Cochabamba, martes 16 de octubre de 2018
FERIA LIBRE

Mario Bava

| Bartolomé Leal | 02 sep 2018

En mis tiempos de cineclubista y editor de una revista de cine, buena parte de mis amigos críticos tenían como referente a Juan Menie. Este era un personaje de ficción creado por otro amigo, el escritor Mauro Yberra. Pues Juan, una especie de doble del ficticio, reside actualmente en París. Me guardo la identificación carnal para proteger su invisibilidad, aspaviento que ha mantenido desde la cuna y lo acompañará hasta la tumba. Se le distinguía a Juan Menie como el chileno (ahora francés) que más sabía de cine. A él se consultaba por películas inglesas raras, filmografías de cineastas japoneses olvidados, actrices italianas en papeles secundarios de comedias de segunda, oscuras versiones no convencionales del Hombre-Lobo, compositores de bandas sonoras de una o dos cintas execradas...

Cuando se le preguntaba por su cineasta predilecto, por lo general respondía: Mario Bava. El cine de horror era su tecla predilecta. Casi nadie lo conocía a Bava. Juan sí, lo buscaba (con otras películas que alimentaban su gula cinéfila) por institutos binacionales, salas de reestreno, canales de TV y algún viaje. Eran otros tiempos, no como ahora que con el emérito VHS primero, el DVD y el Blu-ray después, e incluso la TV de pago y YouTube, se puede acceder a películas que han sido objeto de deseo por décadas. Al menos en mi caso. En el mercado de pulgas Bio-Bio encontré hace poco el sanctasanctórum de un joven jorobado que trafica con cine de horror. Pues de allí salí con una ruma de películas de Bava, de Argento y Lucio Fulci (seguidores de Bava), y del español Ossorio. Para empezar, vaya.

Bava es un autor de culto, para mí, precisaba Juan. Nadie como él ha sido capaz de hacer el mejor cine de horror en color en la historia del género. Aunque su primera obra maestra es en blanco y negro, La máscara de Satán, de 1960, barroca, vaticana, cruel. Sublime Barbara Steele, musitaba Juan Menie. No puedo negar, elaboraba, que Bava seguía los patrones establecidos por la Hammer Films y Roger Corman, pero a su modo tremebundo. ¡Produjo, escribió guiones, fotografió y dirigió más de un centenar de películas entre 1943 y 1979! Usó seudónimos. Su influencia llegó a los grandes: Coppola, Scorsese, Visconti, Fellini, la dupla Robert Rodríguez/Miller, Kubrick, Lynch, Tim Burton... Varios lo han expresado.

Les voy a mencionar apenas tres películas fundamentales, seguía perorando Juan. La fusta y el cuerpo, de 1963, que reúne a un joven Christopher Lee con una sex-symbol de la época, Dhalia Lavi, una historia de crímenes, fantasmas y sadomasoquismo explícito, en su tiempo censurada y prohibida. Ambientada en un palazzo romano, donde la particular forma de iluminar de Bava, ajena a toda preocupación por la verosimilitud, otorga a la película un aire envolvente de misterio, poesía pura. Otra de mi gusto es Black Sabbath o Las tres caras del miedo, también de 1963, con Boris Karloff, que une tres historias de Chejov y Tolstoi. Anoto que Juan no sabía que en honor a esta película se “bautizó” Black Sabbath, el grupo heavy metal de Ozzy Ousborne. La familia de Bava la componen demonizados/as, brujas, vampiros, asesinos seriales, torturadores, psicópatas, lunáticas, criptas, sarcófagos y escorpiones, todos los miedos, cuyo mundo desquiciado recrea en insólitas escenografías.

La tercera cinta que señaló nuestro amigo fue Seis mujeres para el asesino, de 1964. La ambientación en una elegante mansión de alta costura es un prodigio de originalidad y erotismo, donde maniquíes desnudos alternan con mujeres preciosas que se visten y desvisten entre decoraciones sofisticadas, mientras un asesino de cara cubierta y sombrero de fieltro acecha para perpetrar recónditas venganzas e inenarrables perversiones. Palabras de Juan Menie. Vale señalar que Bava es referente también en el género giallo (amarillo), el policial italiano, y en la ciencia-ficción, con su clásico El planeta de los vampiros, de 1965.

Escritor chileno - bartolome_leal@yahoo.com



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