Cochabamba, lunes 22 de octubre de 2018

Julia Flores Colque La supercentenaria más longeva del mundo

De acuerdo a la estadística mundial, ocupa el primer lugar en el ranking internacional, como la mujer más anciana del mundo.
| | 17 jun 2018

Julia Flores posa para el fotógrafo de OPINIÓN durante la entrevista.

Han transcurrido 42.560 días desde que Juana Flores Colque llegara a este mundo. Son 117 años que ya festejó esta mujer y se apresta a cumplir uno más este 26 de octubre.

Si se toma en cuenta los datos proporcionados por el centro de investigación Gerontology Research Group de Estados Unidos, que se encarga de documentar la existencia de las personas vivas más ancianas, la boliviana Julia Flores sería la mujer más longeva del mundo, puesto que supera con seis meses de vida a la japonesa Chiyo Miyako, quien nació el 2 de mayo de 1901.

En el mundo de la gerontología, las personas que superan los 110 años de vida, son denominadas como supercentenarias. De acuerdo a esta institución, actualmente solo existen unos 150 a 600 habitantes de esa edad en el mundo, aunque también admiten que ese dato es incierto, ya que no todos los supercentenarios son conocidos por los investigadores.

Para conocer un poco sobre la vida de Julia Flores, la revista Así coordina una visita a su hogar con Rosa Lucas, su nieta sobrina. La anciana nos recibe en su humilde casa ubicada en Sacaba. Allí, en medio del patio, sentada bajo un árbol nos recibe con una sonrisa en los labios.

Julia Flores, con pelo blanco y la piel completamente marchita y curtida por el paso del tiempo, intenta brindar un saludo, pero a su edad, parecería que los años ya apagaron el timbre de voz y su oídos se niegan a escuchar los ruidos de la modernidad. Por ello, es necesaria la presencia de su sobrina, para que funja como traductora y así saber un poco más de ella.

Rosa afirma que su abuelita nació en Japokasa, al norte de Potosí y vivió gran parte de su vida envuelta en mantillas de caito de oveja. Sus primeros años los pasó a lado de sus padres, cuyos nombres ya se perdieron en la memoria de Julia.

De acuerdo a los datos ofrecidos por Rosa, su abuelita, como la llaman de cariño, prefirió no casarse porque sentía que no necesitaba de un pareja ni de hijos para ser feliz. Vivió bajo sus reglas y al cuidado de sus tres hermanos menores. Antes de cumplir los 40 años tomó la decisión de dejar su tierra natal y trasladarse al valle cochabambino. Existe un periodo de su historia que Rosa no conoce, porque nadie vivía con ella. En 1964, la familia Lucas se vino a la Llajta y comenzó a buscarla, desde entonces, Julia Flores vive c0on ellos.

Rosa narra que su padre, Pablos Lucas, ya vivía con su tía abuela y a la muerte de su primera esposa se quedó al cuidado de ella, hasta que contrajo sus segundas nupcias y llegaron sus tres sobrinos: Rosa, Guillermo y Moisés, que ella ayudó a cuidar.

Según recuerda, su tía Julia era muy pícara, siempre estaba riendo y tratándolos con mucho cariño, aunque también tenía un carácter muy severo. “Se transformaba en una niña, jugaba al fútbol, a las cachinas, al trompo, tocaba la quena y era una Ímujer muy activa y trabajadora, cuando era más joven vendía en el mercado Capitán Lozada, hoy mercado de Abasto, también pas-teaba ovejas y deshierbaba en una hacienda”, recuerda la joven.

La familia no sabe o recuerda de alguna enfermedad, ya que ella rebozaba de salud; pero, hace un par de años, cuando iba con su balde a traer agua del patio cayó, con tan mala suerte que se fracturó la cadera, debiendo pasar mucho tiempo en cama. “No la hicimos operar porque no teníamos plata y también porque el doctor no nos aseguró que salga viva de la operación, por su avanzada edad”, asegura Rosa, pero ella a base de esfuerzo y terquedad volvió a caminar.

Tras dedicar su vida a la crianza de sus nietos de cariño, hoy Julia despierta todos los días a las cinco de la mañana y comienza la jornada comiendo frutas, posteriormente almuerza, lo que se cocina para todos, sin cuidado alguno y toda la tarde se la pasa en cama jugando con su gatito y perrito.

Los años fueron pasando y esa pícara cholita colgó la mantilla, para vestirse de serenidad, gozando de la compañía de sus seres queridos quizá un par de años más, ¿quién sabe?

La abuelita Julia disfruta de la vida, siempre está alegre y cariñosa. A su edad todavía trata de ser independiente. Nos asusta que le pase algo, porque ella sigue caminando sola con la ayuda de su bastón”, cuenta Rosa Lucas.



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