Cochabamba, lunes 22 de octubre de 2018
[Nido de Cuervo]

Jacques Derrida y la pregunta por la poesía

| Ana Cecilia Ballerstaedt | 29 jul 2018

Tablet Magazine

En noviembre de 1988, la revista italiana Poesia saca a la luz un breve escrito del filósofo francés Jacques Derrida: “¿Qué es poesía?” (“Che cos’è la poesia?”). En casi cuatro páginas, plagadas de metáforas y en una prosa bellísima, Derrida explica la experiencia (poética) que implica la composición de versos, el surgimiento del poema. La poesía es una demanda, un acontecimiento inesperado, un animal que aparece sin más en medio de la ruta, un erizo expuesto al accidente en la carretera, en peligro. Su consigna es el “apréndeme de memoria”, ligada al corazón (recordemos las lenguas en las que para hablar de memoria se emplea la palabra corazón: “apprendre par coeur”, francés; “to learn by heart”, inglés). Velar, vigilar, cuidar puntillosamente a la poesía, que no se escape ninguna palabra de más, seguir sigilosamente su dictado, de cerca, copiarlo fielmente, sin traición, una traducción impecable, improbable pero intensamente soñada.

Aprender con el corazón, de memoria. La memoria enseña el corazón. Surge en el poeta el deseo de aprender de memoria; deseo que se anida en el corazón, que tiene su origen en él. La conminación de la poesía se asienta en el bardo, se encarna en él: “apréndeme de memoria”. Le llega al corazón, sorprende su pasión, demanda atención. La traducción improbable pero deseada es un querer aprender de memoria, con el corazón, desde el corazón, el poema. Una devoción intensa por el “aprender de memoria” se repliega en el corazón: es un acto de fe. Esperas, como poeta, copiar bien aquel dictado de lo otro, de la poesía, del poema; confías, confías en la consigna de la poesía y en aquello que te exige. Abandonado a ella, totalmente entregado, descubres el lugar del corazón, su morada. No sabías dónde estaba, la memoria lo ha encontrado por ti, o, más bien, te ha guiado hacia él. Más allá del sujeto, en los campos, en las carreteras, cerca de la tierra, expuesto como un artefacto natural, al aire libre, yace el corazón, palpitante, a la espera.

Es así como el deseo del “par coeur” (de memoria) -demanda poética-, se asienta en el individuo, y se apodera de él a través del descubrimiento del corazón. Un plumazo anuncia la conquista del corazón, lo atraviesa con rapidez e ímpetu, es la herida de la poesía, del dictado (apréndeme de memoria, “par coeur”) que ahora lo posee. De este modo, la poesía se encarna en el poeta, valga la redundancia, y lo convierte en su vehículo, la corporalidad del “par coeur”, donde se repliega y se va haciendo, solo e independiente, el poema, bajo la mecánica del dictado, en el cual dicta ese otro poético, desconocido, más allá de nosotros, mientras que el poeta reproduce, de la manera más fiel e impecable que sea posible, aquello que se (le) dicta.

Así, herido el corazón de un plumazo, atravesado por el dictado de la poesía, se crea el poema, nace, surge, es. Esta herida, que Derrida llama “herida áfona”, es lo que le permite al corazón inventar el poema, pues es la herida la que se quiere aprender de memoria. El poema es la expresión de la herida, el que le otorga el sonido, el que sella el sentido entre el estar herido y la exteriorización de este estado (proferir un lamento, por ejemplo). El corazón del poeta, herido, desea salir de su silencio, y ante tan inmensa necesidad, inventa el poema, “par coeur”, de memoria, lo aprende, desde el corazón, junto con él. La traducción, tan improbable pero intensamente soñada, por fin es posible. Una traducción peligrosa, fuera de casa, arriesgada, en plena ruta, en la inminencia de un posible accidente. De ahí que el corazón esté más allá del poeta, entregado al exterior, libre, en constante riesgo, temerario, expuesto al peligro de la flecha silábica, lingüística, del dictado, vulnerable. Y, una vez provocada la herida, y con ella el poema, de nuevo el silencio, ya nadie dicta, el plumazo del dictado ha desaparecido. Y, de repente, ya has olvidado el poema que te sabías de memoria (by heart); así es la fragilidad del “apréndeme de memoria”.

Filósofa - acballerstaedt@gmail.com



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