Cochabamba, lunes 12 de noviembre de 2018
[La Lengua Popular]

Presentación “Edén #1631”

Este texto fue leído en la presentación del cuento “Edén #1631” de Patricia Requiz Castro, ganadora del X Concurso Plurinacional de Cuento Adela Zamudio 2016. La obra fue publicada por la editorial alternativa Electrodependiente, ante el incumplimiento de las autoridades ediles. 
| Iván Gutiérrez | 08 jul 2018



Entendemos la ausencia a partir de la necesidad rabiosa con la que confeccionamos nuestros fantasmas. Estamos básicamente diseñados en los tejidos de esas heridas que llevan un nombre, un rostro y una situación irremediable. Miramos de forma susceptible esa versión de lo que un día fuimos y fueron los que tuvimos más cerca.

Gran parte de la forma en la que entendemos el mundo, existe a partir de lo que hemos vivido con los nuestros, con los que están más cerca. La familia es determinante, porque nos desenvolvemos desde ese fuero. Nos entendemos. Nos fracturamos y, a veces, o, mejor dicho, todo el tiempo nos sentenciamos en ellos.

La familia, esa especie de sentencia que cimienta el concepto de lo social, nos crea un horizonte de comprensión y, a la vez, una deuda implícita que, con el tiempo, se va acumulando hasta llegar a ser el paradigma de proyección de los nuevos tiempos. Superar al padre es, a la vez, emprender la batalla contra la tradición, para embarcarse en lo innovador, y la superación del código normativo de severidad, para desarrollar la visceral anatomía de lo liberal.

Toda esa situación podría formular el problema eterno de lo social. El enfrentamiento entre la tradición y la innovación. Cómo se vinculan y se desvinculan a la vez. Y, en una potencia aún más radical, qué secreto sostengo para convivir con mi tradición y “superarla” desde mi “Yo presente”. La convivencia en la familia es como una construcción a escala miniatura del fenómeno social general.

En toda familia existe la foto de postal pero, de fondo o en las periferias, también algo se va pudriendo y se niega a salir en la imagen. La postal se alimenta de la ausencia de lo que se va pudriendo en la oscuridad. Por eso, es determinante, para absorbernos en el laberinto de lo familiar, nunca dejar de pensar que hay un secreto voraz en el fondo.

“Edén #1631” es un cuento que nos lleva de a poco a las periferias de esos retratos de familia. Arrancamos en la foto de postal de la esperanzadora llegada a un nuevo hogar, para ir caminando a la quiebra total del concepto de familia. Parece que, como lectores, nos situamos en el surgimiento de algo al inicio del relato. Pero, a la vez, esta novedad, termina siendo el escenario que pudre las cosas, que pudre al padre, personaje que se vuelve en el esquema del sueño, del delirio, de lo mágico.

Mientras iba leyendo recordé que alguien afirmó que toda buena historia conduce al menos a dos textos paralelos: uno, el que se va desarrollando en la superficie de la narración; otro, oculto, en el que se van urdiendo otras cosas. En la medida en la que la voz narradora nos está hilando en el relato progresivo de la desintegración familiar, a la vez nos va planteando un segundo conflicto, latente: el de nuestra tradición frente a lo que queremos cambiar, re-hacer.

El cuento nos desarrolla en la lectura, a través de la subversiva interpretación de una narradora, que no sólo se estanca en el quejido de ver a su padre hundirse en un infantil y absurdo ritual de escritura. O a su madre en una total pasividad, esperando que un milagro salve a su hogar. Al contrario, no hay lamento, sino existe un intento de resguardarse, de cuidar pero este cuidado no pasa por un impulso egoísta, sino por el compromiso que le causa su hermano menor. Es decir, el compromiso por el cuidado del otro que necesita ser cuidado, a pesar de que los que deberían cuidar de ella han perdido el compromiso y la voluntad por hacerlo.

En ese sentido, la narradora mira la decadencia de sus padres y podría transcribirse en la lectura, de una tradición que se derrumba y que no me atiende o no me responde en cuanto al conflicto de mi relación de Yo con el mundo. Y el re-hacer podría entenderse como un intento por sacudir la posición anterior. La voz narradora nos interna a cosas más profundas que simplemente un conflicto de ruptura familiar de clase media. Nos da el testimonio casi desesperado de la falta de atención y del otro que se interna en sí mismo hasta básicamente desaparecer.

Recuerdo, a la rápida, la película La increíble historia del hombre menguante. Película que recupera Paul Auster advirtiéndonos que se trata de una genialidad poco conocida. En lo que tiene total certeza. El protagonista, por una exposición a material radiactivo, comienza a reducir de tamaño hasta básicamente desaparecer. Al final, queda solamente su voz, ya que, al parecer, ha llegado a reducirse tanto que se ha convertido en una partícula flotando en el espacio. De alguna forma, “Edén #1631” de a poco nos interna a esa reducción, el problema es que no se reducen solamente individuos, sino el concepto de familia, o sea el mundo. La narradora lucha contra esa reducción, se niega a desaparecer y ser simplemente un monólogo de conciencia con la determinación de decir que ha sobrevivido.

“Edén #1631” no es un diario, a pesar de estar escrito en primera persona y tener una división por fechas para el desarrollo de la trama. Es una bitácora. En el sentido en el que la narradora no se sumerge totalmente en la intimidad, sino que mantiene una distancia prudente para reconocer y testimoniar los obstáculos del recorrido. En el diario solamente vale la urgencia de la voz. En la bitácora la escucha de lo que depara cada día, por lo que no es casual el efecto poético que logra el cuento, a partir de una estrategia de descripción que se articula por efecto de acumulación de sentidos. Como una tira de pólvora que comienza a quemar todo lo que tiene por delante, hasta llegar a la explosión final.

“Esta casa huele a basura acumulada en el patio, a cemento, a leche avinagrada, a sangre seca. Esta casa se siente como rodillas rasmilladas o como reprobar matemáticas”.

Apostilla: Debido al incumplimiento y total falta de interés del departamento de cultura de la actual gestión municipal el cuento ganador del X Concurso Plurinacional de Cuento Adela Zamudio no fue publicado en la versión institucional y la ganadora tuvo que peregrinar durante meses para el pago de su premio. Esto a pesar de que todo el dinero para cumplir con la convocatoria estaba presupuestado previamente y debería haber sido ejecutado. Esta irregularidad, hasta el día de hoy, no tiene una explicación y, además, se repite en la actual versión de certamen.

Escritor y docente - gutimoscovan@gmail.com



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