Cochabamba, viernes 14 de diciembre de 2018

Taxi driver: cura, redención y crimen

| Favio Javier Sándoval López psicOLOGÍA favio.javier.sandoval.lopez@gmail.com | 26 agos 2018

Tradicionalmente se consideró al superyó como una instancia que cuestionaba el actuar de las personas. Así se puede pensar que el ser humano es un animal dominado por pasiones salvajes, las cuales son reprimidas por un censor efectivo que conduce a la mesura. 

Fiel a su estilo, Jacques Lacan —sin embargo— indica que el superyó no es una barrera, sino un empuje al goce y, en ocasiones, ese impulso roza el crimen. Por si no fuera suficiente, lo vincula con lo femenino.

Muchos han comentado sobre eso, pero a esta columna le interesa referirse sobre tres aspectos: el hombre, el empuje del superyó y la feminidad. En la película “Taxi Driver” hay algo de esto.

Para quien no haya habitado la tierra en los últimos 30 años, “Taxi Driver” es una película dirigida por Martin Scorsese; es uno de los clásicos del cine mundial y ha sido referenciada en infinidad de ocasiones, incluso en dibujos animados, aunque, debido a su cruda violencia, no es una película infantil. Realicemos un análisis al respecto.

Travis Bickle se halla perdido en la vida. Debido a su insomnio, decide manejar un taxi en el turno nocturno. Como él mismo reconoce, no

ha encontrado qué hacer con su existencia y vive un constante vacío. Es el momento de la locura, evidenciada desde las primeras escenas, en las cuales los ojos del taxista ven la ciudad desde la distorsión de su decadencia. Es un hombre contradictorio, pues, detesta todo el caos de la urbe, pero él mismo es un ser sin rumbo.

Travis —sin embargo— reconoce que siempre ha querido buscar

la salvación en los brazos de una mujer, búsqueda inútil, pues Dios

lo ha condenado a la soledad. En este punto, se debe mencionar a dos mujeres importantes en la vida del protagonista: Betsy, una activista política, e Iris, una prostituta adolescente. Por lo que deja entrever la película, representan dos dimensiones enlazadas: son filmadas a distancia (Betsy de una manera angelical e Iris como una visión en medio del infierno) y ambas representan a un hombre (Betsy al candidato Palantine e Iris a su proxeneta “Amoroso”).

El protagonista siente una gran conexión con estos personajes, pero fracasa en su intento de redención: no logra formalizar su relación con Betsy y tampoco puede rescatar a Iris de la prostitución. Es el momento en el que sentimos que algo está a punto de ebullir, el instante del crimen. Travis decide tomar las cosas por sus manos, mata al proxeneta y a otros dos hombres. Al final de todo, la redención y el crimen quedan macabramente vinculados.

En ocasiones, una mujer para un hombre puede ser lo más sublime. Sin incurrir en un capricho, podemos juzgar certera la afirmación que indica que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, pero —a la par— se podría decir que —en ocasiones— detrás de un hombre infame, hay una voz femenina que impulsa la bajeza aberrante.

Por un lado se tiene la mano de Antígona acompañando a su padre Edipo, hasta el fin de sus días; por otro, tenemos a Lady Macbeth, ocultando la daga con la que su marido asesina al rey.

Para un hombre a veces una mujer puede ser la redención, pero también la locura.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com o al teléfono/whatsApp 62620609.

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