Cochabamba, sábado 18 de agosto de 2018

 Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald cuando París era una fiesta

| Ivy Paz Kirchheimer ivipazkir@hotmail.com Salta-Argentina | 08 jul 2018

El clásico de la literatura estadounidense del siglo XX, el escritor Ernest Hemingway en su libro póstumo “París era una fiesta”, retrata la vida “bohemia” de los años 20 en la ciudad de las luces, con una mirada de norteamericano. Todo el relato está atravesado por el alcohol, las fiestas y reuniones de aquellos años eran de alegría, el vino, whisky y champagne, no podían faltar.

Hemingway ilustra la amistad que tuvo con el escritor Scott Fitzgerald, también norteamericano, ambos se sentían extranjeros, compartían el mismo gusto por la bebida, pero con la diferencia de que el mismo alcohol y cantidad ingerida, les producía un efecto distinto.

Fitzgerald también dedicó un cuento al estilo de Ernest, en el cual habla de la ciudad de París que fue una “fiesta”, difiere en su estilo literario. Nombró al cuento como “El regreso de Babilonia”, en el cual describe su retorno a una Paris que ya no era la misma, no era más una “fiesta”, la encuentra totalmente desbastada, quebrada. Lo expresa así:

“Para mi esta ciudad esta pedida para siempre y yo mismo la eche a perder. No me daba cuenta, pero los días pasaban sin parar, uno tras otro, y así pasaron dos años, y todo había pasado, hasta yo mismo”. Luego se llevó a cabo la adaptación del cuento al cine como “La última vez que vi Paris”.

Podemos ver a dos sujetos bebiendo el mismo distinguido vino francés; teniendo una reacción distinta. Mientras Hemingway manifestaba que él necesitaba el alcohol para trabajar, es decir para escribir. A Fitzgerald le producía problemas cuando bebía, no podía escribir, le provocaba malestar, mal humor, se irritaba y se sentía enfermo, el malestar también lo padecía su entorno. El mismo Ernest definió a su amigo como aquel “que con solo oler la bebida ya estaba borracho”, mientras que, a él, la misma cantidad de alcohol le causaba alegría, podía seguir con sus tareas cotidianas, hablar cordialmente con los que lo rodeaban.

Hay diferentes programas que abordan el tratamiento de la problemática del consumo de alcohol y otras sustancias, poniendo el acento en el “todos por igual”, apuntan a la voluntad del sujeto para dejar de beber. Pero lo cierto es que con ese tipo de tratamiento se deja de lado la subjetividad, la función que cumple la sustancia para cada uno.

Mientras tenemos un Scott más culposo, aparece un Ernest más placentero.

Sandor Ferenczi, discípulo de Freud, dijo que “la responsabilidad de los síntomas de ebriedad no incumben solo al alcohol, la bebida actúa como un factor desencadenante, destruyendo sublimaciones, impidiendo el rechazo, pero la causa fundamental de los síntomas debe buscarse al nivel de los deseos ocultos que exigen su satisfacción”.

Es decir, que algunas terapias conductuales no consideran que el alcoholismo cumple una función singular en cada sujeto, el psicoanálisis busca descubrir cuáles son las causas que llevan al sujeto a refugiarse en el alcohol.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com

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