Cochabamba, domingo 23 de septiembre de 2018

Burt Reynolds, un caradura simpático

El actor estadounidense, que fue un rostro muy popular del cine de Hollywood entre los 60 y 80, falleció el jueves pasado, a los 82 años.
| Javier Memba | 09 sep 2018



No es bueno juzgar el pasado desde la perspectiva de nuestros días. Pero el error no parece serlo tanto si se cae en él para ayudar a comprender aquello sobre lo que se emite el juicio. Burt Reynolds -que falleció el jueves en el hospital de Florida donde estaba ingresado- fue el último representante del aventurero optimista del cine estadounidense. Aunque sus días de gloria se extendieron desde finales de los años 60 hasta mediados de los 80, su prototipo era el mismo que el de Clark Gable, Errol Flynn y algunos otros gallardos calaveras del Hollywood clásico. Demasiado falócratas para nuestros días.

Ahora bien, en honor a la verdad -y al canon de nuestro siglo XXI- hay que hacer notar que Reynolds también fue una parodia deliberada de todos ellos. Sí, señor, su musculatura, sus formas con las mujeres, su tosquedad intencionada llegado el caso, incluso su “pecho lobo”, no eran más que una broma sobre todo aquello. Un caradura simpático (John G. Avildsen, 1975) fue el título de una de sus cintas más taquilleras. No hay duda de que también es el que mejor define su estilo.

Burt Reynols se ha ido sin llegar a despejar las dudas sobre su lugar de nacimiento. Algunas noticias hablan de Waycross (Georgia), otras de Lansing (Michigan). Todas coinciden en que el futuro intérprete vino al mundo en 1936. Cursó sus estudios secundarios en un instituto de Palm Beach y el fútbol americano fue para él lo que ya había sido para John Wayne: la forja de su corpulencia, su catapulta al estrellato. Tras abandonar el deporte profesional a consecuencia de una lesión, cursó estudios de arte dramático.

Su debut en la pequeña pantalla se remonta a finales de los años 50. Entre sus primeros trabajos destacan colaboraciones en telewesterns como Ponny Express (1959) y Riverboat (1959-1960). En esta última serie encarnó a Ben Frazer. Fue su primer personaje de reparto. Entre aquellas primeras emisiones, no faltaron espacios dramáticos tan prestigiosos como Playhouse 90 y una intervención en Alfred Hitchcock presenta, serie casi preceptiva para los actores de su generación. Con el tiempo, Reynolds sería Quint, uno de los protagonistas de La ley del revólver (1962-1965), una de las cimas del western televisivo y colaboraría en La dimensión desconocida, que es otro tanto a la televisión fantacientífica.

Sin embargo, aún habría de pasar casi una década antes de que la estrella del antiguo deportista despuntase. Como tantos intérpretes estadounidenses que no acababan de alcanzar la gloria en Hollywood, Reynolds también visitó Almería para protagonizar un spaghetti western: Joe, el implacable (Sergio Corbucci, 1966). Joe, su personaje en el filme, era el más bravo de los navajos. Debió de ser entonces cuando empezó a creérsele medio indio entre los aficionados. Volvió a visitar España para el rodaje, y volvió a recrear a un nativo estadounidense en Los 100 rifles, dirigida por Tom Gries en 1968.

No mucho después, en 1969, Reynolds protagonizaba para Sam Fuller Arma de dos filos. Unos meses antes, había dado vida por primera vez a ese caradura simpático que habría de ser su prototipo en Sam Whiskey (Arnold Laven, 1969). No en vano era aquel uno de esos westerns paródicos que proliferaron en el otoño del género. La crítica reparó por primera vez en Reynolds por su creación de Lewis en Defensa (Deliverance, 1972), una de las grandes cintas de John Boorman, todo un alegato contra la brutalidad del ruralismo, sobre una novela de James Dickey. Todavía se sigue considerando la cima de la filmografía del intérprete. Bien es cierto que después llegaron títulos como Los aventureros de Lucky Lady (1975), del gran Stanley Donen, y Así empezó Hollywood (1976), de Peter Bogdanovich. Pero el destino de Reynolds estaba en la cartelera más comercial.

A Los caraduras (Hal Needham, 1977) le sucedió una pequeña saga. A las órdenes de Needham, Reynolds llegó a ser uno de los actores mejor pagados del Hollywood de su tiempo. De entonces datan títulos como Hopper el increíble (H. Needham, 1978), Los locos de Cannon Ball (H. Needham, 1981) o La casa más divertida de Texas (Colin Higgins, 1982). Convertido en productor de algunas de sus cintas en 1974, el actor debutó en la dirección en 1976 con Gator el confidente.

Acaso consciente de que su parodia no era la socarronería de los aventureros del Hollywood clásico, en paralelo a su actividad más comercial, Reynolds también trabajó con cineastas como Blake Edwards en Mis problemas con las mujeres (1983).

En lo que su vida privada respecta, mujeres nunca le faltaron. Tras un primer matrimonio con la actriz Judy Carne, tuvo una larga relación con Sally Field y con la cantante Dolly Parton. La también actriz Lorni Anderson fue su última esposa. (Tomado de El Mundo)

*Periodista



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