Cochabamba, viernes 21 de septiembre de 2018

De Helena de Esparta y el Pharmakon a Helena de Troya y el amor

| Ivy Paz Kirchheimer PsicÓLOGA ivipazkir@hotmail.com Salta-Argentina | 02 sep 2018

Helena es un personaje de la mitología griega, hace su aparición en los relatos de Homero, quien la describe como la mujer más hermosa del mundo. Su belleza la llevó a tener muchos pretendientes quienes se disputaron su amor, pero ella fue obligada a casarse con Menelao, hermano del rey Agamenón, hombre al que nunca amó, motivo por el cual no fue feliz. 

Evadiéndose de su vida doliente, Helena se reunía con sus acompañantes femeninas a consumir sustancias psicoactivas. Si bien los griegos consideraban al opio como algo que hacía olvidar cualquier pena, en el corpus hipocrático se decía que las drogas eran sustancias que actúan enfriando, calentando, secando, humedeciendo, construyendo y relajando o haciendo dormir.

Sobre el consumo de drogas, Homero en el texto “La Odisea” dice que Helena hablaba de mezclar fármacos saludables con otros que tienen efectos mortales.

Este “ritual” de Helena de Esparta cambia cuando en Paris, el hijo del rey Príamo de Troya, es enviado a un acuerdo diplomático con Menelao; ahí conoce a Helena, de la cual se enamora, amor que le es correspondido, mediante la diosa Afrodita que le había ofrecido el amor de la mujer más hermosa del mundo, escogiendo a esta diosa y no a otras que le habían ofrecido ser un gran rey y guerrero.

Helena es raptada en un cofre para ser llevada a Troya; ahí comienza su vida como Helena de Troya, con ello cambia sus consumos nocturnos por el desvelo de su amor.

Sigmund Freud en “El malestar en la cultura “dice que la cultura conlleva un malestar y que las vías para paliar esa situación pueden ser por:

el delirio, la religión, sublimación, las distracciones poderosas, el amor y los narcóticos; afirma que cada sujeto debe encontrar la suya.

No propone una respuesta universal, pone el acento en la importancia de que cada uno encuentre su propio camino en la búsqueda de una solución, dice: “La felicidad considerada en el sentido limitado cuya realización parece posible, es meramente un problema de la economía libidinal de cada individuo. Ninguna regla vale para todos, cada uno

debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz”.

Cuando hablamos de Helena de Esparta y su salida de la toxicomanía, en la cual hay un desenganche con el otro, con la palabra, el consumo de sustancias no posibilita el uso de la palabra. Mientras que Helena

de Troya buscó la salida a través del amor que también conlleva como los narcóticos un peligro, pero que existe un Otro. En Helena vemos

como logró saber qué hacer con su sufrimiento, pudo transformar el uso de pharmakon a un amor.

Lo que cabe preguntarse es: ¿El amor es una salida de la toxicomanía? Tal vez esto sea posible, porque la toxicomanía rechaza al otro y en el amor se va a su encuentro.

NOTA: para cualquier consulta o comentario te puedes contactar

con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com o al teléfono/whatsApp 62620609. Visítanos en Facebook : LECTURAS SUTILES



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