Cochabamba, martes 18 de diciembre de 2018
FERIA LIBRE

Perdón, Mr. Burroughs

| Bartolomé Leal | 30 sep 2018

En una columna anterior donde escribí sobre el filme de Cronenberg El almuerzo desnudo, basado en la novela de William Burroughs, me permití repetir frívolamente el juicio de un amigo escritor jubilado, quien abominó de dicha pieza literaria por “ilegible”. La verdad es que no es nada de eso. Quizás es difícil de leer para quien busca el facilismo de los libros superventa, por autores de prestigio probado; aunque no para un lector interesado de veras en la literatura. Se trata de una obra compleja y oscura. Es destacable, por añadidura, que se erige en una de las principales obras del autor y tiene su lugar entre las novelas sobresalientes del siglo XX.

He tenido la suerte de disfrutar dos novelas tempranas de Burroughs que desconocía (imperdonable para un opinólogo literario, ¿verdad?): Yonqui y Queer. La primera es de 1953 y la segunda fue escrita en la misma época aunque recién publicada en 1985, tras diversas peripecias: rechazo de editores, dudas del autor para publicarla, varias reescrituras y luego canibalización (Chandler dixit) para reforzar Yonqui. Ese título, Queer, que desde el título plantea una provocación, es una novela que se podría llamar “mexicana”, como Bajo el volcán de Lowry, La serpiente emplumada de Lawrence o Los detectives salvajes de Bolaño, entre otras obras eminentes que han disectado el alma de la gran nación mesoamericana.

Yonqui y Queer no sólo son novelas totalmente legibles sino que comunican. Amenas y seductoras. La primera trata de la experiencia del autor con la adicción a las drogas duras y sus sufrimientos durante los períodos de abstinencia, obligado por la falta de dinero o los tratamientos de desintoxicación. La segunda es la novelización de un amor homosexual, donde también aparece como trasfondo el tema de la drogadicción. Yonqui es una novela tensa y dramática, obsesiva en la pormenorización de detalles técnicos acerca del consumo de drogas, llena de ironía y sentimiento autodenigratorio. Queer es patética, contiene confesiones a menudo desgarradoras acerca de un amor equívoco no correspondido; eso no quita que Burroughs se muestre a menudo divertido y sarcástico, a pesar del contenido íntimo de su escrito.

Ambas obras ayudan a entender mejor El almuerzo desnudo. Como en pocos autores, se puede decir que William Burroughs es autor de una sola obra, partida en capítulos y donde su vida personal es tema central. Pero también están sus convicciones políticas. Ambas novelas tempranas iluminan los contenidos de su posterior trilogía futurista Nova, sobre la sociedad totalitaria y el control de las mentes a través de virus inducidos, contaminantes del ser entero, empezando por el lenguaje. Destaca Nova Express, galardonada en el entorno crítico de la ciencia-ficción, aunque debe haber resultado una pesadilla en su traducción al castellano para los lectores del género en la prestigiosa colección “Minotauro”. Se lee mejor si se conoce el resto de la obra de Burroughs.

Digamos como colofón que el detective Bill Lee, alter ego de Burroughs, protagoniza aquellas obras, así como El almuerzo desnudo, dándoles una dimensión biográfica del mayor interés para conocer a este autor fuera de serie, tan influyente en las generaciones posteriores de narradores; amén de enaltecer la relación afectuosa, cómplice y estéticamente provechosa con sus compañeros de generación y amigos personales, Allen Ginsberg y Jack Kerouac. Compañeros de toda laya de aventuras pesadas. En cualquier caso antes que nada es literatura, es narrativa, es arte, es experimento y no pura confesión. He allí su valor primordial. ¡Grande WB!

Escritor chileno - bartolome_leal@yahoo.com





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