Cochabamba, martes 18 de diciembre de 2018

10 años de El Cuervo: el mundo editorial boliviano “nunca más” será el mismo

La editorial independiente cumple una década de vida este año. Aprovechando su presencia en Cochabamba, en el marco de la Feria Internacional del Libro que se desarrolla hasta el 14 de octubre en Alalay, ofrecemos un pequeño homenaje a un sello que nos ha permitido abrirnos hacia nuevas voces literarias en el país e hispanoamérica, además de impulsar la carrera de noveles escritores.
| Mijail Miranda, Alba Balderrama, Santiago Espinoza y Sergio de la Zerda | 07 oct 2018



En 2008 la editorial El Cuervo decide asomar al dintel del resquebrajado portón de la literatura boliviana y entregarse a la dura batalla de su “industria”. Un atrevimiento que diez años después ha rendido sus frutos y, a pesar de las limitaciones y las dificultades del contexto, a todos luces puede calificarse como exitoso. Porque el mundo editorial bolivianos “nunca más” será el mismo.

Desde aquel pequeño ejemplar en el que El cuaderno de sombras del vate tarijeño Julio Barriga pudo ver la luz, hasta las recientes reediciones de los títulos más vendidos o los libros premiados por la calidad en su factura, el trecho recorrido ha sido largo. Y para no perder el paso ni desviar la ruta, en la editorial El Cuervo los objetivos fueron trazados con firmeza.

Su principal apuesta fue lograr que la literatura regional traspase las fronteras creando lazos con países vecinos e incluso llegar más allá. De igual forma, se propusieron publicar obras de escritores jóvenes latinoamericanos que están marcando tendencia, acercándolos a los lectores locales para así abrir un diálogo continental.

A lo largo de 10 años, El Cuervo ha creado un catálogo internacional envidiable que cuenta con 53 publicaciones en poesía, ficción, no-ficción e ilustración, de autores provenientes de más de 12 países de Hispanoamérica. Una de las claves en la consolidación de estos logros fueron sus procesos de diseño, producción y distribución, que se articularon para conseguir resultados coherentes en forma, contenido y accesibilidad.

Por otra parte, su catálogo también incluye antologías que reúnen a más de 100 escritores, con la intención de dar difusión a distintas voces latinoamericanas planteando nuevas experiencias para la narrativa en idioma castellano.

Junto a Specimens-Mag y Suburbano Ediciones, decidieron crear el Premio X de Novela, certamen que tiene como objetivo renovar la oferta novelística actual a través de un concurso integrado al siglo XXI.

Además de esta búsqueda y apertura, El Cuervo también realiza coediciones entre las casas editoriales interesadas en negociar de una forma innovadora con editores, autores y lectores, ofreciendo una manera diferente de aproximarse a la producción cultural en la región, con el fin de renovar la inspiración y la creatividad en la escritura.

Como marca, tiene una presencia constante y creciente en los principales eventos literarios y editoriales de la región. Su sello ha llegado a ferias del libro nacionales e internacionales. Entre estas últimas destacan sus giras por Ecuador, Argentina, Perú, Colombia y México.

Más allá de la calidad de sus contenidos, El Cuervo también se destaca por un cuidado particular en el diseño y la presentación final del libro como un producto atractivo para los lectores.

En ese sentido, el 2015 tuvo una destacada participación en la Feria del Libro de Frankfurt, donde obtuvo el premio a la “Producción más bella de un libro”, otorgada por la Comisión Alemana para la UNESCO en cooperación con la Fundación “Stiftung Buchkunst” en Fráncfort del Meno y el Programa de Invitación para Editores de la Feria del Libro de Fráncfort, con el libro de crónicas La vida de las cosas de Álex Ayala.

Dos años después, durante la Feria del Libro de Santa Cruz 2017, recibió el premio a “La mejor edición de un libro” con el libro de no ficción Rigor mortis. La normalidad es la muerte, también con la firma del periodista español.

A continuación, compartimos un listado de obras en narrativa que han sido reseñadas en este suplemento y que también forman hitos clave en la vida de esta casa editorial. La mayoría de estos libros (y también sus reediciones o los más recientes) pueden encontrarse en el stand 82 de la Feria Internacional del Libro de Cochabamba, que se realiza en el recinto ferial de la laguna Alalay hasta el 14 de octubre.

El amor según (2011)

Sebastián Antezana


Estocadas directas a la memoria y al corazón, así llegan a nosotros las primeras páginas de El amor según (editada dos veces por El Cuervo). Sebastián Antezana (México, 1982) y el lector escriben y reescriben la novela desde las profundas heridas del recuerdo, dibujando cada una de las palabras con sangre y dolor íntimos.

¿Cómo es posible alcanzar tales grados de individualidad e impersonalidad a la vez? Dice el poeta chileno Raúl Zurita: “Los seres humanos no somos mucho más que distintas metáforas de lo mismo y todos, más o menos, somos semejantes en nuestras angustias y miedos, en nuestra necesidad de amor, en nuestra perplejidad frente a la muerte”.

El punto inicial está marcado por la fotografía. Antezana parece muy ligado a ella. Sin embargo, reniega de su discurso, de sus simplificaciones, de la eternización artificial de puntos muertos, cuando en realidad lo artificial radica en la vida misma, en el complejo sistema de engarces y engranajes que invaden y se apropian de la experiencia vital. La concepción cosmogónica del mundo basada en ficciones enmarcadas en un complejo sistema de relojería.

Ni siquiera la historia pudo rehuir de esta constante. Los historiadores, tan afectos a la “objetividad”, individualizan el devenir nacional y universal, haciendo de nuestra memoria colectiva una farsa, una mera representación subjetiva de lo concreto.

La novela responde también a la ausencia de horizontes generacionales, proponiendo la exposición-representación de lo real como aspiración estética, la deificación como aspiración vital. Ambiciosa tendencia que Antezana resuelve valiéndose de su única arma: la palabra, que es en última instancia el generador primario de toda ficción. Los códigos de la palabra subvirtiendo y apropiándose de las voces de la fotografía y la escultura.

Valiéndose de su buen dominio del lenguaje, Antezana hace que la violencia inicial vaya diluyéndose en un cadencioso cuento circular, casi hipnótico. Entonces la figura de de Penélope se hace patente como hito fundamental en la novela, su estructura radial así lo establece. Espera, reconstrucción, destrucción, ausencias en una ecuación que aparenta fugas tangenciales, pero solo las aparenta. (Mijail Miranda Zapata)

Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras del suelo (2012)

Álex Ayala


El cronista boliviano español es uno de los nombres más destacados en el cuidado catálogo de la editorial El Cuervo. La vida de las cosas, Rigor mortis (premio al mejor libro editado de la FIL de Fráncfurt en la FIL Santa Cruz 2017) y Los mercaderes del Che y otras crónicas a ral del suelo

Luego de escuchar, observar y sentir, Álex Ayala se entrega en cuerpo a las historias que escudriña, y con esto nos las entrega con el carisma de un cuentacuentos y la precisión fotográfica del periodismo. Cada una de sus oraciones nos transporta al instante preciso en el que la cotidianidad se trastorna, haciéndose prometeica. No obstante, su labor es mínima. Se restringe a la reproducción cabal de las sensaciones y las emociones de pequeños momentos de magia. Narra sin prejuicios, sin velos oscurantistas ni anteojos maniqueos. Sin mártires ni traidores. Ayala no redime ni castiga, dibuja, colorea, muestra.

Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras del suelo está compuesto por catorce textos tan diversos en su contenido como en su calidad. Y no es que haya entre estas crónicas algunas malas, más bien hay entre ellas relatos de mayor intensidad que, sin desmerecer los restantes, opacan el resto.

“Sillerico, el hombre que viste a Evo Morales”, la historia de un poeta devenido a sastre; “Los custodios de Lennon”, unos ancianos custodiando un ícono de la capital cubana; “Pablo, presidente”, con la mítica figura del desaparecido narco colombiano; y “El contador de relámpagos”, son exquisitas muestras del talento de Ayala.

Son crónicas cargadas de metáforas, observaciones inteligentes, propuestas francas a la reflexión. El periodismo trascendiendo los límites de la información, sin pretensiones arteras, sin motivaciones mercantiles. El periodismo en pos de un ideal universal. El de la sencillez, el respeto, la fraternidad y el amor a la vida. El periodismo volviendo a sus orígenes, a esa canción que narra, informa, propone, discute, y festeja.

Finalmente, un acercamiento nostálgico a uno de los personajes más controvertidos y (des)conocidos de la literatura nacional, Victor Hugo Viscarra, dejará al lector satisfecho y agotado, tras un viaje de conocimiento, emociones y, sobre todo, seres anónimos y monumentales. Esos que hacen que el mundo aún gire. (MMZ) 



El hombre que amaba a Amy Winehouse (2014)

Julio Barriga


“¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?”, dice un poema de William Faulkner. Este también es el epígrafe que usa Roberto Bolaño para abrir su novela Estrella distante.

La editorial El Cuervo supo descubrir, en un horizonte oscuro, el rastro de un cuerpo en llamas, en caída libre, ardiendo en el firmamento de la literatura boliviana.

Julio Barriga, en 2008, inauguró con “buena estrella” el camino de este sello con el poemario Cuaderno de sombra. Años después sobrevinieron el éxito de El hombre que amaba a Amy Winehouse (recientemente reeditado) y la reunión de su poesía completa bajo el título de Cosechar tempestades.

“Body and soul” es una popular canción de jazz -compuesta por el neoyorquino Johnny Green, con letras de Edward Heyman, Robert Sour y Frank Eyton-, interpretada en 2011 por Tonny Bennet y Amy Winehouse. En la primera estrofa reza: My heart is sad and lonely/for you I sigh, for you dear only/Why haven’t you seen it/I’m all for you, body and soul. Y no puedo dejar de pensar en Julio, en Julius.

En esa tristeza que pareciera festejar la vida de alguna misteriosa forma, en esa soledad recalcitrante y funesta, en esa exhalación desinteresada al vacío, en ese gesto expiratorio hacia la nada, ese estertor que se repite y repite mientras nunca llega la hora. Entretanto, en El hombre que amaba a Amy…, Barriga parece susurrarse, susurrarnos al oído: soy todo tuyo.

El hombre que amaba a Amy Winehouse es un anfibio/híbrido/amorfo que demuestra las dotes del chuquisaqueño como narrador, ensayista, cronista, agitador, divagante y apasionante, reflexivo e incómodo. Dividido en cinco capítulos, el libro es la cosecha de un esfuerzo común. En él participaron tanto el editor y otros nombres como Juan Terranova, Maximiliano Barrientos y Marco Montellano.

El libro reúne textos que van desde las grandes revelaciones de la vida en la temprana infancia, hasta la búsqueda religiosa de una redención -que ofrezca consuelo y esperanza- en la poética figura de Winehouse; pasando por travesías proletarias hacia el norte argentino, pataiperreadas poéticas por la hoyada paceña, reuniones po(p)éticas en la capital boliviana o resacas punks en Cochabamba. (MMZ)

Hora boliviana (2015)

Selección de crónicas


Hora boliviana es uno de los tantos títulos dedicados por El Cuervo a la no ficción. Tal como sucediera en la primera entrega, Bolivia a toda costa (2012), este nuevo libro es una selección variada de narraciones que intentan perfilar el estado de la crónica en el país y, seguramente, cómo es que este se escribe en la actualidad.

Aunque, remitiéndonos al título, todas las historias contadas plantean una revisión del presente nacional, la apuesta del antologador Fernando Barrientos, más allá de tentar configurar una especie de voz o identidad en común, se inclina por una mirada multifocal.

Es así que nos encontramos con relatos que pincelan, a veces con profundidad, a veces con ligereza, la experiencia de la vida política, social y cultural en la Bolivia de hace tres años.

Entre las firmas, en relación a su antecesor, hay varios nombres que se repiten, muchos de ellos reafirmando sus cualidades de enfoque y pertinencia a la hora de abordar temas que aparecen soterrados por la agenda mediática o cierta hegemonía intelectual. Entre ellos fácilmente se distinguen Álex Ayala, Leonardo de la Torre, Liliana Carrillo o Nicolás Recoaro.

Si bien la calidad de los textos es informe, no olvidemos que no hablamos de una antología, las páginas de esta selección no tienen desperdicio (para bien o para mal). Aunque cualquier valoración estaría sujeta -además de a las intuiciones personales- a una subestimación o sobrevaloración antojadiza. Esto precisamente por las irregularidades literarias y periodísticas (según el caso), no constantes, pero marcadas, de los trabajos presentados en este volumen.

Esta es solo una mirada general, a modo de invitación, a los catorce relatos contenidos en esta entrega de la colección Nueva Crónica de la Editorial El Cuervo. (MMZ)

Una casa en llamas (2015)

Maximiliano Barrientos


El título de este libro del escritor boliviano Maximiliano Barrientos (Santa Cruz de la Sierra, 1979) remite puntualmente a uno de los seis cuentos que reúne (“Algo allá afuera, en la lluvia”). Sin embargo, las llamas de ese título son solo una de las varias manifestaciones de una imagen esencial y recurrente en este volumen: el fuego. O si se quiere: el fuego y sus estragos.

La frecuencia con que el fuego se materializa en los seis cuentos de Una casa en llamas habla de una de las cualidades más distintivas de la narrativa de Barrientos: su potencia visual. El carácter cinematográfico con que suele calificarse su prosa no resulta gratuito. Al terminar de leer los relatos uno se siente asaltado por un regusto similar al que producen los desenlaces de esas películas en las que sus personajes, antihéroes absolutos, se entregan a un acto liberador que nunca sabremos si los conducirá a la redención o a la desgracia absoluta.

La depuración de un estilo ya exhibido en sus obras precedentes viene aparejada de una nueva inmersión de Barrientos en un universo de personajes y temas que conoce muy bien y en el que se mueve sin dubitaciones. Hombres y mujeres que recorren los treinta aún arrastrando los daños sufridos en la adolescencia y la juventud. Que tienen los cuerpos y los sentimientos arrasados. Que heredan, a su pesar, las heridas de sus padres, hermanos, parejas. Que no saben convivir con los fantasmas del pasado. Que buscan en el alcohol, la violencia y el sexo el placebo para sentirse vivos, libres y menos solos. Que persiguen el fuego para consumirse o borrar los rastros del dolor, la pérdida y los miedos. Que deben sobrevivir en casas en llamas.

Porque el fuego que convocan los relatos de Barrientos solo se enciende sobre esa materia altamente inflamable que son los lazos afectivos forjados en la familia y en las relaciones de pareja, esos lazos que habitan en los hogares. En la casa.

Esta figura, tan asociada a la noción de unión y de felicidad entre seres cercanos, aparece en el libro solo para desplomarse ante la fuerza arrasadora de las llamas, para exponer unos escombros que siguen atormentando, como fantasmas, a sus otrora habitantes, y que terminan también atormentando a los ocasionales visitantes de ese escenario: los lectores.

Como la imagen de esa casa que arde para ser contemplada por un padre y su hijo, este libro exhibe una retorcida belleza que deslumbra y, a la vez, perturba al lector que acaba de pasar por sus páginas. La lectura de Una casa en llamas nos deja una sensación cifrada por el propio Barrientos para describir la mirada de uno de sus personajes femeninos: “La certeza de estar en un lugar hermoso pero al mismo tiempo inhóspito”. (Santiago Espinoza A.)

Los afectos (2015)

Rodrigo Hasbún


Crecer es deteriorarse. Así se podría resumir una de las tesis de Los afectos, novela de 2015 de Rodrigo Hasbún (Cochabamba, 1981). “Quizá hacerse adulto sea justamente eso: avergonzarte de tu cuerpo y sus rebeliones y prisas, preocuparte por el ardor que sientes después del café, siempre temer lo peor”, dice un personaje del no por nada elegido como uno de los tres mejores libros del 2015 por el suplemento cultural colega Letra Siete.

Editada para Bolivia por El Cuervo (la primera edición en España estuvo a cargo de Penguin Random House), la obra ficciona el desmembramiento de la familia alemana Ertl que, a mediados del siglo pasado, vino a residir al país tras el colapso nazi. Pero las rupturas de los lazos familiares son apenas un pretexto, un marco que hábilmente tomó Hasbún para asimismo retratar lamentables episodios de la historia nacional contemporánea.

Hans, el padre, fue un destacado fotógrafo del régimen de Adolf Hitler (trabajó para Leni Riefenstahl en las tan estéticas odas de propaganda nacionalsocialista). En Bolivia, devino en un aventurero buscador de tesoros, a la vez que intentó continuar parte de su oficio documentalista para acabar sus días como hacendado en el alejado poblado cruceño de Concepción. Sobre la figura del patriarca es que gira Los afectos.

Otro personaje clave es una de las hijas, Mónika, caracterizada -en palabras de otra de las voces del libro- como “una jovencita bien intencionada” que se convirtió en una “militante de hierro”. En efecto, tras el fracaso de un matrimonio anodino, la mayor de las tres Ertl integró la guerrilla izquierdista del Ejército de Liberación Nacional (ELN). En tal “aventura”, vengó la memoria del Che Guevara asesinando al militar boliviano que ordenó la amputación de las manos del argentino-cubano. Sufrió después la represión, muriendo ultrajada a manos del Ejército.

Una muy elaborada y siempre directa narrativa permite a un evolucionado Hasbún (autor de cuatro libros de cuento y otra novela) hilar los contrastes entre padre e hija, pero, sobre todo, su unidad en la aparente diferencia. En tal afán, el literato parece entender bien los mecanismos de la memoria, acudiendo a episodios de vida que por sí solos ilustran con precisión personalidades y épocas. En lo anterior coadyuvan las perspectivas de los otros que terminan de delimitar los márgenes de intensas luchas individuales en su convergencia/divergencia con otras mayores.

Y es que los trazos del novelista pintan con mucho tino además el surgimiento, acción y caída de toda una generación que, creyente del cambio armado y vanguardista, terminó sus días trágicamente. La tragedia, pues, cruza toda la brevedad de Los afectos (de apenas 140 páginas), como refrendando la idea expuesta al principio: que el existir es lo que transcurre entre desgracia y desgracia. (Sergio de la Zerda)

Todo el mundo cumple sus sueños menos yo (2015)

Wilmer Urrelo


No se me ocurre mejor recomendación para Todo el mundo cumple sus sueños menos yo, primer volumen de cuentos de Wilmer Urrelo, que desaconsejar su compra a todos los padres de familia que busquen libros edificantes para sus pequeños retoños. Porque, aun estando bastante poblados de niños, los relatos del narrador paceño están lejos de ofrecer una mirada idílica e inocente de la niñez, de la familia y de aquellos valores comúnmente asociados a éstas. Dicho de otra manera: quienes se hagan de este libro, tienen aseguradas unas deliciosas horas de violencia, ingenio, humor y melancolía.

Una vez leídas las 135 páginas de Todo el mundo cumple sus sueños menos yo (El Cuervo, 2015), al lector de turno –como el suscrito- puede quedarle un regusto extraño, con iguales dosis de perplejidad y diversión. Algo así como el que solían dejar los mejores episodios reunidos bajo el nombre de “La casita del horror” de Los Simpson.

Eso que podría parecer un baño de sangre insufrible adquiere un cariz hilarante por obra y gracia de la pluma del escritor, que se prodiga en apuntes desternillantes –dichos por narradores y/o personajes- , que confirman su saludable y audaz apuesta por el humor negro.

Más allá de la divertida lectura que depara, esta incursión de Urrelo en el cuento merece también valorarse como un ejercicio serio de consolidación estilística y temática. Conocido y reconocido por sus tres celebradas novelas, el autor paceño vuelve a poner a prueba experimentos formales ya explorados en aquéllas, como la combinación simultánea de diferentes voces narrativas.

Asimismo, reincide en asuntos ya trajinados, como la violencia –reprimida o manifiesta- en que conviven las familias, la inseguridad que ahoga a las urbes o la soledad que abruma a los perdedores, esos personajes por los que el escritor siente una inocultable afinidad, pero a los que no se toma la molestia de redimir ni mucho menos. Estas decisiones de orden temático y formal revelan que el escritor no subestima a su lector, al que prefiere inquietar antes que complacer.

Y es que el de Urrelo es un proyecto creativo que se salta adrede los lugares comunes de lo políticamente correcto para apuntar más lejos: a la desacralización de los valores y hechos que -como la inocencia infantil o la nobleza de los abuelos beneméritos- nos imponemos como verdades compartidas, aun a sabiendas de que pueden ser mentiras que nos unen en la misma medida en que nos corrompen. (SEA)

98 segundos sin sombra (2016)

Giovanna Rivero

98 segundos sin sombra es la historia del éxodo que Genoveva -una adolescente que vive en Therox un pueblito del oriente boliviano- planea para irse lejos, tan lejos como a otro planeta, otra luna, Ganímides, por ejemplo. El plan de huida lo va escribiendo en un diario que las monjas del colegio le incitaron a llevar.

98 segundos sin sombra es la historia del diario de Genoveva. 98 segundos sin sombra es la novela de Giovanna Rivero que escribió lejos, en otro país. Actualmente, Rivero, reside en Florida, en los States, y en el libro hace un ejercicio de memoria y retorna a Montero, al final de su infancia, a sus amigas, a su abuela, a sus lecturas. A aquello que dejó atrás para escribir, para estudiar Comunicación Social, en Santa Cruz primero, escritura en Iowa y Literatura Latinoamericana en Florida.

En una entrevista que le hizo Juan Terranova, Giovanna se para en la frontera y lanza: “No se puede negar que los escritores (bolivianos) más jóvenes han aceptado que la mediterraneidad es nomás un problema. Emigrar se plantea, entonces, como una opción muy tentadora para acortar caminos. Internet hace su parte, pero sucede que los circuitos de consagración se sofistican exquisitamente y si no estás ahí… (…) Además, no solo te vas buscando esas cercanías con los centros de visibilización, sino también ahora por motivos académicos, por necesidad de shockear nuestro largo provincianismo, por falta de oportunidades, esas cosas de siempre”.

Tomarse en serio la escritura es también entrar en la órbita de un planeta más allá, inmenso. Orbitando está una de las pocas narradoras bolivianas de la actualidad y una de las voces de la narrativa boliviana más poderosas, aterradoras e íntimas. (Alba Balderrama)

Nuestro mundo muerto (2017)

Liliana Colanzi


En la selva, los pájaros gritan no cantan. Anuncian, no parlotean. En la selva, los tapires toman sol en las orillas de los ríos, serenos, hasta que un caimán emerge de las aguas y lo arrastra al fondo negro. En la selva, en el Beni, encontraron una boa con una pierna humana dentro. En la selva, en el camino hacia Santa Cruz, cuando el monte se pone apretado, en una poza de aguas calientes y humeantes, los tentáculos gordos y rosas de un pulpo envuelven a un cachorro de zorro.

Porque sí, porque es así cuando la lógica establecida, la que conocemos, se descompone también. Porque los pulpos así no viven en la selva de Santa Cruz, viven en la selva de un desequilibrante cuento llamado “Chaco” en el libro Nuestro mundo muerto de la escritora Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981).

Nuestro mundo muerto, editado por la Editorial El Cuervo, tiene ocho cuentos, seis de los cuales transcurren en la selva, en el monte de Santa Cruz, Beni y el Chaco. En esos cuentos la relación de Colanzi con la selva, con la ley de la selva, con la descomposición del orden, es de amor por la tierra que la vio nacer, que la construyó y de la que salió. Es como el amor que le profesaba Werner Herzog a esos paisajes abigarrados, húmedos y decisivos, después de años de lidiar con la selva en películas como Aguirre la ira de Dios o Fitzcarraldo: “No es que odie la selva. La amo, pero la amo contra lo que dicta mi sano juicio”. La lectura de Nuestro mundo muerto es algo así como perder el sano juicio.

Caminar desde la carretera y sumergirse en el monte hasta que se cierra, que te traga, que te habla con su propio lenguaje. Un lenguaje ya no de palabras o idiomas sino de premoniciones, sueños, canciones y visiones.

Y entonces eres Aguirre tragado por la selva, vuelto uno con ella. Dos. Ya no eres tú, eres nosotros. El libro de Colanzi es una respuesta a ¿cómo lidiamos con esta ansiedad? ¿En qué lenguaje le hablamos a la angustia? Y la respuesta está lanzada en ocho cuentos, seis en la selva, uno en el invierno de París, otro en la helada Ítaca y en la oscura y desértica Marte. Y nos dice: ¿Qué tal si en vez de mirar a otro lado, de curarnos en salud, hacemos caso a ese lenguaje que nos habla desde los sueños, desde las premoniciones, desde las canciones, desde el pasado, desde nuestro mundo muerto? (AB)

Bogotá39 (2018)

39 autores de nueva narrativa latinoamericana


Sin que esté claro qué es mejor, el mundo de los creadores y consumidores de cultura puede dividirse en tres: los que haciendo un alto en sus búsquedas revisitan luego solo obras para ellos señeras, los que andan siempre atentos a lo nuevo y quienes hacen lo uno y lo otro. Habiendo tanto por conocer, siendo tan corta la vida y precisando saber cómo ven mis contemporáneos el mundo, yo soy de los segundos. Por ello es que suelo agradecer los cánones, más cuando -pese a toda su ineludible arbitrariedad- prometen nuevas voces que dejarán huellas aún más profundas.

Si hablamos de literatura, uno de los listados que más entusiasmo me despierta es el de Bogotá39, en el que, como se sabe, figuran 39 destacados escritores latinoamericanos menores de 40 años. La primera selección promovida por el Hay Festival (Colombia) señaló en 2007 nombres luego consolidados en la escena: Álvaro Bisama (Chile), Andrés Neuman (Argentina), Jorge Volpi (México), Junot Díaz (Santo Domingo) y Santiago Roncagliolo (Perú). Bolivia entonces celebró la inclusión del cochabambino Rodrigo Hasbún. La lista se hizo de nuevo en 2017 -con el concurso de jurados de la talla de Leila Guerriero-, y las letras nacionales tuvieron otro motivo de festejo: Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981) figuró en ella. Como en el primer caso, obras de los elegidos fueron a continuación parte de un libro editado por Hay Festival, que en Bolivia tuvo este año una reedición a cargo de El Cuervo.

De la cruceña, finalista en 2017 del Premio de Cuento Gabriel García Márquez, se incluye “Chaco”, relato que precisamente hace parte del libro con el que la autora postuló al galardón, el tan elogiado Nuestro mundo muerto (también Ed. El Cuervo). El cuento es una breve muestra de la potencia de la narradora. La sórdida historia de un joven pueblerino, víctima de abusos y a quien se “le mete” el espíritu de un mataco al que asesinó, es la punta de un ovillo de desencuentros con la palabra, en diferentes versiones, como vórtice.

Y desencuentros es un término que bien puede describir además las obras incluidas de Samanta Schweblin (Argentina), Juan Cárdenas (Colombia) y Martín Felipe Castagnet (Argentina). Las rupturas familiares, de pareja y tecnológicas de este vertiginoso mundo son reflejadas por los citados, con una estética lograda e igual de vertiginosa. No es casual que los nombre, estos otros cuatro literatos han estado recientemente por Bolivia en encuentros de escritores y/o conferencias, o bien han publicado con editoriales nacionales, lo que habla de otros frutos de interconexión y diálogo generados por la labor de El Cuervo. (Sergio de la Zerda)



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