diversidad de materiales con los que se construyeron cada uno.

Una vez dentro, el lujo y el esplendor del mobiliario original —en los casos en que todavía permanezcan en el lugar— transportan a los visitantes a la época en que los propietarios habitaban los mismos rodeados de lujo.

Hogares que, sin duda, mostraban la riqueza y el esplendor de sus moradores, que eran parte de la realeza o aquellos cuyo poder económico les permitía darse esos lujos.

En el mundo, y sobre todo en Europa, existen muchos palacios que son patrimonio histórico de sus países. Bolivia también tiene varias obras aquitectónicas de este tipo que pertenecieron a familias acaudaladas y que, ahora, son parte de circuitos turísticos e históricos.

En esta oportunidad presentamos la historia de cuatro palacios, dos que se encuentran en Sucre (Castillo de la Glorieta y Palacio Nacional); otro ubicado en Tarija (Castillo Azul) y, el último situado en Cochabamba (Palacio Portales).

ARQUITECTURA HISTÓRICA

Sucre es la ciudad boliviana que cuenta con un centro histórico, rodeado de edificaciones antiguas conservadas, que han sido adecuadas para funcionar como museos de diferente temática.

Actualmente, el turista que llega a Sucre puede visitar 11 museos, 17 iglesias, 11 plazas y dos palacios.



PALACIO NACIONAL

Esta edificación fue construida para cumplir la función de Casa Presidencial de la nueva República de Bolivia; pero, una serie de hechos cambió su historia.

Esta infraestructura está ubicada en la acera norte de la plaza principal 25 de Mayo de la ciudad de Sucre. Tiene tres niveles y posee un estilo arquitectónico ecléctico, donde se mezclan elementos de Art Noveau, mansard, clásico y bárroco.

La historia de este palacio se originó en 1679, cuando el arzobispo de La Plata, Cristóbal Casilla y Zamora, compró los terrenos ubicados a lado de la Catedral para construir el Palacio del Arzobispado y el seminario para la formación de los nuevos religiosos.

Pero, ese objetivo no se concretó, ya que después de la creación de la República, en 1826, este terreno pasó a manos del nuevo gobierno, por mandato de José Antonio de Sucre.

Años más tarde, entre 1888 y 1892, durante el Gobierno de Aniceto Arce Ruiz, se iniciaron las obras de construcción del Palacio Nacional, siempre con la idea de que allí se instalaría el gobierno central.

En aquella época se conformó una comisión permanente de obras públicas, que se encargó de informar acerca del avance de la construcción y de dar a conocer la funcionabilidad de las tres secciones de la edificación a las autoridades gubernamentales.

Esta obra fue confiada al arquitecto y al director técnico del proyecto, Marvin K. Levy, y Julius Pinkas, ingeniero de origen austríaco, que se encargó de dibujar los planos.

Durante la Guerra Federal que el país atravesó entre 1898 y 1899, la sede de gobierno fue trasladada a La Paz repentinamente y esta es la razón por la cual esta obra nunca llegó a inaugurarse. Esta construcción tenía todas las características de los edificios públicos de la época colonial, con una ornamentación en el pórtico de estilo barroco y columnas dóricas en tres niveles.

Hoy, este edificio alberga a la administración central de la Gobernación de Chuquisaca.

CASTILLO DE LA GLORIETA

A unos cinco kilómetros de la ciudad de Sucre se encuentra una de las estructuras arquitectónicas más importantes de esa ciudad: el Castillo de la Glorieta, cuya edificación comenzó en 1893 y fue concluida cuatro años después.

Los propietarios de este palacio fueron Francisco Argandoña y su esposa, Clotilde Urioste. Una pareja que había hecho su fortuna con la industria de la minería y la banca privada.

Por razones desconocidas, los esposos no tuvieron descendecia; por lo que, dedicaron su vida a los huérfanos de las minas.

Durante un viaje a Europa, la pareja visitó al papa León XIII, quien conocía el trabajo que ambos realizaban con niños huérfanos en su país.

En esa ocasión, el Sumo Pontífice los proclamó “Príncipes de la Glorieta” y, como todo principado tenía un castillo, decidieron nominar a su hogar como “Castillo de la Glorieta”.

El palacio está catalogado como una muestra de la arquitectura europea, del último tercio del siglo XIX.

El diseño y la construcción de esta infraestructura estuvieron a cargo del arquitecto de origen ítalo-argentino Domingo Antonio Camponovo, quien le dio un estilo peculiar que intriga y atrae a los visitantes, tanto locales como internacionales.

Este curioso castillo posee un frontis holandés de estilo renacentista, una torre octogonal romana, un cuerpo de estilo bizantino, un pórtico árabe de arcos polilobulados, una capilla con campanario de estilo gótico y otros estilos.

Desde la concepción del proyecto, la estructura estaba destinada a transmitir la opulencia y sofisticación de la pareja, por eso, el arquitecto replicó la torre del Big Ben de Londres.

La torre del príncipe tiene una forma bizantina, mientras su cúpula es de estilo ruso. Tiene una altura de 30 metros y una grada de piedra de 80 escalones. Según se cuenta, al príncipe le gustaba subir por las noches y apreciar las estrellas.

Mientras, la torre de la princesa tiene un estilo árabe y una altura de 45 metros.

Tras la muerte de los propietarios la propiedad paso de mano en mano, hasta que el 27 de agosto de 1970 fue declarada por Decreto Supremo como “Monumento Nacional”.

El 30 de septiembre de 1987, una ley transfie- re todo el Castillo y sus alrededores a favor de la Corporación de Desarrollo de Chuquisaca (Cordech), a título gratuito.

Actualmente, el Castillo de la Glorieta pasó a poder de la Gobernación, por efecto de la Ley de Descentralización Administrativa.

LA JOYA DE TARIJA



El Castillo Azul es patrimonio memorable de Tarija y es considerada una joya arquitectónica. Ubicada en una de las intersecciones de las calles Bolívar y Junín, fue construida en el siglo XIX y perteneció a Moisés Navajas.

Al principio cumplía la función de casa de campo, estaba rodeado de jardines con plantas de diferentes partes del mundo que fueron encomendadas por los esposos Navajas.

La obra arquitectónica fue diseñada por los hermanos Camponovo, quienes se inspiraron en la tendencia europea del Art Noveau, con amplios ventanales, torres elevadas y cuatro cúpulas.

A estos detalles arquitectónicos se suman los ornamentales con diseños eclécticos, donde la pintura de la fachada, en un tono azul, las molduras y cornisas, en blanco, le dan un aspecto propio de un palacete.

En una entrevista con el periódico El País de Tarija, el actual propietario, León Rengel Martínez, asegura que el piso original era de ladrillo y las paredes fueron pintadas con tintes naturales.

Desde su construcción, este palacio llamó la atención de los transeúntes. En sus primeros años, la gente confundía este palacio con una iglesia y al pasar por el pórtico se persignaban. Desde 1964, la propiedad pasó a manos de la familia Rengel, que compró la vivienda a la cuñada de Navajas; desde entonces, la familia -integrada por 12 personas- habita el castillo.

La casa es privada, pero pueden visitarla turistas, previa coordinación con los dueños. También reciben grupos visitantes, no todos los días, porque el castillo no está abierto al público.

EL REGALO DEL BARÓN DEL ESTAÑO

La construcción del Palacio de Portales, ubicado en la zona de Queru Queru de Cochabamba, fue encomendada por Simón I. Patiño, como regalo a su esposa, Albina.

La vida de este hombre, de origen humilde, cambió repentinamente cuando halló una veta de plata y, tras varios años de trabajo, logró acuñar fortuna, convirtiéndose -a sus 40 años- en el hombre más rico de Bolivia.

Esta obra, de gran valor arquitectónico, fue diseñada por el arquitecto francés Eugène Bliault en 1913 y casi todos los materiales de construcción fueron traídos del extranjero, como por ejemplo, la madera para los adornos y objetos más sencillos como las gradas llegó desde el Líbano; los tapices fueron comprados en Damasco; el mármol fue importado de Italia y hasta las lámparas arañas son de cristal de roca.

Este lugar es un bello ejemplo de estilo ecléctico, donde elementos heterogéneos que lo componen se fusionan resultando un conjunto de gran armonía e integración arquitectónica. Por ejemplo, uno de los pasillos es una réplica de parte de la biblioteca en el Vaticano y las estatuas de emperadores romanos, de figuras femeninas simulando las cuatro estaciones del año, los signos zodiacales, además de querubines y ángeles, se combinan en el decorado de los diferentes salones.

En esta obra se cuidó todos los detalles, incluso sus jardines fueron diseñados por expertos japoneses, hechos a imitación de los existentes en el Palacio Versalles en París.

El diseño y mobiliario interno tiene una mezcla de tendencias árabes, francesas e italianas en los diferentes salones.

Actualmente, en un sector funciona el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño.

La enorme mansión, considerada uno de los patrimonios culturales más importantes del país, y que tardó seis años en construirse, nunca fue habitada por la familia Patiño; ya que esta se mudó a Villa Albina en Pairumani, tras la muerte del empresario minero, quedando sin estrenar el regalo de amor más caro del mundo, en aquella época.





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