Cochabamba, miércoles 17 de octubre de 2018

Lo femenino como invocación

Sobre la obra de la compañía Agustina Sario (Argentina), presentada recientemente en el concluido Festival Internacional de Danza Contemporánea del Centro Patiño. 
| Fabiana Barreda | 16 sep 2018



La obra de Agustina Sario “Solo Nº3” es una creación donde el cuerpo de la artista se une con lo sagrado. Lo sagrado como conexión entre corazón y cosmos, unión que se crea entre la singularidad de la biografía y lo universal de la cultural.

La obra propone conectar el cuerpo en su fuerza ritual, ancestral, tomar la danza en sus orígenes antropológicos como rito de pasaje, transmutación del sujeto de un estado subjetivo a otro, renovación de la piel como las serpientes. Renacer como otro con toda su fuerza.

Aquí la bailarina toma su cuerpo como un territorio mágico donde la música como soporte experimental, a través de Matthieu Perpint y Demian Velazco Rochwerger, crea una voz, una rítmica, un pulso donde los movimientos nacen de un alfabeto de arquetipos antiguos y futuros.

La piel y el pigmento dorado como el sol puesto en el cuerpo son la alquimia renovada, donde el oro es el estado luminoso del alma. En la pieza lo animal da la fuerza sangrante de la transmutación, una mujer árbol vibra desde el bosque y va a su sexo a cortar esa cola voluptuosa y salvaje para dar paso a otro estado físico. La danza es allí una forma de iniciación a otro estado del cuerpo y sus energías expandidas.

El mapa espacial donde se inaugura este nuevo estado es creado por la artista, un territorio dibujado desde las semillas y el color va mapeando una cartografía simbólica donde el movimiento crea el espacio como dibujo. Aquí performance, acción y danzan se cruzan, se fusionan y se activan en el puro presente del acto único e irrepetible, una invocación psicológica, al estilo de Jodorowsky, que permite crear nuevos imaginarios sobre la femineidad.

Como en las obras de Ana Mendieta, Marina Abramovic , vanessa Beecroft, Coco Fusco y otras artistas la resignificación del cuerpo femenino se manifiesta en el rito y su intensidad. Una flor da a luz a una mujer, un vestido de pétalos se abre en forma de vagina y la sexualidad poderosa de la danza crea una nueva diosa, el nacimiento de Venus.

Hoy la diosa abre paso a su potencia, a su magia, sus nuevos atributos eróticos regeneran y recrean una nueva imagen de mujer, unida a los bosques, a los frutos, a las flores, al agua y al cielo, una Eva en su esplendoroso Paraíso.



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