Cochabamba, jueves 13 de diciembre de 2018

De jóvenes, democracias y fútboles

Una versión más extensa de este texto fue leída en la presentación en Cochabamba del número seis de la revista Andamios, que lleva por título temático “Jóvenes y democracias en la Bolivia Plurinacional”, un evento celebrado el jueves en el auditorio del CESU. La publicación puede descargarse de forma gratuita del portal del Órgano Electoral de Bolivia (www.oep.org.bo), institución responsable de su edición.
| Santiago Espinoza A. | 22 jul 2018



En estos días de aún vigente resaca mundialera, me había prometido no hablar más de fútbol, así que la invitación del equipo editorial para comentar la revista Andamios me vino de maravilla para desconectarme de la pelota, de las lecturas en torno a su rodaje en Rusia y hasta de la escritura sobre los estragos que ha dejado a su paso. Pero, solo unas pocas horas antes de la presentación, tomé conciencia de que –y con esto no quisiera provocar una fuga total de los asistentes- el Wilster debuta en ahora mismo en la Suramericana, ante un equipo ecuatoriano (Deportivo Cuenca) que lleva el muy atractivo sobrenombre de los Morlacos (1). Como veo que nadie, o casi nadie, se va, debo asumir que soy una especie de indeseable mancha roja en este auditorio, más aún teniendo en cuenta la presencia de insignes auroristas en la testera. Pero, vayamos de una vez al punto y dejemos el fútbol de una buena vez, al menos, por ahora.

La invitación a comentar esta revista me llegó de forma sorpresiva y, debo reconocerlo, fue una feliz sorpresa que se me considerara. Sin embargo, a la invitación siguió una estela de dudas que no han dejado de atormentarme, en el mejor sentido de la expresión. La más persistente es la pregunta de por qué me invitaron a mí, que soy periodista (primera revelación desatinada), wilstermannista (segunda revelación desatinada) y poco más. Una respuesta inmediata y visceral fue que, al estar abocado este sexto número de la revista a los jóvenes y su relación con las democracias en la Bolivia actual, los editores pudieron pensar que soy joven, lo que me otorgaría alguna autoridad para hablar de los temas en cuestión. Al leer la presentación de esta Andamios, donde se dice que los jóvenes en Bolivia, vale decir quienes tenemos entre 18 y 35 años, constituimos el 45 por ciento de la población en edad de votar, sentí que estaba viviendo una segunda juventud; pero poco duró la euforia de rejuvenecimiento, al constatar, en más de un artículo de la revista, que la Ley de Juventudes vigente en el país señala que los jóvenes son aquellos que tienen entre 16 y 28 años, y no más. Así que ni modo, a asumir y sufrir mi vejez nomás. Es una extraña paradoja: de adolescente y joven uno se la pasa deseando que se lo considere adulto, y cuando finalmente llega a esa edad, uno ansía en secreto que lo vean y le digan aún joven.

En todo caso, si algo demuestra la colección de artículos, ensayos y resultados de investigaciones que contiene Andamios es que lo joven es una categoría aún flexible, sin límites ni definiciones absolutos. Más que las establecidas por la norma, resultan más útiles las categorizaciones que emplean, por ejemplo, Cristian León y María Laura Gómez, en el texto “La renovación de la política en Bolivia. Tres claves para entenderla”, donde, siguiendo a Salvador Romero, hablan de generaciones de partidos y precisan que la actual, resultante del ascenso al poder del MAS-IPSP, sería una extensión de la tercera generación de partidos. Me resulta, asimismo, atendible la división que plantea Jorge Hevia, en “Juventud y participación política: una realidad evidente”, artículo en el que ubica como parteaguas generacional el retorno a la democracia de 1982.

Así pues, ya reconfortado en mi vacilante juventud, sabiéndome un hijo de la democracia, entiendo que si algo nos dicen los autores de los textos de Andamios es que no se puede hablar de una sola juventud o de una sola tipología de lo joven, sino de juventudes o jóvenes. Ni siquiera la brecha generacional es suficiente para reconocer la heterogeneidad juvenil, sino el reconocimiento de otras variables, como la autoidentificación identitaria, la clase, la pertenencia al campo o la ciudad, las filiaciones/simpatías políticas, las militancias y/o causas, la formación, el trabajo o hasta la relación con las nuevas tecnologías. Y una de las mayores virtudes de esta edición es que aspira a recoger, hasta donde le es posible, esa pluralidad de voces y de miradas sobre la política y la democracia en el país. Pues, hasta donde comprendo, los autores de los artículos son, en su mayoría, si no en su totalidad, jóvenes: indígenas, urbanitas, militantes, activistas, indianistas, geeks, politólogos, sociólogos, comunicadores, hombres, mujeres, jailones, ecofeministas… La heterogeneidad conceptual, metodológica y hasta ideológica, a la hora de poner el foco en no menos diversos objetos de análisis/investigación, permite que cada parte de la revista funcione como un mosaico único que configura ese mural complejo y caótico de identidades e imaginarios que son los jóvenes en la Bolivia de hoy.

Y si reconocemos que hay casi tantos jóvenes como Bolivias, no menos cierto es que también debemos hablar de democracias, en plural, y no así de una sola democracia. Ya se presenta así la propia revista, cuando se declara de “Democracias en ejercicio”. Y lo ratifica en el título temático de este sexto volumen, que es “Jóvenes y democracias en la Bolivia Plurinacional”. Esta Andamios es una invitación abierta a reconocer la existencia y convivencia, no siempre armoniosa, entre diferentes formas de entender y practicar la democracia en Bolivia y, particularmente, las formas en que las entienden y ejercen los jóvenes en el país. Queda fuera de discusión que el país está viviendo lo que el artículo inicial de la revista, escrito por Inti Rioja, denomina una época de “bono demográfico”, que se traduce en el incremento de la población juvenil, un estadio del que se transitará a un “invierno demográfico” (envejecimiento de la población), antes del cual cabría convertir el bono en “dividendo demográfico”, una nomenclatura que, aunque antipática por su genealogía economicista, resulta cabal para plantear la necesidad de aprovechar la gran cantidad de jóvenes que habitarán en el país hasta el año 2062, según proyecciones del UNFPA.

Ahora bien, aprovecharla supone, en principio, lo que decíamos antes: reconocer y –ya que estamos financieros- rentabilizar la pluralidad de ideas, sensibilidades y prácticas políticas que encarnan los jóvenes en la Bolivia Plurinacional. A esta lectura se inscriben los artículos “Participación política de las mujeres, un análisis desde la mirada de las jóvenes”, de Andreas Terceros, “Condicionantes de la cultura política frente a la construcción de una agenda de desarrollo desde las juventudes”, de Yerko Rodríguez, “Valores sociales y políticos de los jóvenes universitarios de la UCB La Paz”, de Marcelo Arequipa, y “Somos parte de los procesos de cambio”, de Bernarda Sanabria, los cuales, echando mano del trabajo de campo y de la reflexión, observan las contradicciones entre el discurso y la normativa de inclusión del Estado boliviano actual, y las prácticas que revelan dinámicas de exclusión promovidas por los aparatos políticos tradicionales, pero también autoimpuestas por los mismos jóvenes que no se sienten representados por la institucionalidad partidocrática y democrática vigente en Bolivia, y construyen sus propias maneras de ejercer sus derechos políticos. Acaso, si alguna lección dejan estos textos es la de poner a examen permanente la noción misma de democracia, que suele distar sobremanera entre los jóvenes con aspiraciones políticas y las clases políticas ya acomodadas. Si ni siquiera hay una aceptación de sus variadas formas de concebirlas, menos dable se torna la posibilidad de convivencia entre sus variadas formas de ejercerla. Es más, si leemos bien estas páginas, deberíamos también abrirnos a la posibilidad de pensar que otra variante factible de vivir la democracia es negarla, darle la espalda, cuestionarla, desmontarla, transformarla y, solo entonces, recién reinventarla.

Solo asumido el reconocimiento de esta pluralidad conceptual, se podría pensar en una inclusión pragmática, esto es, la capacidad para ver y luchar contra eso que Jorge Hevia llama la “oligarquización” de las cúpulas dirigenciales de las organizaciones políticas y entidades públicas que las acogen, sobre todo en el oficialismo. De hecho, la crítica, ora mesurada, ora furibunda, hacia el Gobierno del proceso de cambio es una de las constantes de esta Andamios. Los textos “Indígenas y jóvenes en el proceso de cambio”, de Carlos Macusaya, “Jóvenes indianistas en la Bolivia Plurinacional, el caso del Movimiento Indianista Katarista”, de Saúl Flores, y “Jóvenes y organizaciones políticas: ¿hacia una nueva militancia?”, de Atenas Vargas, son particularmente ricos en el desmontaje del discurso indigenista que predica el MAS y en la visibilización de algunas de sus fisuras, como el lugar que ocupan en la llamada revolución democrática y cultural los jóvenes indígenas, que, siguiendo sus propios relatos, tienden a ser desplazados por ancianos o por jailones, los primeros porque representarían una sabiduría ancestral y vernacular que no poseen los jóvenes desarraigados y los segundos porque han sabido aprovechar de mejor manera las estructuras ortodoxas y tradicionales del partido, que aún privilegian a los jóvenes citadinos.

Ya para ir cerrando este comentario, aunque sin salirme de la discusión en torno a esa intersección entre lo joven y lo indígena, quisiera rescatar una pequeña colección de artículos de temática común: la Autonomía Indígena Originario Campesina (AIOC). Me refiero a “Las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos desde el sentir y pensar de la juventud”, de Gladys Cahuana, “Elección de los gobiernos de autonomías Uru Chipaya y Raqaypampa. ¿Hacia la libre determinación?”, de Karen Pomier, y “Estado de situación de las AIOC en Bolivia”, de Elizabeth Huanca y Julia Sonco, los que, cada cual a su manera, reconocen en las autonomías indígenas un escenario privilegiado en el que se están forjando precisamente otras formas de pensar y vivir la democracia en Bolivia; un escenario en el que se vislumbra la necesidad de integrar a los jóvenes indígenas de cara a su afianzamiento y sostenibilidad.

La lectura de estos artículos me ha resultado personalmente estimulante porque abordan un fenómeno al que yo también me he acercado, aunque desde la acera periodística: el proceso autonómico en Raqaypampa, en las alturas de Mizque. Y llegado a este punto, más que seguir hablando sin ton ni son, quisiera convocar una imagen. En septiembre pasado, a fin de hacer cobertura para un reportaje sobre autonomías indígenas, unos compañeros y yo viajamos a Raqaypampa el día de su fiesta patronal, la virgen de la Merced. Además del volumen irresponsable de chicha que tomamos y el concierto caótico de sikus y lichiwakus en el que acabamos dizque trabajando, si algo se nos quedó de esa experiencia fue una imagen, la imagen que convoco: dos jóvenes raqaypampeños, tocados con sus típicos sombreros blancos de lana de oveja y copa mediana, combinados con prendas menos tradicionales como jeans, zapatos de moda, celulares de última generación y, lo más vistoso de todo (sabía que iba a volver a hablar de futbol), camisetas de Messi y de Neymar, ambas con el 10 en la espalda, y de la temporada en curso: la del argentino era la más reciente del Barcelona y la del brasileño era la que recién estrenaba en el Paris Saint Germain. Que las vistieran justo ese día, el día de su fiesta patronal, uno de los más importantes de su calendario, no podía pasar desapercibido ni ser algo casual. Nos estaba diciendo algo, que entonces no supe interpretar y que aún ahora me cuesta hacerlo. Apenas intuyo que esos jóvenes estaban ejerciendo su particular forma de pertenecer a su comunidad y de participar en su vida colectiva, sin desvincularse de sus raíces culturales, pero asumiendo también su conexión con la cultura global, lo que, entiendo yo, es también su forma de ser jóvenes, indígenas y raqaypampeños en esta Bolivia, y de intervenir en su vida pública, esa que involucra a la política.

Poco más me resta decir por ahora. Preferiría dejarles con esa imagen que ahora mismo me sigue retando por sus posibilidades semánticas para pensar y tratar de cifrar a los jóvenes y las democracias en la Bolivia Plurinacional. El mismo reto que lanza el número seis de la revista Andamios.

Periodista - santi.espinoza@gmail.com

(1) Vestido de azul y a lo croata, el equipo rojo acabó empatando 2-2, tras estar dos goles abajo ante los ecuatorianos, lo que le deja bien parado para el partido de revancha que debería jugarse en el Capriles o, como demanda la cueca, “en cualquier cancha”.



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

MÁS NOTICIAS DE « RAMONA »:

Opinión en Twitter
Opinión en Facebook
Portada Impresa