Cochabamba, martes 21 de agosto de 2018

Buscando a Dios desde un nido

| Rodrigo Beltrán Galdo | 15 jul 2018



El 27 de junio de 1850, un escritor, relativamente famoso entonces, habló con su editor acerca de una posible nueva novela para ser publicada, gran parte ya había sido escrita; poco después, aquel mismo escritor tuvo noticia de un libro llamado Mosses from an Old Manse y fue cautivado por éste, en agosto de ese año conoció al autor de dicha obra: Nathaniel Hawthorne. Desde entonces, nuestro escritor y Hawthorne se volvieron grandes amigos o al menos debieron serlo ya que en octubre de 1851 se hizo la siguiente dedicatoria al comienzo de la nueva novela:

“In Token

Of my admiration for his genius,

This book is inscribed

To

Nathaniel Hawthorne”. (1)

¿Por qué es esto importante? En 1850, Moby Dick se había planteado como una novela romántica más que explotaba la temática de los viajes, muy de moda entonces, haciendo uso de la experiencia personal del autor como marinero y algunas leyendas de pueblos nativos del Atlántico. Para 1851, ese proyecto quedó pequeño. A Hawthorne le debemos el haber despertado en Herman Melville, un escritor proveniente de New York, el interés por la condición humana y así haber pasado de una simple novela de aventuras a una de las mejores, sino la mejor novela jamás escrita.

Es la historia de una nave ballenera cuyo objetivo era cazar cachalotes para obtener el preciado aceite con que se iluminaban las ciudades de esa época. Ahab, el capitán, tenía un objetivo más tenebroso, el pretendía dar caza a una ballena en particular, la ballena blanca que llamaban Moby Dick, responsable de haberle quitado una pierna pero sobre todo de haberlo insultado; el resto de la tripulación seguía a Ahab por varias razones: ¿Honor? ¿Gloria? ¿Lealtad? ¿Ambición? ¿Destino? Sin importar cual fuera el motivo, cada uno de los hombres de esa nave buscaba a la ballena blanca porque contemplaban en su singularidad, en su blancura abismal, la respuesta a todo lo que estaban buscando ¿Qué es Dios sino la Respuesta? La ballena encarnaba la verdad cegadora, la luz divina que todos buscan.

Esta novela es como el océano, sin importar cuantas veces te aventures en ella, nunca terminarías de conocerla completamente. Cada parte y cada tripulante de esa nave que se asemeja más a un planeta, un planeta errante llamado Pequod, tiene un aura mística, un propósito sobrenatural, una “verdad evidente [que es] la absoluta condición de las cosas presentes tal como ellas impactan con el ojo [del que las ve]” (2). La obra es un estudio fenomenológico, meticuloso y preciso, ya no de la caza de ballenas, sino de la condición humana misma y su búsqueda constante de lo divino. Melville dirige nuestra mirada sobre los rituales de los marineros y sus peculiaridades, sobre las herramientas, las partes de la nave, y nos revela con las palabras la magia, el profundo sentido que alberga cada lugar, acción o cosa de ese mundo.

“The mast-head” o “cofa” es la parte más alta de la nave. Un gran mástil de madera se eleva desde el centro de la cubierta hacia el cielo tratando de alcanzarlo como lo hiciera la gran Torre de Babel; por alguna azarosa ventaja que el destino le otorga, un ballenero es elegido para habitar la cima de esa columna, “su columna marca el punto de grandeza humana más allá del cuál irán pocos mortales”. Desde ese punto, el más elevado que el ingenio y la sabiduría humana pudieron brindar, un marinero a quien le gustaba ser llamado Ismael, pretendía avistar la blancura segadora de la sonrisa de Dios. Algunos hombres como el Capitán Sleet, según narra Ismael, y es lo que quiero creer, decidieron que la vida en los camerinos de un ballenero ya no era lo suficientemente agradable, no después de haber estado en las cofas por lo que construyeron sus hogares ahí, tan similares a las de las aves que fueron bautizadas como crow´s-nest (nido de cuervo).

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(1) “En señal de mi admiración por su genialidad, este libro está escrito para Nathaniel Hawthorne”.

(2) Carta a Nathaniel Hawthorne, fechada en abril de 1851.

Escritor – chuletonpicante@gmail.com





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