Cochabamba, miércoles 17 de octubre de 2018

Dafne Almazán es psicóloga a sus trece años

EFE | | 20 sep 2018

“El cociente intelectual medio de la población general se sitúa entre 90 y 110”, explica Isabel Ancillo, psicóloga especializada en altas capacidades. Se considera que una persona es superdotada cuando tiene un cociente intelectual de, al menos, 130.

“Pero han de cumplirse otras características, como unos altos niveles de creatividad y determinados rasgos de personalidad. Si solo aparece un CI de 130 o superior, estaríamos ante una persona muy inteligente, pero no superdotada”, aclara Ancillo, quien también es maestra, psicopedagoga y miembro de la sociedad para superdotados del Reino Unido, MENSA.

La psicóloga comenta que entre los superdotados se da un desarrollo general más avanzado, tanto físico como sensorial.

“Los niños alcanzan bastante antes la pubertad, por ejemplo. También son personas perfeccionistas, que dan mucha importancia a la justicia, altamente sensibles, procastinadoras (que dejan las tareas para más adelante, las posponen) y con un sentido de la estética muy elevado. Además, suelen tener manías o fijaciones con la limpieza, las enfermedades u otras cuestiones que, a veces, se confunden con un trastorno obsesivo compulsivo”, apunta.

Entre los problemas a los que con más frecuencia se enfrentan está “el aburrimiento por la repetición de contenidos en el aprendizaje académico”, detalla Ancillo.

La especialista subraya que los niños superdotados se sienten “incomprendidos por los niños de su edad, pues se ven ‘entre bebés’, y por los adultos, que los tachan de sabelotodo o raros”.

“Sus sentimientos, muy complejos y difíciles de manejar, suelen causarles problemas. Además, el hecho de no conseguir aceptar que la mayoría de la gente piense y actúe de una manera diferente a la suya también suele ser problemático”, añade.

Familia y escuela

Lo más habitual es que los casos de superdotación los detecte la propia familia “porque son niños extremadamente sensibles a los que todo les afecta y reaccionan de manera desproporcionada a ojos de los adultos. Suelen ser muy selectivos con los niños con los que eligen relacionarse y no les importa estar solos. Preguntan por la muerte a una edad muy temprana. Además, aprenden muy rápido y tienen una memoria prodigiosa respecto a vivencias, de las que hablan incluso en términos de olores, sabores, etc.”, describe Ancillo.

No obstante, también pueden ser detectados en el colegio, cuando “el profesor se da cuenta de que el niño tiene ciertos conocimientos que trata de ocultar. O todo lo contrario, busca llamar la atención por saber mucho más que sus compañeros”, apunta.

La experta señala que es “sorprendente su madurez frente a los compañeros, por el interés que demuestran en ayudarles o por su forma de enfrentarse a los profesores”.

En el terreno académico, algunos niños con altas capacidades obtienen excelentes resultados. Otros, sin embargo, fracasan en los estudios.

En este sentido, Isabel Ancillo subraya que los superdotados dan una gran importancia a la relación personal, por lo que si consideran que el profesor no hace bien su trabajo, no trata bien a los niños o no sabe suficiente sobre lo que explica, acabarán enfrentándose a él de manera activa o pasiva.

“Esto repercutirá en los resultados académicos, de modo que pueden sacar un diez o un cero en la misma asignatura dependiendo de si el profesor les consiguió motivar para ese examen o de si se trata de un educador u otro”, expone.

“Es prácticamente imposible que un niño superdotado aísle lo que siente por sus profesores de lo que son puros conocimientos académicos”, recalca la psicóloga.

Asimismo, indica que este funcionamiento se mantiene en adolescentes y adultos, aunque algo más controlado. No obstante, aclara, que “un superdotado siempre estará muy influenciado por la relación personal con sus profesores, jefes o figuras de autoridad en general”.



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