Cochabamba, lunes 19 de noviembre de 2018

Una pistola en cada mano y la emancipación del siglo XXI

El próximo ciclo de Los Martes de Cine Español será sobre Luis Buñuel, y contará con la proyección de Viridiana (martes 3 de julio) y Tristana (17 de julio), a las 19:30 horas, en el centro La Troje y el teatro Adela Zamudio. 
| Esteban Améstegui Lavayén | 24 jun 2018



Una pistola en cada mano, la película dirigida por Cesc Gay, relata las crisis de varios hombres emancipados y su incapacidad para salir de ellas. Dos viejos amigos, uno nervioso (Leonardo Sbaraglia) y otro despreocupado (Eduard Fernández), se encuentran casualmente después de mucho tiempo. El primero tiene “la vida resuelta”, un buen matrimonio y éxito laboral. Sin embargo, sufre ataques de ansiedad y es incapaz de hacer una simple compra en IKEA por sus fobias. El segundo aparenta tranquilidad, pero tampoco se encuentra bien. Su divorcio está por concretarse, no tiene trabajo y vive con su madre a sus 50 años. “Hijos de puta, nadie nos avisó que iba a ser así”, se dicen el uno al otro.

Un hombre divorciado (Javier Cámara) intenta recuperar su relación con su exesposa de forma persistente, por no decir desesperada. Ella escucha las disculpas de su infidelidad, inclusive es empática con él. Aun así, lo rechaza porque en el tiempo de separación se embarazó de su nueva pareja, alguien mucho más joven.

Un cincuentón argentino (Ricardo Darín) descubre que su esposa le es infiel. A pesar de la traición, él quiere perdonarla. Conversa con su amigo (Luis Tosar), a quien encontró en el parque donde seguía a su mujer. No se siente bien ni sabe qué hacer. Los muchos medicamentos que consume le generan náuseas y su falta de sueño lo tiene desequilibrado. Recuerda a John Wayne, aquel ícono del western. “Él seguro no tenía náuseas ni nada”, comenta con su amigo. Al descubrir que su compañía es en realidad el amante, le pregunta: ¿Por qué?, ¿Qué dice cuándo me crítica? “Siente que no la valoras, sobre todo su trabajo. Le apena que le tengas envidia en vez de estar orgulloso”.

Un joven casado (Eduardo Noriega) trata de conquistar a la “chica promiscua” de la oficina. Ella le sigue la corriente pero con el fin de humillarlo públicamente. Al margen de la burla, ella es compasiva con él y pregunta por qué no intenta mejorar las cosas con su pareja o termina la relación. “Hay que ser valiente para eso”, responde.

Las mujeres de dos amigos (Jordi Mollà y Alberto San Juan) revelan las disfunciones de su pareja al otro, con el fin de que se apoyen mutuamente. Ambos se sorprenden, tanto de sus problemas como las cosas que hacen para solucionarnos. No obstante, apenas se encuentran, ambos se miran incómodamente y resuelven la tensión con un pacto implícito de no hablar del tema.

A lo largo del filme, los personajes principales demuestran características contrarias a la idea de masculinidad convencional. Ellos son inestables, no saben qué hacer, fracasan en el ámbito laboral, tienen traumas maternales y limitan la comunicación con su propio sexo a un “todo bien, hermano”. En contraposición, las mujeres demuestran estabilidad, claridad, buenos resultados en su carrera y, a pesar del daño que los hombres les hayan podido causar, siguen siendo empáticas con ellos. Es más, en algunos casos son un refugio cuando las cosas salen mal -uno de los personajes sigue viviendo con su madre-.

Este trastorno de la masculinidad también está presente en la misma narrativa, ya que no presenta una estructura del viaje del héroe. Es decir, los protagonistas no logran tener su redención. Al ser varias historias inconexas, su distribución se asemeja bastante al orden de Relatos salvajes (Damián Szifron), una técnica ideal para captar una característica en común de varios miembros de una misma sociedad.

A pesar que los recursos cinematográficos se usaron correctamente, el aspecto más destacable está en los diálogos e interacciones de los personajes, ya que dejan ver la ansiedad e inseguridad del hombre contemporáneo.

La posmodernidad no solo puso en duda el valor del raciocinio, sino también los ideales y entendimiento del rol masculino (y femenino). Como es común, existen fundamentalistas que anhelan el retorno de la figura del alfa y el más fuerte. Sin embargo, Cesc Gay acierta en no proponer el regreso de este personaje ni idealizar la situación actual. Basta con su retrato del varón de hoy en medio de sus incertidumbres.

Periodista - estebanamestegui@gmail.com





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