Cochabamba, martes 11 de diciembre de 2018

¿Qué busca un sujeto cuando se enamora?

| Claudia Sandra Palau Psicóloga Magister en Psicoanálisis Miembro de la SASH claudiasandrap@hotmail.com Buenos Aires-Argentina | 05 agos 2018

Es común que cuando alguien comienza una nueva relación tenga mucha expectativa, entusiasmo; que por otra parte es sumamente necesaria, ya que, de no tenerla, no sería posible iniciar ese vínculo. Así uno busca lo que le falta en el Otro, pero también se esfuerza por tener coincidencias y cosas en común, que la mayoría de las veces son muy poco duraderas.

“Dar lo que no se tiene…”, esta es una de las maneras en las que el sujeto con tal de resultarle atractivo al otro, posterga aquello que lo identifica, sus gustos. Renuncia temporariamente o parcialmente a su ser, para tratar de construir una imagen más o menos a la medida de lo que supone que pretende el otro.

Este primer momento o instancia del amor es lo que se conoce con el nombre de enamoramiento, la persona resigna hasta lo más preciado de su ser por apostar a una ilusión, a un nuevo formato de amor.

Cuanto mayor sean las pretensiones

de las personas con respecto a su pareja, más difícil será superar estos momentos, ya que el amor nos posiciona en un lugar que no es muy cómodo, ni tan maravilloso. Uno tiene que, además de soportar su propia falta y las dificultades que lo angustian, aprender a convivir con las del otro.

La felicidad es efímera, son escasos momentos en la vida de un sujeto. La mayoría de las veces se espera que llegue de la mano de otra persona, que sea el otro el que nos la traiga, que nos la cause, como si esto fuese posible. Que nos hagan algo así como un implante de felicidad.

A menudo cuando nos quejamos de los demás, estamos hablando de nosotros mismos. Proyectamos en la figura del otro todo lo no resuelto, las propias frustraciones, decepciones y dolores antiguos, que arrastramos por la vida intentando una y otra vez atribuírselas a algo o a alguien para intentar mitigar la forma te

rrible en que vivenciamos lo insoportable.

Cada amor lleva consigo la impronta subjetiva, por lo tanto todo lo no resuelto de cada uno, se pone en juego también en una nueva relación. En cada uno de los encuentros se erige la promesa de que esta vez sí, puede ser la persona

y de este modo se alimenta la ilusión.

Pero cada cual va por la vida con sus síntomas a cuesta y estos también se depositan en la relación.

Bauman, en el texto sobre la modernidad líquida, nos habla de lo que él llama la elección racional de la época, de la instantaneidad que sería tratar de buscar la gratificación evitando las consecuencias, eludiendo las responsabilidades. Lo durable, carece de valor, nos dice, lo mismo ocurre con lo sólido.

Estamos inmersos en una cultura que

es indiferente a lo durable, a lo eterno.

La modernidad no se hace cargo de sus errores, es fácil cambiar y evitar asumir las consecuencias de las conductas

humanas.

Esto tiene que ver con el consumo de redes sociales, generalmente se quiere conocer a alguien pero sin compromiso

y luego intentando eludirlo algunos quedan atrapados en el amor.

Por eso es tan fácil, en apariencia, frente al enojo desentenderse de alguien, bloquearlo y relacionarse con otro contacto.

Los analistas sabemos que no todo cambia y se modifica de forma instantánea, sino que, tal como lo plantea Freud, lo no elaborado se repite.

La modernidad nos ofrece objetos, atracciones que nos entretienen y a los que

se suele recurrir frente a lo insoportable que puede resultar una nueva desilusión, pero qué en ocasiones también utilizamos a merced de nuestros síntomas.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com o al teléfono/whatsApp 62620609. Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES.





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