Cochabamba, miércoles 17 de octubre de 2018

Armando Chirveches: breve anotación sobre el cinematógrafo

Sobre la perspectiva del audiovisual planteada por el escritor paceño, de quien la Biblioteca del Bicentenario ha publicado su Obra Reunida.
| Claudio Sánchez | 30 sep 2018



Recientemente, la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia ha presentado el libro Obra Reunida, Armando Chirveches. Se trata de un volumen que reúne sus novelas: Celeste (1905), La candidatura de Rojas (1908), Casa solariega (1916), La virgen del lago (1920), Flor del trópico, A la vera del mar (1926); y Artículos de prensa: 1901-1925.

Con un estudio introductorio escrito por Pedro Brusiloff -de quien el Centro de Investigaciones Sociales ya había publicado en 2016 el libro Política y romance en La candidatura de Rojas, de Armando Chirveches, obra ganadora del Concurso Nacional de Tesis 2015-, la Obra Reunida pone en escena a uno de los escritores bolivianos más interesantes dentro de la literatura nacional. Brusiloff sostiene: “Chirveches era la autoridad en temas estéticos. Escribió, más que ninguno, sobre poesía y pintura. El resto de sus publicaciones consisten, mayormente, en diálogos y narraciones humorísticas que dejan entrever la actitud un tanto cínica y atrevida de La candidatura de Rojas” (2018: 21).

En 2014, el Ministerio de Culturas y Turismo publicó, en el marco de su proyecto Biblioteca Plurinacional, en su Serie Reediciones y Antologías, la novela La casa solariega (con el artículo “la” en su título). En el prólogo de ese libro, escrito por Sebastián Antezana, se dice: “Armando Chirveches nació en La Paz en 1881 y murió -por mano propia- en París, en 1926. No es mucho lo que se sabe sobre su biografía, fuera de sus estudios de Derecho, su constante actividad diplomática y sus largas estancias fuera del país” (2014: 7). Brusiloff da ciertas luces sobre la vida de Chirveches, sin embargo aún es una deuda pendiente una biografía más completa.

Lo que sí se destaca en función de la Obra Reunida es la posibilidad de leer –todas juntas- las novelas (en las que de seguro hay mucho de autobiográfico) y sus artículos de prensa en los que se encuentran coincidencias con su narrativa que, de acuerdo con su data, pueden -efectivamente- ser analizados en función de lo que él pensaba y sentía en determinados años.

La nueva publicación de la BBB brinda la oportunidad de hacer nuevas lecturas sobre Chirveches, y desde orillas cada vez más diversas, también como una consecuencia de la evolución natural de la sociedad. En este sentido, resulta particularmente interesante leer lo que el escritor dice sobre el cine en Casa solariega. Refiriéndose a Luque, uno de los personajes en la novela, dice: “Había poquísimos centros de diversión. El Teatro Municipal de la ciudad se abría sólo por temporadas. Los únicos recursos para matar el aburrimiento eran los cinematógrafos, los skating y los clubs. No había ni un solo café-concierto ni un cabaret. Ni el pasatiempo del juego le quedaba, pues solo se jugaba con decencia en los clubs y él no pertenecía a ninguno” (2018: 316). El autor habla de Sucre, y ubica a este hombre llegado desde España, con una vida disoluta, en un contexto provinciano frente a aquello que él ya conoce en ciudades del viejo mundo o en la misma Buenos Aires. El cinematógrafo le resulta algo ciertamente: aburrido.

“Era el Club del Progreso el mejor centro social de Sucre. Dábanse en él los mejores bailes, los más elegantes fice o’clock teas y las audiciones musicales preferidas por la gente distinguida” (2018: 319). De esta manera el autor habla del otro espacio en la ciudad, aquel donde la vida social merece mayor atención, un espacio propicio para el desarrollo de las relaciones sociales, como también el encuentro y la conquista.

Subrayando estas frases de Chirveches sobre el entretenimiento en Sucre, se puede dar paso a reflexionar sobre lo que el cine -como espacio- significaba en la sociedad de aquellos años. Si bien existe como una opción, en realidad no es un lugar que merezca la atención de ciertas clases altas, o de personalidades más bien abstraídas de su realidad y contexto, siempre atentas y con los ojos puestos en lejanas tierras. Sin duda, lo que el autor plantea en Casa solariega es esta continuidad de la “institución colonial” en la ciudad, en el poder, y por qué no decirlo, también en el país.

Es a partir de estas reflexiones –que de seguro no son únicamente de Chirveches– que se puede reconstruir el imaginario sobre el cine en Bolivia, y esto ya es suficiente motivo para celebrar la llegada de este libro, que sin duda cuestiona a la sociedad en muchos niveles y brinda luces para poder seguir pensando sobre lo que somos, de dónde venimos y qué queremos ser. La BBB no es solo una linda colección de libros, es el más importante gesto para poder generar pensamiento y conciencia crítica frente a la realidad del Estado. Si vamos a tener un nuevo paradigma de la cultura en Bolivia, es urgente trabajar en la consolidación de un “corpus teórico” para poder analizar lo que somos y perfilar el futuro.

Desde esta opción de pensar el cine como un espacio social “menor” dentro del entretenimiento para la sociedad boliviana, se pueden analizar fenómenos similares que actualmente suceden. Es necesario hacer estudios de caso sobre el consumo cultural en el país. ¿No es que acaso todavía las elites desprecian ciertos espacios a la hora de elegir a dónde ir?

Crítico e investigador de cine - mardecine@gmail.com



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