Cochabamba, miércoles 21 de noviembre de 2018

Apuntes sobre V.S. Naipaul, un mundo de exilio antipático y arrollador

Para unos “genio” literario, para otros un “monstruo” asocial. Sin duda polémico, fue uno de los escritores más importantes del siglo XX. Compartimos unos exquisitos apuntes sobre su vida y su escritura. Murió el 11 de agosto.
| Daniel Gascón Letras Libres | 19 agos 2018

JOHN MINIHAN

1. Buscando el centro: “Naipaul, el hombre de Trinidad, donde, como a menudo nos cuenta, la historia es oscura y vaga, donde se hacen pocas cosas, donde las ambiciones se deshacen en arena, está interesado en los hombres que quieren escapar del Destino. El Destino pertenece a un mundo de magia y mitos y ritual, un mundo con un pasado pero sin historia. Los héroes de Naipaul no siempre logran despojar a los rituales de su magia; su búsqueda de la libertad es a veces patética, confusa, incluso desesperada, pero al menos plantan cara”, escribe Ian Buruma en el prólogo de la edición en Penguin de Una casa para mister Biswas, que muchos consideran la primera gran obra de V. S. Naipaul (Trinidad, 1932-Londres, 2018)

Añade Buruma: “Naipaul tiene una mirada aguda y a menudo despiadada sobre las debilidades de la gente, pero nunca desprecia el anhelo colonial de la metrópoli, del mundo más grande y difícil, que solo se conoce a través de los libros. Hacerlo sería despreciarse a sí mismo. Son, más bien, algunos de sus lectores de las antiguas colonias los que desprecian al escritor por esforzarse tanto por estar a la altura de los estándares metropolitanos más elevados, como si esto fuera una traición a su suelo natal. Naipaul ha sido acusado de ser un reaccionario, incluso un apologista del colonialismo, especialmente por los que son dados a los sueños nativistas. En realidad, Naipaul es lo opuesto a un reaccionario. Su insistencia en los estándares metropolitanos y su ira ante la aceptación colonial de las cosas de segunda fila no es una manera de presumir ante los viejos maestros coloniales. Al contrario, es su forma de afirmar el orgullo de un hombre libre”.

2. “Cuando empecé no tenía ni idea del camino a seguir. Únicamente quería escribir un libro. Intenté escribir en Inglaterra, donde me quedé después de los años de universidad y me parecía que mi experiencia era muy escasa, que no podía sacar de ella auténtico material para libros. No encontraba en ningún libro nada cercano al ambiente en el que yo me había criado. El francés o inglés joven que deseara escribir habría encontrado innumerables modelos que le indicaran el camino. Yo no tenía ninguno. Los relatos de mi padre sobre nuestra comunidad india eran cosas del pasado. Mi mundo era diferente. Era más urbano, más variado. Los detalles simples de la caótica vida de nuestra familia extensa –dormitorios o espacios para dormir, horas de las comidas, la cantidad de personas– parecían escapárseme de las manos. Había demasiado que explicar, tanto sobre mi vida familiar como sobre el mundo exterior. Y al mismo tiempo había demasiadas cosas sobre nosotros –como nuestra ascendencia y nuestra historia– que yo no conocía”, dijo en su discurso de recepción del Premio Nobel, en 2001.

3. Los primeros libros de Naipaul muestran un descubrimiento de sí mismo: “del hijo de las colonias que había crecido en una isla diminuta y atrasada en el Caribe, en medio de una aislada comunidad india, y luego con la población racialmente mixta de Puerto España: el hombre que no tenía ni un pasado ni afiliaciones claras, y que había tenido que entender el mundo al que había sido arrojado mientras intentaba percibir las muchas hebras que configuraban su ser”, escribe Pankaj Mishra en el prólogo de la edición inglesa de El escritor y el mundo (Debate). Hay algo de eso en muchos de sus personajes, como Salim, el protagonista de Un recodo en el río, o el Willie Chandran de Media vida y Semillas mágicas, o en el narrador de El enigma de la llegada (todas ellas en Literatura Random House).

Mishra explica que en la antología El escritor y el mundo Naipaul escribe sobre “gente engullida por una historia cruel”. Los individuos sobre los que actúan esas ideologías –el poscolonialismo, el nacionalismo, el tercermundismo– “están normalmente ausentes de los relatos académicos y periodísticos de los países de África y Asia”. En los ensayos de Naipaul, sin embargo, “destacan claramente: en medio del caos y dolor de sus sociedades subdesarrolladas, ‘despertando a ideas, historia, un conocimiento de la injusticia y un sentido de su propia dignidad’. Puedes situarlos al principio o en el centro del viaje que el propio Naipaul ha hecho: el lento ascenso desde la destitución; la configuración del nuevo mundo; la larga mirada hacia las propias sociedades ancestrales; el despertar libre de espejismos hacia el mundo más amplio: todos los autodescubrimientos de hombres desarraigados que son la obra acumulada de generaciones pero que en el caso de Naipaul van en un telescopio, a través de los rigores de la escritura y el viaje, en una sola vida.

“Es difícil pensar en un escritor más fundamentalmente exiliado, que lleva en su interior tantos mundos que chocan y se desvanecen en su interior. Pero lo que es más llamativo en el agudo sentido que tiene Naipaul de la gloria y la satisfacción contenidas, su percepción del engaño y la tragedia –inseparables de su origen y experiencia–, coexiste con una actitud de aceptación y optimismo, con una bien fundada confianza en el esfuerzo y la perfectibilidad humanas”.

4. “Fue mi padre quien me transmitió la ambición de ser escritor”, escribe Naipaul en “Prólogo a una autobiografía”, un hermoso ensayo recogido en Momentos literarios donde cuenta los inicios de su escritura. La vocación y sus complicaciones es uno de los temas de su obra, y es lo que produce algunas de sus páginas más memorables.

Está detrás de esta genial bronca a su padre, animándolo a escribir, incluida en Cartas entre un padre y un hijo (Debate):

“TIENES SUFICIENTE MATERIAL PARA CIEN RELATOS. EMPIEZA A ESCRIBIRLOS, POR LO QUE MÁS QUIERAS. PUEDES ESCRIBIR Y LO SABES. DEJA DE PONER EXCUSAS. EN CUANTO EMPIECES A ESCRIBIR VERÁS QUE LAS IDEAS SE TE AMONTONAN. NO BUSQUES HISTORIAS DRAMÁTICAS NI DIVERTIDAS. COMO ALGUIEN DIJO EN UNA OCASIÓN INCLUSO UNA MANO ES DRAMÁTICA. TODO ES DRAMÁTICO. EL MATERIAL SE ENCUENTRA POR TODAS PARTES. BUSCA EN TU VIDA DESDE LA INFANCIA EN ADELANTE. RECUERDA A UN HOMBRE O UN INCIDENTE CONCRETOS QUE SE TE QUEDARAN GRABADOS Y APARECERÁ UN RELATO. OTRO PUNTO. ESCRIBE UN RELATO LO MÁS RÁPIDAMENTE POSIBLE. EN UNO O DOS DÍAS. EMPEZARÁS SIN MUCHA CONVICCIÓN PERO DESPUÉS LE COGERÁS EL TRANQUILLO. DETESTO SERMONEARTE ASÍ, PERO QUIERO SABER QUE ESTÁS ESCRIBIENDO. QUIERO SABER QUE ESTÁS ESCRIBIENDO MUCHO, MUCHO. YA LLEVAS DEMASIADO TIEMPO MANO SOBRE MANO. PONTE ESTA MISMA NOCHE A ESCRIBIR ESE RELATO SOBRE EL TERNERO AHOGADO Y EL EXPERTO SUBMARINISTA. ES UNA HISTORIA EXCELENTE. ADEMÁS, CONOCES A LA CLASE DE PERSONAS SOBRE LAS QUE ESCRIBES. EN ESE RELATO APARECEN EL HOMBRE, SU MUJER Y EL ESPANTOSO TROZO DE PETIT VALLEY. PIÉNSALO. TE DA MIEDO. CUALQUIER HOMBRE PUEDE VIVIR CON UN MIEDO CONSTANTE, UN MIEDO RAYANO EN LA LOCURA. MERODEA JUNTO AL POZO. PIENSA QUE NOS SENTIMOS TERRIBLEMENTE ATRAÍDOS POR LO QUE TEMEMOS. EL MIEDO LLEGA HASTA TAL EXTREMO QUE DECIDE LLENAR EL POZO. PISA UN TABLÓN PODRIDO. SE CAE Y MUERE. AHÍ TIENES DOS HISTORIAS. PIENSA. PIENSA Y ESCRIBE”.

5. Era un escritor antipático: por su carácter, por sus posiciones políticas. Christopher Hitchens le reprochaba su indulgencia con fanáticos hinduistas. Como tantos otros, Hitchens quedó escandalizado cuando leyó la biografía autorizada El mundo es así, de Patrick French, por el desprecio y el maltrato del escritor a su primera mujer. Pero todos los que escriben de él señalan su capacidad de observación. Está en sus libros de viajes, en sus ensayos de corte más periodístico y político (como los recogidos en El mundo y yo), en los relatos tempranos, divertidos y ligeros de Miguel Street o en El enigma de la llegada, una de sus obras maestras. Tenía un sentido del humor inseparable de esa capacidad de observación, y que aparece en libros de tonos muy diferentes.

Pero entre sus textos más disfrutables están también sus análisis de otros escritores. No es la lectura de un crítico. Es la lectura de un escritor, que busca su lugar en el mundo y en el escalafón literario, y que ha pensado con inteligencia y claridad –con la misma perspicacia lúcida y despiadada– sobre el oficio. Algunas son traiciones exquisitas, como el retrato de Anthony Powell. Otras son lecciones, como su lectura de Flaubert. Ambas aparecen en El escritor y los suyos. Maneras de mirar y sentir (Debate). Otras tienen algo de reflejo y combate al mismo tiempo, como sus reflexiones sobre Conrad, un escritor al que citaba a menudo. “Mantengo mis reservas sobre Conrad como novelista –escribía en Momentos literarios–. En su imaginación creativa hay algo defectuoso, falto de práctica. Salvo en Nostromo y en algunos relatos, no me hace partícipe de mi fantasía, y sigo considerando Lord Jim más aceptable como poema narrativo que como novela. Lo valioso de Conrad para mí consiste en que hace sesenta o setenta años meditó sobre mi mundo, un mundo que yo hoy reconozco. No siento lo mismo por ningún otro escritor de la época. Sus logros derivan de la honradez de su dificultad, ‘esa escrupulosa fidelidad a la verdad de mis sensaciones’”.

6. El espectacular ensayo “Michael X y los asesinatos del Poder Negro en Trinidad: paz y poder”, sobre un activista negro, Michael Malik (alias X) ahorcado por asesinato, y también sobre la autenticidad, la idealización, la impostura y las proyecciones, incluía una referencia a Un puesto avanzado del progreso, de Conrad. Algunas de esas palabras, decía Naipaul, “podrían servirle de epitafio(a Gale Benson, una británica fascinada por Jamal, que se había asociado con Michael X, y que fue asesinada por la banda), y también de opinión sobre cuantos contribuyeron a la creación de Malik y sobre quienes siguen simplificando el mundo y reducen a otras personas (no solo a los negros) a una causa, la gente que sustituye la doctrina por el conocimiento y la irritación por el interés, los revolucionarios que van de visita a los centros de la revolución con billete de avión de ida y vuelta, los hippies, la gente que ansía sociedades más frágiles que la suya, toda esa gente que al final no hace más que congratularse con su propia seguridad”.

“Eran –escribe Conrad– dos individuos por completo insignificantes e incapaces, cuya existencia únicamente la elevada organización de las multitudes civilizadas permite. Pocos hombres se dan cuenta de que su vida, la esencia misma de su carácter, sus capacidades y osadías son solo expresión de la fe en la seguridad de su entorno. El valor, la serenidad, la confianza, las emociones y los principios; cada sentimiento grande e insignificante no pertenece al individuo sino a la multitud, a la multitud que cree ciegamente en la fuerza irresistible de sus instituciones y su moral, en el poder de su policía y su opinión”.

7. La traductora de V. S. Naipaul al español es Flora Casas. En una ocasión ella no podía traducir una de sus obras, Guerrilleros, y la traduje yo. Está basada en el caso de Michael X, aunque introduce variaciones. Es una novela poderosa y desagradable sobre la fascinación y las contradicciones de la revolución: situada en una isla sin nombre del Caribe, cuenta la historia de Roche, un luchador blanco contra el apartheid, y su pareja Jane, una joven inglesa. Los dos entran en contacto con Jimmy, una especie de revolucionario pero también un oportunista, que tiene una extraña comuna. Es una obra compacta, breve, y uno de los mejores libros que he traducido: sin duda, uno de los más perfectos formalmente. Aunque cualquier lector se da cuenta cuando se enfrenta a un libro de Naipaul, al traducirlo era todavía más evidente una forma peculiar de utilizar el lenguaje: tensa, limitada y directa, con una extraña mezcla de precisión y violencia. “Los libros son diferentes formas del oficio: recuerde que soy artesano, que cambio el oficio. Intento hacer cosas nuevas todo el tiempo”, le decía a un entrevistador de The Paris Review, poco antes de preguntarle si tenía suficiente porque preferiría no dar entrevistas: “No me gusta porque las ideas son muy valiosas y no puedes soltarlas. Puedes perderlas”.

Escritor, guionista y traductor



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