Cochabamba, jueves 15 de noviembre de 2018

Solenoide

Sobre la novela del escritor rumano Mircea Cărtărescu, publicada en 2016.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 26 agos 2018



Mircea Cărtărescu apostó a lo grande y ganó: hizo una novela monumental de más de mil páginas, mitad ciencia ficción, mitad realidad. Solenoide es un artefacto que flota en medio de la mente, ingresa poco a poco, gota a gota y luego desaparece, como todo texto desaparecerá sobre la faz de la Tierra.

El narrador es un escritor mediocre, que en su juventud logró escribir un poema llamado “La caída”. Después de recitarlo frente a un club de lectura y que un crítico defenestrara la obra, el escritor decide dejar la literatura. Luego se dedicará a enseñar en una escuela casi rural y escribir un diario, que al mismo tiempo es Solenoide.

“Un solenoide (del griego, ‘solen’, ‘tubo’, ‘conducto’, y ‘eidos’, ‘en forma de’1) es cualquier dispositivo físico capaz de crear un campo magnético sumamente uniforme e intenso en su interior, y muy débil en el exterior. Un ejemplo teórico es el de una bobina de hilo conductor aislado y enrollado helicoidalmente, de longitud indeterminada”.

La narración se divide en dos mundos: un Bucarest comunista, con toda su realidad, con profesores que golean a los alumnos, con piquetes de huelga, con calles en la noche negra, una ciudad que fue construidas en ruinas; la otra Bucarest es un misterio, está llena de solenoides, de bajos de las casas, personas que desparecen y son abducidas por seres que convierten a los humanos en hombres transparentes, y melancólicos.

El profesor vive en una casa en forma de bote que lo compró con un préstamo de sus papás. Cuando duerme, activa el solenoide y flota sobre las sábanas. Es divorciado y su mujer es una enferma mental. Los pocos días que es feliz (una felicidad momentánea) es cuando Irina, la profesora de física, lo visita y hacen el amor, flotando, como dos planetas en la oscuridad de la noche.

Cuando era niño leyó una novela titulada El tábano y, aunque no entendía, lloró. Fue el momento en que decidió ser escritor. Cuando ya fue adulto, fue a visitar un librero y este le dijo que tenía un libro que le interesaría, un libro ilegible, lleno de palabras que nunca pudieron ser descifradas, que nadie pudo leerlo, que pertenecía al padre de la autora que le hizo llorar. Pero para prestarle debía hacer un sacrificio.

Mircea Cărtărescu escribe su novela bajo los cimientos de Borges (libros y ciudades imposibles), de Kafka (un hombre que es sometido por su sociedad y no sabe cómo salir de ella), de Pynchon (el lenguaje se transforma en un juego y la conspiración es el fondo de algo que apenas puede ver el narrador), y de Swift (Bucarest es una fábula de la vida, de un hombre que está muriendo y dando sus últimos respiros).

El profesor tenía un hermano mellizo, pero murió, y cuando cumplió los ocho años le dio tuberculosis. Sus padres lo internaron en una especie de hospital residencia. Uno meses antes le sacaron las amígdalas, pero fue extraño: su madre lo vestía como niña o quería que fuera niña. ¿Nunca lo sabremos? Desde que salió de la operación empezó a vestirlo como niño.

Mircea Cărtărescu es el escritor de éxito, el narrador es un escritor mediocre que cuando termine de escribir su diario lo echará al fuego, como lo decidió Kafka (aunque su amigo salvó de las cenizas sus novelas).

El profesor se dará en sacrificio, a través del solenoide habitará un mundo en el brazo del librero. Y tal vez así pueda ser libre. Se entregará a los ácaros y será ácaro, y morirá para salvarlos y para que entiendan que ahí afuera hay algo más. ¿El padre? ¿La nada? ¿La orfandad?

Periodista – zion186@hotmail.com



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