Cochabamba, martes 18 de diciembre de 2018
[El Nido del Cuervo] 

Walter Benjamin y lo poetizado

| Ana Cecilia Ballerstaedt | 07 oct 2018

“Dos poemas sobre Hölderlin”, titula Walter Benjamin al ensayo que explora parte de la obra del célebre poeta alemán de los siglos XVII y XVIII. Con aplomo y detalle, Benjamin despliega en las páginas introductorias del texto la noción de “lo poetizado”, a través de la cual leerá los poemas y cuya configuración revelará, en algún sentido, su estructura, y, con ello, el núcleo o eje a partir y gracias al cual se hallan compuestos de una determinada manera.

La génesis del poema –y de cualquier obra de arte en general– se revela entonces en lo poetizado en cuanto éste señala los axiomas y preceptos desde los cuales devino aquél para llegar a ser lo que ahora es. El poema en tanto unidad no interesa, no es objeto de lo poetizado. Acabado, nacido, es sólo el producto de mecanismos que se camuflan en su subsuelo; y es a ellos adonde desea llegar precisamente lo poetizado, a estas raíces articuladoras que lo componen, y que Benjamin clasifica de acuerdo a dos órdenes o paradigmas: uno espiritual y otro sensorial, cuyos correlatos son la forma y la materia. Lo poetizado no es ninguno de ellos, pero tampoco ambos; es decir, no representa ni la síntesis de la unidad que es el poema (materia-forma) pero tampoco alguna de las partes que lo conforman (materia o forma), sino que expresa la necesaria e inmanente conexión de estos elementos. De modo que lo poetizado va más allá de la indagación de las partes del poema: se concentra en la conexión que existe entre éstas, pues gracias a ella es tal, es decir, se articula como poema en la medida en que entre sus componentes prevalece cierta vinculación; constituyendo en este sentido una especie de ley de la conectividad, imprescindible para que exista el poema.

Ahora bien, las conexiones que determinan a un poema, o a cualquier obra de arte, no son evidentes en el acabamiento. O sea, no nos es posible apreciarlas de manera nítida en la unidad, sino que para visibilizarlas es necesario aflojarlas. Lo poetizado consiste precisamente en esa liberación de tensión acumulada cuando aflojamos un nudo, cuando atenuamos el poder cohesivo que rodea a la unidad artística y le permitimos desenvolverse con más soltura y naturalidad ante nosotros. Esto nos permite obtener una perspectiva más detallada de la funcionalidad que cada elemento cumple dentro de la unicidad del poema, y, consecuentemente, la pluralidad de “posibilidades conectivas” que se dan a conocer a partir de ellos. De este modo, lo poetizado no sólo nos muestra los elementos y la conectividad que existe entre ellos para formar y determinar el poema, sino también la diversidad de vínculos que pudieron haberse establecido a partir de estos elementos poéticos, que son los presupuestos de la obra, del poema, los fundamentos o axiomas que lo sostienen, y que son la base para la posterior construcción poética.

Estas conexiones que lo poetizado enfatiza relacionan, en general y de acuerdo a lo ya mencionado, dos esferas: la de la vida y la del poema, el plano sensorial y el espiritual, materia y forma respectivamente. Es la unidad de la vida la que se traslada a la del poema. Desde ella se inicia el enlace, y, en este sentido, será determinante para instaurar lo poetizado en el poema, es decir, la coerción que dote de unidad a la producción poética mediante una adecuada ligazón de sus elementos, en cuyo relacionamiento se expresa auténticamente la vida. El poema, por tanto, no debe ser una huella que nos conduzca nuevamente hacia la vida, desde donde se mueve para producirse, sino una reelaboración de ella en el poema, cuya realidad no responda a la voluntad de su creador (el poeta) sino a la necesidad mítica del destino, que está más allá de él, y que representa la conexión más alta y fuerte de lo poetizado en la unidad del poema.

Filósofa - acballerstaedt@gmail.com



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