Cochabamba, martes 16 de octubre de 2018

Gonzalo Ávila , 40 años de contribución a la Fundación Simón I. Patiño

Hace nueve meses dejó la Presidencia de la Fundación. Actualmente, está abocado a la producción literaria independiente, buscando aportar a la educación.
| | 30 sep 2018



Después de 40 años de actividad laboral, Gonzalo Ávila Lara, expresidente y actual miembro del Consejo de la Fundación Universitaria Simón I. Patiño, conoce —casi como la palma de su mano— cada espacio del Palacio Portales, aquel que fue construido entre 1915 y 1927, y cuya infraestructura se encuentra bajo la custodia de la Fundación desde 1968.

Durante la entrevista, este hombre —de mirada profunda, contextura mediana, hablar pausado y sigiloso al caminar— rememora y evalúa su trayectoria en esta institución.

Sin duda, todas las personas e instituciones que conocen el trabajo de la Fundación Simón I. Patiño reconocen y valoran el rol que cumplió Ávila para el crecimiento de esta organización, ya que su responsabilidad siempre fue muy grande; no era para menos, ya que fue seleccionado y convocado en Europa para ser parte del proyecto de esta organización en Cochabamba.

Invitación que aceptó con muchos desafíos por delante y que le dio estabilidad laboral durante cuatro décadas, tres de las cuales estuvo a la cabeza de la Fundación.

Hoy, ya jubilado, con el tiempo necesario para disfrutar de otro tipo de actividades, se da un espacio para hablar con la revista Así, acerca de su historia personal y su desarrollo profesional.

DE CUNA VALLUNA

Gonzalo Ávila Lara nació en 1939, en Cochabamba. Sus padres fueron Uldarico Ávila y Marina Lara. Con el tiempo nacerían su dos hermanos, quienes se convertirían en sus compañeros de travesuras y juegos.

Este qhochalo de cepa considera que fue una suerte que sus padres pudieran brindarle calidad en la formación escolar, situación que supo aprovechar hasta graduarse, como una de las promesas profesionales del Instituto Americano, en la promoción 1958.

“Estaba muy orgulloso de culminar mi bachillerato; pero, era consciente que debía elegir mi ca-rrera profesional”, asegura Gonzalo Ávila.

Ingresó a la facultad de Agronomía de la Universidad Mayor de San Simón, un centro de formación en el que desarrolló al máximo su potencial intelectual tras su titulación en 1963.

Años más tarde postuló a una beca ofrecida por la Fundación André Mayer, para que realizar su doctorado en Genética Aplicada en Milán, Italia.

SENTIMIENTO Y ROMANCE

Cuando estaba a punto de concluir sus estudios en la universidad, trabajó en la Estación Experimental de la Tamborada de la UMSS. Durante ese tiempo, y debido a sus responsabilidades, tenía que acudir con cierta frecuencia a la bi-blioteca del lugar. Allí, entre libros, encontró el amor de su vida: la cruceña Ana María Alba, encargada de esa sección.

Después de graduarse como ingeniero agrónomo. Gonzalo Ávila ganó una beca de postgrado en Italia. Ante la inminente partida, la joven pareja decidió contraer matrimonio; ambos dejaron Bolivia, por cinco años, tiempo en el que culminaría su especialización profesional.

Años más tarde, la familia se completó con la llegada de su única hija, Teresa Ávila Alba.

Si bien sentía añoranza por tu tierra natal, la fecha de retorno no estaba cerca, en todo caso, cada vez era más distante, por las oportunidades que comenzaron a surgir a nivel profesional.

“Mi formación era reconocida por mis docentes, y ya estaba como asistente de cátedra en la Universidad de Milán, Italia. De cierta manera, ya estaba analizando la posibilidad de quedarme permanentemente”, recuerda.

PROPUESTA IMPORTANTE

En 1966, el director de la Fundación Simón I. Patiño en Ginebra, John Dubouchet, tuvo una reunión con Gonzalo Ávila para intercambiar ideas acerca del manejo del hospital Albina Patiño, que pronto comenzaría a funcionar en Cochabamba.

Los encuentros entre ambos se hicieron más frecuentes y, en base al respeto y admiración mutua, surgió una amistad. Cada vez que se reunían hablaban de cómo optimizar los ambientes del Palacio Portales, de las deficiencias educativas que tenía Bolivia y de otros temas vinculados al trabajo de la fundación.

En 1970, Dubouchet lo reflexionó acerca de que si bien había estudiado en Europa, sería conveniente que retornara a su país para trabajar por su tierra de origen.

“Volví contratado por la Fundación Simón I. Patiño, para ocupar el cargo de director de la hacienda de Pairumani, donde creamos un centro de investigación para el mejoramiento genético de cereales y leguminosas, y una granja modelo”, señala con orgullo.

En 1972, ingresó a formar parte del Directorio de la Fundación y en 1983 fue elegido como Presidente, cargo que desempeñaría hasta enero de este año, 40 años de servicio organizacional en beneficio del país.

TIEMPO PERSONAL

Después de dejar la presidencia de la Fundación, Gonzalo Ávila dedica gran parte de su tiempo a sus grandes pasiones: la literatura y la escritura.

Muy pronto, publicará un libro de historia boliviana, que cubre el periodo de 1809 a 1825.

“Tengo muchas publicaciones científicas, pero este trabajo es algo que me apasiona y me hace ilusión”, asegura.

Este es el resumen de vida de un cochabambino que dedicó gran parte de su tiempo y de su capacidad profesional para mejorar la investigación en varias áreas científicas.

Ahora, a sus 78 años, Gonzalo Ávila Lara está gozando con mayor plenitud la dicha de ser abuelo y de compartir con su familia.





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