Cochabamba, domingo 18 de noviembre de 2018

Diego: “Recién me di cuenta de que era machista y mi familia sufría”

Un chofer del transporte público está preso tras ser condenado por violencia intrafamiliar. La terapia que recibe en un penal le ayudó a reconocerse en la descripción de las características de la ideología del machismo.
| darynka sÁnchez a. WhatsApp: 75900302 | 09 sep 2018

Un mural del Centro Terapéutico Hombres de Paz, en Cochabamba.

Diego está preso. Fue condenado a cuatro años de cárcel por el largo historial de violencia que ejerció contra su esposa y sus hijos, durante mucho tiempo.

En la cárcel de San Sebastián, asiste a las terapias realizadas por el Centro Hombres de Paz en ese espacio, una vez por semana.

Tiene 39 años y se ganaba la vida como chofer del servicio de transporte interdepartamental, hasta que fue aprehendido, procesado y sentenciado, luego de que su esposa lo denunciara por la última golpiza que le propinó.

“Desde que asisto al grupo, me he dado cuenta de que era yo muy machista, porque pensaba que los hombres debíamos mandar y decidir todo en la casa. Yo decía qué se iba a cocinar, dónde iban a estudiar mis hijos, qué veíamos en la televisión, a dónde salíamos, todo”.

Y cuando su familia se resistía a sus planes, o no cumplía con sus órdenes, estallaba en ira, insultaba, ofendía y golpeaba. “Quería que me obedezcan a la fuerza”, admite.

Por otro lado, su familia se sentía relegada. “No les dedicaba tiempo porque me la pasaba viajando y trabajando. Yo solo quería hacer más dinero, y no pensaba en mi esposa, ni en mis hijos. Fue un gran error”.

En cuanto se vio reflejado en las características de un machista y entendió el daño efectuado, llamó a su esposa para pedirle perdón. “Ella viene a visitarme, pero desconfía. No es fácil. Pero sí ha notado que ahora la escucho, y que respeto sus decisiones. He cambiado mi forma de tratarla y, cuando salga de la cárcel, quisiera darles mi tiempo, respeto y todo lo que no les di cuando estaba libre”. Diego ya asistió a 13 sesiones de terapias grupales e individuales. “Es como si me hubieran quitado una venda de mis ojos”, reconoció.

Otra actitud

“Ahora escucho a mi esposa y respeto sus decisiones. Cuando salga quiero darle a mi familia mi tiempo y el respeto que no les di”.



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