Cochabamba, martes 18 de diciembre de 2018

Cuatro novelas de cochabambinos, entre las 15 fundamentales

Reseñas de los libros de Nataniel Aguirre, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Adela Zamudio y Ramón Rocha Monroy.
| Adriana C. Benítez Ballivián | 16 sep 2018



El Ministerio de Culturas y la carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés hicieron en 2009 la selección de las 15 novelas fundamentales de Bolivia. Las mismas fueron escogidas por un comité de escritores, periodistas y profesionales expertos en el área. Aprovechando la reciente efeméride de Cochabamba, la RAMONA dedica este espacio a reseñas de las novelas escritas por autores regionales.

En cuanto a la lista en general, hay mucho debate acerca de la vigencia de algunas de las obras y sobre algunas novelas que deberían haber sido incluidas. El escritor cochabambino Gonzalo Lema afirmó anteriormente que las 15 elegidas son “un puñado de novelas seleccionadas sostienen el panorama de la narrativa boliviana”. “Son lo mejor que tenemos aunque con alguna ausencia. Por ejemplo: pienso que Prisionero de guerra, de Augusto Guzmán, acompaña mejor, en la narrativa de la Guerra del Chaco, a los cuentos de Sangre de mestizos, de Augusto Céspedes. Aluvión de fuego, de Oscar Cerruto, todavía no alcanzó la calidad indiscutible de Cerruto en los cuentos de Cerco de penumbras. Pienso que Diario del Tambor Vargas es una obra de historia, no de novela. Es decir: es otro estante. También creo que El otro gallo, de Jorge Suárez, es un precioso cuento, pero no es novela. Eso indica que no son 15, sino 12. En todo caso, estas novelas son nuestro esqueleto. Sostienen al resto con gran calidad”.

Por otro lado, Ramón Rocha Monroy, cuya obra El run run de la calavera forma parte de las 15 novelas, señaló: “La edición de las 15 novelas fundamentales ha sido un acierto del Ministerio de Culturas porque nos hizo conocer fuera del país y en nuestras bibliotecas. De las 15 escogidas por más de 50 críticos y gestores culturales en jornadas del Palacio de Portales, cuatro corresponden a Cochabamba: a Nataniel Aguirre, Adela Zamudio, Marcelo Quiroga Santa Cruz y este servidor. ¡Imagínense tener semejante peso en mis hombros! Nunca voy a olvidar que la propuesta de incluir El run run de la calavera provino de Xavier Jordán y recibió de inmediato el apoyo de la delegación cochabambina. De ese modo, integré la selección de 15 novelas que fue ratificada con la Biblioteca Boliviana del Bicentenario, que volvió a escoger esta novela para su colección”.

Sobre su novela, Rocha comentó: “La película Coco, una mexicana anterior y La novia cadáver, de Tim Burton, abordan este delgado papel de celofán que separa la vida de la muerte. Coco tuvo un éxito inaudito, pero pocos recordaron que en 1984 ya le rendimos tributo a la muerte, yo diría que a una visión simpática de la muerte como algo que está allí, en la vida cotidiana, y tan poco separada de la vida que vuelve a cada rato, ya como recuerdo de nuestros seres queridos y sus consejos, ya como una realidad que está muy cerca de nosotros. En 1984, El run run de la calavera recibió el segundo premio del concurso nacional Erich Guttentag, junto a La tumba infecunda, de René Bascopé Aspiazu; el primer premio quedó desierto. Fue una casualidad que ambos escribiéramos sobre la muerte, él como una realidad sombría, yo como una presencia viva. Sin embargo, mi novela no mereció una sola crítica ni reseña, pero ni siquiera una edición oficial, porque Los Amigos del Libro solo publicó la primera parte, no la segunda. Luego de 35 años, El run run mereció la sanción de los críticos que la seleccionaron entre las 15 novelas fundamentales de la literatura boliviana”.

A continuación, reseñas de las novelas de autores cochabambinos.

Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la independencia (1885)

Nataniel Aguirre

Esta novela que, como señala Gustavo V. García en el estudio introductorio de la última edición de la obra, muchos citan y pocos leen. Fue publicada por primera vez el año 1885 en el periódico El Heraldo, con el nombre “Cochabamba. Memorias del último soldado de la independencia”. Sin embargo, para la segunda edición el título se modificó al que ahora todos conocemos. La novela cuenta las memorias de un veterano de la guerra de independencia de Bolivia, Juan de la Rosa. La narración está construida a partir de un lenguaje propio de la enseñanza. El personaje principal le escribe a las generaciones bolivianas más jóvenes. La obra destapa un debate que era ya muy recurrente en su época, el de plantear cuál sería el mejor proyecto de nación para Bolivia. A su vez, retrata a la Cochabamba de antaño como la urbe mestiza y el hogar del pequeño Juan. El autor estuvo siempre muy ligado a la política, perteneció al Partido Liberal del siglo XIX. Le tocó vivir de muy cerca la Guerra del Pacífico y se desempeñó como Ministro de Estado. Su novela Juan de la Rosa es considerada fundamental no solo para la literatura boliviana, sino también para la latinoamericana.

Los deshabitados (1959)

Marcelo Quiroga Santa Cruz

“Es la gran novela del proceso del 52, de su desgate, más bien. Los deshabitados se publicó en 1959 y fue escrita por Marcelo Quiroga Santa Cruz. Cochabambino, nacido en 1931, de cuna nobiliaria, devino humanista comprometido con el campo popular. Político innato que, según los que lo conocieron, hizo armas ideológicas desde el demo-liberalismo, pasando por el nacionalismo revolucionario hasta asentar su convencimiento frente a las desigualdades sociales en la lucha de clases marxista. Muere en 1981, mientras organizaba la resistencia, durante ese asalto a la COB en el que la cobardía de la versión oficial lo declara como “caído en combate”. Hoy todavía la canalla se rehúsa a revelar el destino de sus restos. Producto de las crisis de su tiempo, no faltan quienes ven que en Marcelo al político que le habría ganado la pulseta al artista. Falsa encrucijada, dice Guillermo Mariaca, pues literatura y política son prácticas discursivas que en Marcelo se reforzaban e iluminaban mutuamente. Los deshabitados es una novela que se disfruta, pues marca una renovación del lenguaje en un momento de obstinados realismos. Narrativamente, produce el sentido de las soledades sociales, subjetividades incapaces de comunicarse y reproducir sentido de vida, como la ha leído Sanjinés, a causa de la invasión de lo público, del Estado. Se la puede querer imposibilidad de mundo social en nación compleja y derrota revolucionaria; pero no alcanza. Se la puede perseguir voluntad de lenguaje que opera en la ética del autor para con su acto sin moldes; pero se escapa. Es que Los deshabitados no obra ni frustra, recompone toda una posibilidad de sentidos que no se agotan en lo ético o lo político, sino que viajan hacia las sutiles formas del lenguaje, y así también de vuelta, para componer lo maravilloso del arte: pensamiento social desde el subversivo disfrute de su forma” (Javier Velasco Camacho, en el estudio introductorio de la nueva edición de la obra).

Íntimas (1913)

Adela Zamudio

Esta novela, perteneciente el género epistolar, fue la única de la autora. La escritora nacida en Cochabamba ha sido reconocida en los últimos años como una figura fundamental para la lucha de género en Bolivia, teniendo a su trabajo en la poesía como la herramienta fundamental en la búsqueda por la equidad de género. Sin embargo, es necesario leer Íntimas para darse cuenta de que Zamudio era mucho más que solo sus poemas. La inclusión de la novela en las 15 más importantes de la literatura boliviana no debe verse solo como un evento fundamental para el debate de género, sino también se debe reconocer el inmenso valor literario que tiene la obra al haber explorado con su escritura campos que, para su tiempo, parecían ser banales. Como ella misma afirmó, es una novela de mujeres y para mujeres, en la cuál se toca el lado más privado de la sociedad cochabambina de la primera mitad del siglo XX. La autora, quien fue muy criticada por dicha novela en su época, busca establecer por primera vez la búsqueda de la identidad de lo femenino, dejando de lado el típico lenguaje masculinizado y extremadamente racional que era, en ese entonces, el eje central de la escritura nacional.

El run run de la calavera (1983)

Ramón Rocha Monroy

“El destino de El run run de la calavera, novela del escritor cochabambino Ramón Rocha Monroy (1950), está marcado por sucesos peculiares. La novela se publicó completa recién después de la primera edición (Los Amigos del Libro), en la que fue omitida la segunda parte. Las siguientes dos ediciones, segunda y tercera, circularon junto a distintos periódicos nacionales. Su destino insólito, entre trágico y lúdico, parece plantearse como una extensión de la novela. La realidad extraña, posible y exagerada en El run run de la calavera parece haberse hecho carne en los sucesos que depararon su distribución. La novela establece la atención sobre la relación que existe entre la vida y la muerte. El día en que empieza el relato es el 1 de noviembre, el Día de los Difuntos. Esa línea imperceptible que divide estos dos mundos es el espacio que instaura el libro, es en ese lugar, imaginario y casi inexistente, donde los vivos y los muertos se van a relacionar. Los difuntos, personajes muy importantes, reclaman al principio del libro el hecho de estar olvidados en un día tan importante, por esto deciden salir del cementerio a bloquear la carretera. De esta manera, la delgada línea que separa la vida y la muerte se desvanece para crear un espacio nuevo donde los cadáveres y sus familiares supervivientes comparten un territorio. Esta ‘invasión’ quiebra la realidad (…)” (Mauricio Murillo, en La Prensa).

Estudiante - benitezballivian@gmail.com



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