Cochabamba, viernes 19 de octubre de 2018

Doña Flora seduce los paladares brasileños desde hace 34 años

La “calacaleña” llevó los sabores de Cochabamba a Sao Paulo. Su casa que era un taller de costura, la convirtió en el famoso Rincón de la Llajta, donde los picantes y las sopas satisfacen a propios y extraños.
| Eduardo schwatzberg Sao Paulo / Brasil | 16 sep 2018





Bom Retiro es uno de los barrios históricos de la ciudad de Sao Paulo, Brasil. En este lugar se puede observar la esencia de una de las metrópolis más importantes del mundo, en la que viven inmigrantes de diferentes nacionalidades, culturas y religiones. Coreanos, bolivianos, sirios y turcos, entre otros se alojan en este barrio tradicional.

Ese barrio es una de las mecas paulistanas para el que busca ropa y confección. Concentra a más de 1.200 tiendas que atraen a más de 70.000 compradores todos los días. Ahora, la mayor parte del comercio en la zona es controlada por inmigrantes coreanos. Hay también una significativa presencia boliviana, legal y clandestina.

En una de las calles de Bom Retiro (Alameda Cleveland 698) se encuentra el restaurante el Rincón de la Llajta, cuya propietaria es Flora Fernández más conocida como doña Flora. Con los colores de la bandera boliviana (rojo, amarillo y verde) y adornado con cuadros que muestran la belleza geográfica y cultural de Bolivia, el restaurante recibe a los clientes que vienen a saborear la gastronomía preparada por las manos mágicas de Doña Flora.

Sin embargo, la historia de la cochabambina que tiene cuatro hijos (Erick, Elvis, Adriana y Eliana) como la de muchos otros inmigrantes que prosperaron en la vida, es de esfuerzo, donde la ética por el trabajo y los deseos de superación fueron más grandes que los obstáculos con los que se encontraron en la vida, superándolos y haciendo sus sueños realidad.

Huérfana de padres, fue criada por sus abuelos en la zona de Cala Cala en la ciudad Cochabamba. Dejó el hogar cuando tenía 15 años para comenzar a trabajar. Se inició empleándose en casas de familias qhochalas. Por esa tarea recibía un pago de 40 pesos al mes. Luego de un tiempo decidió irse a La Paz donde, según le dijeron, podía ganar más. Consiguió un empleo en un importante restaurante alemán. Ahí, comenzó a ganar 200 pesos, de los cuales mandaba una parte a sus abuelos.

Posteriormente, un familiar que vivía en Brasil, le indicó que era un país donde se podía prosperar, pero, eso sí, tenía que trabajar mucho y que si se animaba tenía que ir preparada con ese pensamiento. Como Flora era trabajadora decidió asumir la travesía y llegó a Brasil.

Trabajó en pequeñas oficinas y, posteriormente, abrió su propio taller de costura, con lo que ahorró para pagar el alquiler de la casa donde vivía y para pagar las máquinas de costura que compró.

Un problema familiar la motivo a hacer un esfuerzo mayor y trabajar para guardar dinero y comprar su propia casa, donde actualmente está su restaurante el Rinco de la Llajta.

Aprovechando una propuesta de una empresa de ropa que subcontrataba los servicios de doña Flora y ofreció un premio si conseguía producir más. La oferta era buena, pero duplicar el nivel de producción por mes parecía una meta imposible, pero, la cochabambina, junto a sus trabajadores, decidió asumir el reto porque todos iban a beneficiarse. Después de siete meses de trabajo intenso logró comprar su vivienda.

Doña Flora recordó que siempre veía la casa con el letrero en venta, y anhelaba comprarla algún día. Ya pasaron 34 años desde que materializó su sueño.

En la casa siguió con la oficina de costura y vendía empanadas, salteñas, anticuchos y enrollado de carne todos los fines de semana en la cancha donde los bolivianos hacían sus campeonatos de fútbol, en el barrio de Sao Bento.

Un día fue expulsada por el dueño del campo deportivo y se puso a vender en la calle. Una persona, al ver lo que sucedió, le preguntó: ¿Por qué en vez de vender en la calle no lo hacía en su casa?, pero doña Flora dudaba de que esa idea resulte, porque su morada era distante de donde se reunían los bolivianos en aquel tiempo.

Sin embargo, decidió probar suerte y pensó una estrategia publicitaria para atraer a la gente.

En agosto de 1984, la Asociación de Residentes de Bolivianos (ADRB) realizaba una fiesta de gala en homenaje a la fundación de Bolivia.

La qhochala fue la encargada de preparar unos 100 a 120 panfletos hechos a mano, contrató a una persona para que vaya a la fiesta y los entregue. En la publicación daba a conocer todos los datos e indicaba que la primera persona que llegue al día siguiente de la fiesta al restaurante ganaba un fricase y una cerveza gratis. Doña Flora quedó sorprendida por la cantidad de personas que hacían fila muy temprano en la puerta de la casa en espera de cobrar el premio. Fue aquel día que comenzó la historia del restaurante.

Ahora, el 60 por ciento de su clientela es brasileña, las salteñas, el “charquecán”, el chicharrón, la sopa de maní y el picante mixto son las comidas preferidas de esa clientela.

Todos los meses recibe pedidos de salteñas para confiterías brasileñas. En las paredes del restaurante también se lucen notas de importantes periódicos como la Folha de Sao Paulo o el País de España que publicaron sobre el Rincón de la Llajta.

Con 34 años de vida, el restaurante se convirtió en patrimonio del barrio de Bom Retiro, bolivianos, brasileños y de otras nacionalidades aún tienen la posibilidad de conocer el sabor de Cochabamba de las manos mágicas de Doña Flora.

1984

Abrió el restaurante

La cochabambina Flora Fernández abrió su restaurante en agosto de 1984. Desde ese momento, hasta la fcha, no dejó de deleitar con sus potajes a los paladares bolivanos, brasileños y de otros países.

Costurera

La confección de ropa le permitió ahorrar lo suficiente para cumplir su anhelado sueño de tener un techo propio en Brasil.



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