Cochabamba, miércoles 17 de octubre de 2018

Apuntes sobre el crítico de arte y su labor

Reflexiones en torno a este quehacer.
| Mireya Sánchez Echevarría | 30 sep 2018

Página Salmón

“Impresióname, sorpréndeme, destrózame, hazme vibrar, llorar, temblar, indignarme, en un primer momento; recrearás mis ojos después, si puedes”. Así reza el imperativo lanzado por Denis Diderot al artista, aforismo plenamente vigente pese a la transformación del arte. No fue él el primer crítico, aunque sí el más conocido por sentar las bases de la crítica del arte, las mismas a las que aún recurrimos los que intentamos formarnos en esta disciplina. Antes, ya Jean Baptiste Du Bos escribía para los salones en 1719 Reflexiones críticas sobre la poesía y la pintura, y luego La Font de Sant Yenne en 1747 Reflexiones sobre el estado de la pintura en Francia. En ellos se encarna por primera vez la figura del crítico como aquel especialista capaz de decodificar y valorar lo que veía, cubriendo así la demanda de un naciente público de masas desconcertado ante un arte finalmente abierto a sus ojos. Ni historiador ni filósofo ni artista ni aristócrata, el crítico nació como un producto de la burguesía: como un intelectual. Alguien que hacía de la crítica una labor sistemática y profesional muy vinculada al periodismo, características que permanecen hasta el día de hoy.

Sin embargo, antes de ellos, ya encontramos una mirada crítica en Platón cuando jerarquizaba no solo a los artistas, sino también a las distintas disciplinas en su cercanía o alejamiento del mundo de las ideas. El filósofo no dudaba en colocar a la poesía en primer lugar y, en último, a la escultura. Más adelante encontramos comentarios sobre arte en Plinio El Viejo, o en Vitrubio que hacía prescripciones sobre cómo debía ser la arquitectura, o ya también en Leonardo Da Vinci que emitía dictados sobre las proporciones áuricas. En el siglo XIX surgirán en torno a la crítica figuras destacadas como Courbet, que a la vez de artista era un crítico muy elocuente desde su trabajo y el de sus contemporáneos. Courbet se caracterizó por emitir apreciaciones contrarias al arte hegemónico de su época: el neoclásico.

Desde 1830, la crítica de arte se vuelve habitual entre los intelectuales. Escritores de la talla de Musset, Stendhal, Heine, Dumas, Gautier se dedicaron a esta labor, en el entendido de que el estilo literario es parte fundamental de ella. A mediados del siglo XIX, el crítico más importante era el poeta Charles Baudalaire por ser uno de los primeros en anunciar la irrupción del arte moderno. En nuestra época, muchos movimientos se han apoyado en los críticos, que han tratado de dar forma a la comprensión del trabajo de los artistas de maneras distintas. Así, resuenan en nuestros oídos los nombres de Greenberg, Rosenberg, Krauss, Berger y Hugges, entre muchos otros cuya obra afortunadamente circula de manera accesible en redes.

En cuanto a la función de la crítica, podemos decir que esta es fundamental en todo arte, y que si bien puede manifestarse como un mecanismo reformador y represor, también puede presentar un componente latente de emancipación inclusive para los mismos artistas al otorgarles los elementos teóricos para su despliegue. Por otra parte, la crítica tiene la facultad de traducir de manera más o menos inmediata lo observado, determina cuál es el valor que tiene la obra en su campo artístico, cuál su inserción en el momento histórico y su pertinencia social. Es decir, conecta lo que está sucediendo a nivel plástico con los propios procesos de una época en particular. El crítico, en ese sentido, es un mediador que permite vislumbrar lo que subyace a la obra artística, pero, además de describir, interpretar y valorar la obra de arte, o sea de situarla, también se dirige a provocar y generar un conocimiento que no siempre está en la obra misma y que puede estar en las técnicas específicas que utiliza el artista. Respecto a ella, Ana María Guash nos dirá acertadamente que la crítica de arte es “el arte de decir el arte”.

¿Qué requiere un crítico para hablar o escribir con propiedad y pertinencia? Un crítico -cuya labor es distinta a la del historiador o al teórico del arte- en la actualidad, y dada la complejidad del arte, debe manejarse con soltura en el campo de las diferentes disciplinas, tales como la historia del arte, la estética, la semiótica, la antropología, la psicología, incorporando inclusive conocimientos de las nuevas técnicas y tecnologías usadas por los artistas que contribuyen todas ellas a generar un discurso más rico y complejo. Asimismo, por la dificultad de traducir un lenguaje mudo en palabras, un crítico de arte, además de poseer buen gusto y sensibilidad, debe contar con las dotes de un buen escritor. De esta manera, la labor del crítico -de un buen crítico- no puede ser más que el resultado del estudio, de la información constante, del diálogo sensible de la obra artística con su tiempo, pero también de un trabajo transparente y honesto que ofrecer a todas las instituciones que hacen al arte, especialmente al público.

En la contemporaneidad del arte, al mismo tiempo que el artista se desacraliza y cunde la idea que cualquiera puede serlo, también la figura del crítico se desbarata y se asume que todos pueden escribir sobre arte, equiparando sus opiniones con las palabras de los críticos especializados. La devaluación de la crítica presente en las redes e incluso en la academia merece duras pero acertadas palabras por parte de Fernando Castro Flórez, profesor de estética en la Universidad Autónoma de Madrid y crítico de ABC Cultural, quien dice: “La práctica del arte, la sistematización de la historia del arte y el ejercicio de la crítica son trabajos y disciplinas con densidad conceptual y vocabularios, técnicas e instituciones, sobre los que parece que puede opinar quien le dé la gana porque, como dice el topicazo, ‘sobre gustos no hay nada escrito’ (a pesar de que las estanterías de estética, por ejemplo, en las bibliotecas, no están vacías de libros fundamentales) lo que legitima a proferir a los cuatro vientos cualquier chorrada que a uno se le ocurra. Salvo a un idiota o a un entrometido (a veces coinciden en todos los rasgos) a nadie (que no es un experto) se le ocurriría perorar sobre mecánica cuántica, química, derecho canónico o psicoanálisis, sin embargo, el entrometido cabalmente ignorante tiene patente de corso en cuestiones estéticas”.

Sin embargo, a pesar de los constantes cuestionamiento sobre la crítica del arte, su casi inexistencia en nuestro medio, y sobre la enorme cantidad de opinadores a los que alude Castro Flórez, considero que una labor seria y entendida hoy más que nunca es necesaria. Y más allá de los motivos expuestos líneas arriba, es fundamental para contribuir a dar luces argumentadas que posibiliten distinguir entre la auténtica calidad de las obras y las imposturas. Necesaria para cumplir una labor pedagógica que permita transformar a los “mirones” y los “paseantes” que circulan por los espacios de exhibición, en un auténtico “público de arte”, es decir, en un tipo de público especializado que tenga conciencia que lo que enfrenta es una obra de arte, y para finalmente, cuestionar profundamente el estatuto mismo del arte contemporáneo.

Filósofa, docente e investigadora - mire_sanchez@hotmail.com



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