Cochabamba, martes 18 de septiembre de 2018

La Virgen de Urcupiña, sin ropa nueva para su fiesta

Este año, la Patrona de la Integración vestirá uno de los 300 atuendos guardados en los armarios del templo de San Ildefonso. En esta ocasión, no hay pasantes y nadie encargó  la confección del traje.
| | 12 agos 2018



A penas se cruza el lumbral del templo de San Ildefonso de Quillacollo, la mirada se fija en aquella imagen imponente, entronizada en la parte superior del altar mayor, vestida con uno atuendo elegante y rodeada de varios arreglos florales: la Virgen de Urcupiña.

Su imagen crea un halo de misticismo, que cautiva a propios y extraños; hasta parece que –desde allá arriba- divisa y reconoce a cada uno de los feligreses que llegan cada año a su hogar, para vivir su festividad. A la Mamita, como la llaman de cariño los quillacolleños, solo la bajan de su urna para colocarle la vestimenta que lucirá cada 15 de agosto.

Hubo ocasiones, en años pasados, que tuvieron que descenderla hasta en cuatro oportunidades, ya que tenía varios vestidos para estrenar, gracias a los pasantes. Sin embargo, a pesar de todo pronóstico, este año, la Virgen descenderá de su trono, pero no para vestirse con un diseño nuevo, sino para repetir alguno de los 300 vestidos -de todos los colores y telas- que están guardados celosamente en un armario al interior el templo de San Ildefonso y que será elegido por uno de sus custodios.

El año pasado por estas fechas, el párroco de Quillacollo ya anunciaba a los medios de comunicación el tipo de atuendo que luciría la Virgen de Urcupiña; pero, este 2018 -con gran pesar- José Bellot, diácono de la iglesia de San Ildefonso, cuenta que la Mamita no estrenará vestido, porque “nadie le ha encargado nada”.

Desde hace varias décadas, Bellot es el único artesano que confecciona su vestimenta y tiene a su cargo la responsabilidad de cambiarle de su ropa, combinándola con uno de los hermosos mantos que tiene la Mamita, y enjoyarla. Esta es una tarea muy delicada, ya que cualquier descuido podría ocasionar la pérdida de uno de los símbolos religiosos más importantes de Bolivia, que es venerado por miles de peregrinos de Bolivia y el mundo.

“Algunos devotos de buena voluntad traen –por estos días- atuendos de regalo, no obstante, los trajes no tienen las medidas exactas de la imagen, por lo que habría que descoserlos y volverlos a armar; pero, ya no hay tiempo”, explica el fiel guardián, mientras pasea lentamente por el Museo de la Virgencita, una habitación de unos 15 metros de ancho por siete de largo, ubicada en el ala oeste de la capilla de velas del templo y que solo es abierta durante su fiesta patronal. En su interior, hay varias vitrinas que tienen parte de la indumentaria de la Mamita.

Mientras Bellot conversa con la Revista Así, su mirada hace un repaso de los vestidos, como su estuviera evaluando y tratando de escoger cuál será el vestido que lucirá la Patrona este año. De acuerdo al relato del sacristán José Ballesteros, quien trabaja hace una década en esta iglesia, en este cuarto se preserva una cuarta parte de los atuendos. “Necesitaríamos una sala más grande para poder montar todo lo que tiene”, dijo.

CREACION Y DISEÑO

José Bellot aseveró que su historia como artesano, casi exclusivo de la Patrona, se inició cuando tenía 15 años e ingresó a colaborar con el antiguo sacristán, con quien aprendió el oficio y los trucos de los hábiles confeccionistas de antaño, que en aquella época embellecían a la Mamita.

A los 19 años se hizo cargo de la sacristía y de la imagen religiosa más preciada de Quillacollo. “Cuando comencé, solo había nueve trajes de la virgencita, pero ahora tiene tantos que ya no hay registro de la cantidad, pero creo que son alrededor de 300. Hubo una ocasión, si mal no recuerdo hace unos siete años, cuando cambiamos a la Virgen cada día de su fiesta”, recuerda con nostalgia.

Su cercanía a la patrona de Quillacollo hizo que, poco a poco, comenzara a confeccionar a pedido los atuendos, con la ayuda de su compañera de vida y madre de sus hijos, Margarita Góngora Quiroz.

Según recuerda el sacristán, en los años 60 había escasez de telas, por eso la pareja se dedicó a bordar con mucho esmero las que conseguían en el mercado, para resaltar la belleza de la Virgen.

“Se trabajaba con hilos especiales, hasta con hebras de plata y oro; por eso, los vestidos costaban tan caros”, afirma Bellot, quien aclara que cada traje les llevaba unos tres meses de confección, para entregar un buen trabajo.

Actualmente, José cobra unos 200 bolivianos por la confección de un vestido, monto que se eleva a unos 1.800 a 2.000 bolivianos con la tela y los bordados.

Para sacar las cuatro piezas de ropa que compone un traje nuevo para la Virgen se requiere alrededor de cinco metros de tela y mucha variedad de bordados y de pedrería, explica a detalle.

Un vestuario completo para la Virgen está integrado por el manto, velo, la túnica y la ropa del Niño Jesús.

José Bellot cuenta, con cierta nostalgia, que tuvo la dicha de trabajar con telas muy finas traídas de Europa, en las que se bordaron hermosos diseños con incontables mostacillas, canutillos y otros accesorios para crear sus pequeñas obras de arte.

“Recuerdo que una vez trabajamos en terciopelo rojo y bordamos de guipur blanco, quedó una hermosura”, asegura el exsacristán.

Aunque es difícil de creer, el confeccionista de la Virgen dice que no sabe de memoria las medidas de su principal clienta, por lo que recurre a patrones establecidos.

CREACIONES ÚNICAS

En la habitación donde se encuentran objetos de la Virgen y funciona como un Museo, hay tres prendas únicas que llaman la atención, la primera es un traje blanco que data de 1800, cuyo bordado fue hecho con hilos de oro y fue rescatado por José Bellot en 1959.

“El traje estaba muy viejo, se recuperaron los bordados y se volvieron a colocar en otro traje blanco”, recuerda.

Las otras dos piezas que se destacan son vestimentas autóctonas, una regalada por la comunidad de Tarabuco y la otra por una devota que quería agradecer a la Patrona por proteger a su niña en un accidente de tránsito en carretera.

De acuerdo al relato del Diácono, un día, una mujer humilde se encontraba llorando en la iglesia. Cuando él se acercó, ella le contó que el Padre había rechazado que le pongan el traje que le mandó a costurar a la Virgen.

Conmovido por sus lágrimas, Bellot escuchó el relato de la joven, quien relató que estaba viajando en una flota cuando esta chocó de frente y su hija, que era una bebé, salió expulsada por la ventana delantera; pero, milagrosamente, fue capturada por una bella campesina de tez blanca, que la colocó sobre una piedra, y luego desapareció.

Por eso, le había mandado a costurar un traje de campesina, porque estaba segura de que fue la Virgen quien salvó a su niña. Bellot le cambió de traje, un atuendo que lució por varios años durante la Entrada Autóctona.

Actualmente, con 79 años, José Bellot aún se encarga de vestir a la Mamita, solo que ahora lo acompaña su hijo, quien no solo heredó el cariño por la patrona, sino también el arte de confeccionar para ella.

“En Quillacollo hay varios artesanos que trabajan para las virgencitas, pero solo mi familia lo hace para la Virgen de Urcupiña”, manifiesta orgullosamente el artesano. Es que su pasión fue gratamente heredada y asimilada por sus hijos José Alberto, María del Carmen, María del Rosario, Benjamín y Joaquín.





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