Cochabamba, lunes 22 de octubre de 2018

“Te doy mis ojos”, desde un enfoque psicoanalítico

|  Silvia Meneces Doria Medina Psicóloga Clínica sissymeneces@gmail.com | 15 jul 2018

En este artículo se plantea el caso particular de una pareja inmersa en actos de amor y violencia. Es a través del psicoanálisis y de una mirada diferente sobre la violencia hacia la mujer, que intentaremos explicar los avatares tanto de la protagonista (esposa agredida) como del varón (esposo agresor), en el filme español: “Te doy mis ojos”, del director Icíar Bollain.

Cuando se habla de una pareja inmersa en violencia

de género (hacia el sexo débil), uno se pregunta por

qué ella sigue con él y por qué él continúa tratándola

de manera violenta?

Es necesario recalcar que este análisis no pretende generalizar otros casos de parejas; sino, explicar algo del juego en esa pareja singular que aunque sea un

caso ficticio, tiene alguna conexión con la realidad.

La escena introductoria se da cuando Pilar, en la madrugada, escapa junto a su hijo hacia la casa de su

hermana Ana.

Ella se da cuenta del maltrato que recibe de quien se supone, debe protegerla y cuidarla. Pilar es una mujer sencilla, callada y, tal vez, sumisa ante las actitudes de su pareja, que la agrede. Esto genera una pregunta: ¿por qué calla y oculta al mundo el maltrato que sufre?

Las teorías psicoanalíticas freudianas y lacanianas, pueden dar una respuesta cercana a esta incógnita, basándose en la subjetividad de Pilar. Ella parece esperar del marido palabras que le den una razón a su ser y lo que recibe son golpes, no palabras. Es de preguntarse también si son los golpes de él, lo que ella interpreta como signos de amor.

Vale decir que, por su parte, parecería que Antonio no puede vivir sin ella. Es el quien la busca para regresar, incluso asiste a terapia. Cuando regresan, se aman, luego él vuelve a golpearla y humillarla.

No es posible educar la pulsión, ya lo dijo Freud. La terapia parece no tener la fuerza y efecto duradero; hará falta otra cosa en este hombre, que no puede dominar su ira contra la esposa.

Al parecer Antonio está inmerso en identificaciones de violencia, por el lado masculino familiar (cultural

o social). Pilar parece llevar los mismos designios

del destino de su madre, quien fue maltratada por su esposo (padre de Pilar).

Las identificaciones con los padres suelen ser las que impiden que una pareja pueda dejar de victimizar o ser víctima en una relación. Pero, ¿serán solo las identificaciones? Al parecer no, ya que Ana la hermana de Pilar e hija de los mismos padres, eligió a un hombre diferente y su posición femenina es radicalmente contraria a la de su hermana.

Entonces, nos preguntamos: ¿qué será lo que a ambos (la pareja), los mantiene angustiados? Recordar que Freud se refiere en su obra “Más allá del Principio de Placer” a una pulsión de muerte, que no permite la felicidad dentro de las relaciones, en particular las del tipo amorosas.

Sigmund Freud plantea el mito de “Totem y Tabú” sobre el padre de la horda primaria, quien disfruta de todas las mujeres, pero prohíbe a sus hijos este goce sexual.

Ante esta prohibición los hijos cometen parricidio, para después sentirse culpables y mantener su obediencia al padre sobre “no tocar a las mujeres” de su clan.

Por este motivo, deberán buscar mujeres en otras tribus. Este mito refleja la idea, de que la mujer es objeto de intercambio (objeto de deshecho); y esta peculiar forma de trato podría dar lugar a situaciones de violencia hacia lo femenino.

Por supuesto que esa parte femenina también debe

estar dispuesta a ser lastimada, humillada y puesta

como un objeto de deshecho y no de amor.



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