Cochabamba, martes 21 de agosto de 2018

“Rostro y nombre arrojados a la multitud”

A propósito de La última Navidad de Julius, un documental dirigido por Edmundo Bejarano, que está dedicado a la figura del poeta boliviano Julio Barriga. El propio vate presentó hace algunas semanas en Cochabamba el filme, el cual puede verse siguiendo un enlace de internet disponible en los ejemplares del libro El hombre que amaba a Amy Winehouse, escrito por Barriga y publicado por Editorial El Cuervo.
| Alba Balderrama | 29 jul 2018



Presentó un documental que hicieron sobre él, diciendo no sin cierta modestia que no le gustaba mucho porque linda lo insignificante, pero que es ciertamente importante porque en él aparece la Loma de San Juan en Tarija, que ahora “la han hecho polvo, la han hecho desaparecer” y que, para él, asistir a esa demolición es como asistir a su propia demolición. Se apagaron las luces y comenzó la proyección de La última Navidad de Julius a la que casi nadie asistió, “tal como nos gusta a nosotros”, como escribiría él mismo: Julius, el hombre que amaba a Amy Winehouse, el poeta, Julio Barriga.

En la sala de techos altos y muros de adobe de La Troje, vimos 48 minutos de una cosa rara, lo había profetizado ya minutos antes el presentador-poeta, de algo así como una demolición. No se sabe muy bien si es porque las imágenes que captó el director Edmundo Bejarano (Tarija) se presentan como algo casero, no terminado, con bordes hoscos acomodados como pueden en el estrecho cuarto donde vive Barriga en Tarija, un cuarto desvencijado donde el poeta se bota en la cama: su lugar de descanso, de fiesta y trabajo, de lectura y escritura. O si es porque el estilo “minimal” con que Barriga define la película nos hace peregrinar por las calles y lugares donde el poeta pasa sus días columpiándose, caminando como turista, sin hacer nada, aparentemente. O si es porque nos han presentado La última Navidad de Julius como un documental sobre Julio Barriga, un paseo por su vida y obra y su jubiloso descubrimiento, y posterior enamoramiento, de la cantante Amy Winehouse.

Lo que al final se sabe es que el documental no es sobre Julio Barriga, ni sobre su vida y obra. Va sobre algo mas, sobre lo que lo ronda, una presencia a ratos oscura, a ratos sosegada, pero que va creciendo en el espectador. Es como una oscuridad, una presencia fantasmal, como si el ángel de la muerte sobrevolara sobre casi todas las escenas de La última Navidad de Julius imponiéndose como el personaje principal.

Rápidamente, en la película Julio Barriga asume el rol de estrella, de poeta maldito, de guía de la ciudad, de ciudadano y amigo muy consciente del artificio del medio y de sus efectos. Bejarano lo sigue con la cámara, no sin conciencia, sino con la confianza en esa sabiduría que intuye que hay en el poeta. Barriga, el hilo conductor, nos desvía, nos distrae de él mismo, de su persona y nos lleva por lo que le interesa a él, más allá de su figura, de sus escritos o su historia. Cuando deja al director filmarlo en los momentos más íntimos con sus amigos, su editor, Fernando Barrientos, y otros personajes, en una chupa monumental en su cuarto al son de las canciones de Amy Winehouse o, en otra, en el jardín de la casa de otro amigo, no le interesa que veamos cuán divertido es, porque es, o cuán “artista maldito es”, porque es también, o cuántos amigos tiene, porque los tiene; le interesa que el realizador y, por tanto, nosotros asistamos, no a su vida, sino a la intensidad de su vida. En su libro de prosa, en el mismo libro en que está el link para ver el documental, editado por El Cuervo y que se llama El hombre que amaba a Amy Winehouse hay un pequeño texto, “Vida/obra” se titula, y va de eso: “No puedo trasladar la intensidad maníaca, casi suicida, de algunos momentos vividos a mi obra. O no he asumido seriamente un método, disciplina, entrenamiento, o me falta destreza para expresarlo a cabalidad. Por otra parte, con la dedicación y el arduo oficio nunca hubiera podido adquirir esa vivencia intensa y border”.

“Casi suicida”, dice el poeta de su vida, algunos momentos tan intensos que lo podrían dejar “casi muerto”. Ese “casi” es la cercanía de la muerte filosa que sobrevuela los días de Julio Barriga y la de todos, pero él la toma como amiga y compañía, le escribe, le baila y le pone flores. Eso es lo que Barriga le deja ver y registrar a Bejarano en su documental, no su vida y obra y, por eso, no es sobre Julio Barriga. Es sobre el “casi” oscuro, que lo acompaña, es sobre su caminar en el borde filoso de un gran cuchillo. En las escenas de las caminatas, que son los exteriores del documental, Julio nos lleva por la calle D’Orbigny donde vive en una especie de conventillo, sin posesiones innecesarias como listo para partir. Después nos deja en la Loma de San Juan, la que ha desaparecido y de la que ha escrito montón de cosas como: “Bajo el sol de La Loma /bebo el sol de Pilaya / y el sol de Camargo /(hay de caña y de fruta) / Asimilo un vampirismo chupando en la oscuridad / para dormir todo el día / y al final de la tarde / paseos redentores / entre pelvis divinas / y pubis botticellianos”. Cosas que aparecen en su poesía y que han desaparecido junto con los restos arqueológicos que encontraron debajo de ella hace unos años. Nos lleva también al lugar donde la muerte es la temática, el Cementerio General de Tarija, allí está enterrado su amigo, otro gran poeta tarijeño, Roberto Echazú. Apoyado sobre su tumba, Barriga lo presenta con una sonrisa sentida y recita: “Era un poeta que le puso todo su empeño y su interés a morirse. Aquí sigue descansando Roberto Echazú Navajas. Eso es todo”.

Luego, Amy Winehouse, el ángel.

Siete minutos le dedica el director Bejarano a Julio Barriga mientras lee su “Texto de amor para Amy Winehouse”. Echado en su cama, el torso atlético de un hombre que no parece su edad, la luz tenue, Barriga lee su delirante declaración de amor a Amy llamándola “ángel travestido con alas de murciélago, un vivo paradigma de la gracia divina. Es divina porque es demoníaca: Terrible es todo ángel, y sin embargo/ ¿quién entre las legiones celestiales/ me escuchará…? Rilke, 1era Elegía”. Es para Barriga un ángel porque se demuele para nosotros, aún viva, él ya sabía eso de ella. Que su vida era un “casi suicidio”, que la vida es eso, morir lento de a pedazos, que “para amar tanto a la muerte/ necesitas estar vivo”. Y la amó y ama por eso, porque lo acompaña como la muerte, de cerca y con una intensidad que solo su propia vida y escritura le ha dado.

“And now the final frame/ love is a losing game”, dice la Amy. Mientras el documental termina, esa cosa extraña, ese personaje como un ángel, no me abandona y me aterroriza con su cercanía. Terminada la proyección, manejo sola a mi casa bien tarde en la noche con el ángel sentado a mi lado recordándome cómo una vez me visitó con esa siena oscuridad. En el retrovisor La Troje se pierde con Julio Barriga dentro tomando unas cervezas con sus amigos, escuchando a Amy, mirándose aún en la pantalla y un poco sintiéndose inquieto porque sí, Amy es el ángel, sí, “Amy nos salva, nos redime destruyéndose a sí misma”, y será “la mujer cantando en el horizonte mientras nos dirigimos hacia la muerte”, pero lo que no desaparecerá es la demolición de su propia muerte, pues una vez en la pantalla no acabará de escucharse nunca su voz riendo, hablando, leyendo poemas sobre la muerte, sobre Amy, sobre La Loma, sobre Echazú. El poeta seguirá vivo y ardiendo, vampirizado y todo. Quizá lo sabe y le moleste seguir vivo así, sin poder mirarse mientras otros lo miran, tan arrojado a la multitud.

Productora y gestora cultural - albita35mm@gmail.com





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