Cochabamba, miércoles 12 de diciembre de 2018

“Mi padre fue optimista y luchó hasta el último minuto de vida”

Martha Jaldín Montaño, única hija de Simón Jaldín Álvarez, logró que los dos médicos que trataron a su padre sean enjuiciados, pero, ahora, considera que la administradora de justicia se “parcializó”.
| SULEMA MEZA TIGA WhatsApp: 67598470 | 23 sep 2018

Martha Jaldín, junto a su esposo, muestra la foto de su papá. DICO SOLÍS



“No quiero que otras personas pasen por la pesadilla de ver a un ser querido morir de a poco. Esos malos médicos deben estar presos”, dice sollozando Martha Jaldín Montaño al recordar el “calvario” que vivió su papá, Simón Jaldín Álvarez, en manos de dos galenos, supuestamente especialistas con una amplia experiencia.

Añade que su padre “fue optimista y luchó hasta el último minuto de vida”.

El punateño de 62 años se fue a vivir a Santa Cruz en 2008. Tomó esa decisión luego de varios meses de haber llevado pan de Arani para vender en la tierra oriental y de que las “caseritas” lo aceptaron. Compró un lote, levantó una panadería y emprendió el negocio.

Todo marchaba bien. Simón venía todos los meses a visitar a su única hija, que es egresada de la carrera de Odontología.

En mayo de 2016 sintió una molestía en un diente superior y un dentista cruceño le extrajó la pieza.

Pasaban los días y la herida no sanaba. Martha le pidió que venga a la Llajta para ser tratado. Primero buscó ayuda profesional en el hospital Viedma, pero, como no lograba espacio con un especialista, se vio obligada a ir a un consultorio privado.

El médico Julio G. “me convenció de que con el tratamiento que le haría a mi papá todo estaría bien”.

Le extrajó otras piezas dentales que fueron afectadas con la infección. Le hizo una biopsia y, según el galeno, no tenía cáncer. El diagnóstico fue ostiomielitis aguda (infección en el hueso). Durante cuatro meses soportó raspajes en la zona. Pero, no superaba el mal.

Ante esa situación, Martha le pidió al profesional tratante que haga algo más. Entonces, la contactó con el médico Eduardo M. Luego de ver los antecedentes de Simón, pidió exámenes complementarios y confirmó que no tenía cáncer. Convenció a la joven para que su padre sea sometido a una cirugía para que le haga un injerto usando la técnica microvascular porque era una “innovación y garantizaba que la infección sería superada en un 95 por ciento ”.

La operación duró 10 horas. Ese día, el 23 de agosto de 2016, comenzó la pesadilla para la familia Jaldín.

Simón recibió el alta médica a los 10 días y se fue a casa con su hija.

A la semana, Eduardo M. le envió un mensaje de texto a Martha y le informó que su padre tenía cáncer y que debería ser sometido a cinco sesiones de quimioterapía.

“No entendía lo que pasaba. Si ninguna prueba arrojaba esos resultados”. En su desesperación, aceptó el tratamiento. Pese a que su papá no quería, ella lo convenció.

“Cuando le pregunté al médico quién haría la quimioterapía, me dijo que él porque también es oncólogo. Eso me sorprendió”.

No recibió cinco sesiones, solo tres (octubre, noviembre y diciembre).

A PEDAZOS

Pese al cumplimiento de todas las especificaciones médicas, Simón no mejoraba, sino todo lo contario, con el paso de los días se deterioraba.

En febrero de 2017, le apareció una herida en el pómulo izquierdo. Nuevamente volvió a manos del médico tratante, quien sin ningún reparo y en su consultorio le arrancó la parte del rostro donde estaba la lesión y lo mandó a su casa sin mayores recomendaciones. “Me dijo que con eso estaría bien mi padre, pero no fue así”.

Luego le fue retirando más partes de la cara y la nariz. Basta ver las fotografías que muestra su hija para imaginarse el dolor que sintió el comerciante cada que era sometido a esas “intervenciones”.

Tenía las heridas expuestas, huecos sin piel que practicamente dejaban expuestos los huesos.

“Lo último que me dijo Eduardo M. es que llevaría a mi papá a Sucre para que reciba un tratamiento especial. Incluso, me ofreció pasajes para que lo acompañe”. Fue la última vez que ese “especialista” vio al que luego se convertiría en su víctima mortal.

Al ver el estado de su padre, Martha lo llevó al hospital de Clínicas de La Paz. Ahí, los especialistas le dijeron que Simón no recibió el tratamiento adecuado y que no podían hacer nada. Le aconsejaron que denuncie a los médicos que lo dejaron en esa situación.

“Me quedé desconcertada. No sabía qué hacer. Mi padre me decía que todo saldría bien. Nunca perdió la fe y la esperanza”, recuarda la joven mientras por su rostro se deslizan sus lágrimas.

La vida de Simón se apagó la tarde del 29 de noviembre, una septicemia (infección grave y generalizada de todo el organismo debido a la existencia de un foco infeccioso en el interior del cuerpo del cual pasan gérmenes patógenos a la sangre) que contrajo en las intervenciones en lugares improvisados acabó con los planes del punateño. No logró cumplir su sueño de jugar con sus nietos.

“Mi papá adoraba a los niños”, afirma su hija.

DENUNCIA

El 25 de julio, cuatro meses antes del fallecimiento del comerciante, su hija denunció a los dos médicos que, según ella, son los causantes de ese desenlace.

Después de muchas idas y venidas, la Fiscalía dio curso e inició el proceso por lesiones gravísimas.

Solo para conocer una parte del caso, la auditoría médica externa demandó cuatro meses, cuando las normas señalan que se debe tener los resultados en un tiempo máximo de 15 días.

Por fin, luego de 13 meses de espera y de gastos, el 27 de agosto del presente año se realizó la audiencia de medidas cautelares. Los acusados solo recibieron una fianza de 15 mil bolivianos y la obligación de firmar el libro de control de cumplimiento de medidas cada semana.

“Ni siquiera fueron arraigados. Siguen trabajando como si nada hubiera pasado. Solo queremos justicia y que no condenen a otras familias a sufrir lo que los tocó a nosotros”, afirma Martha.

Las dos partes apelaron. Solo resta esperar.

Cumpleaños

El 2 de enero de 2017 fue el último cumpleaños que le festejaron a Simón. Pese a su estado de salud, recibió a sus familiares.

15 Meses

Simón Jaldín padeció dolores y una serie de malestares durante 15 meses. Los médicos que lo trataron siempre le dijeron a su hija que “todo estaba bien”, pero, nunca logró superar los problemas y murió.





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