Cochabamba, jueves 20 de septiembre de 2018

Ernesto Guevara, el fotógrafo entusiasta

Sobre una faceta casi desconocida del guerrillero argentino-cubano que, de haber estado vivo, el jueves hubiera cumplido 90 años.
| Claudio Sánchez | 17 jun 2018



Ernesto Guevara de la Serna nació en la ciudad de Rosario, Argentina, en 1928. Más conocido como Che, este personaje histórico habría cumplido 90 años el 14 de junio. Aventurero incansable desde sus primeros años, fue -entre otras cosas- un entusiasta viajero y fotógrafo.

Desde temprana edad, Ernesto Guevara tuvo afición por la fotografía. Su condición de asmático provocó en él cierta reclusión que dio lugar al descubrimiento de otras formas de relacionarse con su entorno, una de ellas fue a través de la cámara. Esta le permitía ver de otro modo la realidad, para después capturarla. Quizás sin mucha conciencia en los primeros años de sus aventuras, la fotografía le permitiría dar fe y testimonio de realidades que fue descubriendo sobre todo a lo largo de sus travesías.

El histórico y más comentado viaje fue aquel que empezó en enero de 1952. Junto con su amigo Alberto Granado, Ernesto emprendió una travesía larga y compleja. Este episodio quedó inmortalizado en la película Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004). En este largometraje, el director recurre a las fotografías tomadas por Guevara durante el viaje para poder recrear ciertos encuadres de cómo él pudo haber visto la realidad de aquel tiempo. Salles entonces cita a Guevara como fotógrafo para poder recrear algunos de los pasajes de este viaje que empieza en Argentina y termina en Venezuela. Además de los diarios escritos por Guevara a lo largo de toda su vida, sus propias fotografías se han convertido en fuentes primarias de información del cómo y dónde se encontró en cada momento. De este modo se puede entender que tanto los diarios como sus fotografías pueden considerarse indivisibles y complementarios. Las fotos de Guevara son ilustraciones de su propia aventura durante los viajes que emprendió a lo largo de toda su vida.

No satisfecho con el primer viaje por tierra que Guevara realizó por Sudamérica, al poco tiempo de su retorno a Buenos Aires (julio, 1951) se dispuso a una segunda travesía que tomará otra ruta, y que sin embargo tiene el norte como objetivo. Así de impreciso y complejo: “el norte”. Con su amigo Carlos Ferrer, tomaron un tren desde Buenos Aires, para un viaje que los llevaría a Bolivia, y que los enfrentaría en aquel año de 1953 a un país convulsionado e insurrecto, aquel que en 1952 había logrado hacer su propia revolución, la del 9 de abril.

El viaje por Bolivia, que tuvo a La Paz como gran protagonista y a sus alrededores como postales de un nuevo tiempo social y político, además de su colección de paisajes que van desde los de los Yungas hasta los parajes altiplánicos y el mismo lago Titicaca, está descrito por Guevara en diferentes textos epistolares a su familia y otras amistades, y está relatado en su diario personal. Este viaje tiene su propia colección fotográfica que restituye el imaginario de la Revolución Nacional con una foto que toma el Che a un camión donde están los milicianos armados, los mineros que, a pesar de sus enfermedades, han asumido como suya esta revolución, aunque “el poder” siga siendo de ciertas elites políticas.

“A la tarde volvieron los mineros en varios camiones en caravana. Los vimos venir a lo lejos, entre las montañas, disparando sus rifles y ametralladoras al aire. Los estampidos se multiplicaban por el eco, y Ernesto y yo nos quedamos mudos con esa imagen poética del poder popular, pensando que esos mismos hombres a los que hoy veíamos invencibles y poderosos, hacía poco tiempo estaban a merced de las ametralladoras que apuntaban a sus casas”. Esta reflexión hecha por el compañero de viaje de Guevara cuando ambos se encontraban en la mina Bolsa Negra permite dar contexto a la fotografía que guarda el sentido de la insurgencia popular boliviana, aquella que quería descubrir Guevara más allá de su idealización demagógica. América Latina tiene tres grandes revoluciones nacionales, la de México (1910), la de Bolivia (1952) y la de Cuba (1959). Guevara era consciente de que, en este segundo viaje, y en esta primera escala internacional, se enfrentaba a un proceso revolucionario -del cual será muy crítico en más de una de las páginas que conforman sus escritos- que indudablemente cambió para siempre la historia del país.

La Paz será la ciudad donde Ernesto, por entonces con 26 años de edad, descubrirá la fotografía como un medio de expresión más allá de su propia función de hacer registros. Fue allí que, como consta en su diario, asistió a una exposición del fotógrafo alemán Gustavo Thorlichen.

El trabajo de este fotógrafo en América del Sur está sembrado de anécdotas que lo asocian en Argentina con personalidades como Jorge Luis Borges -quien escribirá un prólogo para el libro La República Argentina que editó el artista alemán en 1958- y Silvina Ocampo, entre otros. Thorlichen llegó a Argentina en 1937, escapando de los nazis. Hizo retratos de Perón y Evita. Nacido en 1906, fallecería en España en 1986, luego de una carrera que en los años 70 ya se vio disminuida.

En 1953, Thorlichen realizó una exposición fotográfica en la ciudad de La Paz, fue entonces que conoció a Guevara, un muchacho entusiasta que quiso aprender más de las fotos y lo siguió en algunas eventuales excursiones para hacer fotografías. Juntos hicieron una visita al Club Andino de Chacaltaya. Fue entonces que el argentino pudo ver cómo trabajaba Thorlichen y descubrir, de cierta forma, cómo hacer composiciones de imagen y otros registros más profesionales. El fotógrafo alemán había llegado a La Paz meses antes que Guevara, había sido contratado por el Gobierno de Víctor Paz Estenssoro, se sabe que también hizo álbumes en los distritos mineros de Catavi y Siglo XX, fotos con las que montó la exposición donde coincidiría con el joven argentino.

Bolivia fue la primera escala de Ernesto en este su segundo viaje por tierra en América Latina. Siguió hacia Perú y continuó a Ecuador, ahí fue que se separaron los amigos viajeros. Ferrer siguió hacia Venezuela y Guevara quiso descubrir el proceso revolucionario que se vivía en Guatemala con el coronel Juan Jacobo Árbenz. Ernesto vivió en aquel país centroamericano durante varios meses, antes de partir hacia México donde todo cambiaría.

Para la biografía de Guevara el encuentro con Thorlichen significa el acercamiento al trabajo profesional con la fotografía, un oficio que le permitiría ganarse la vida en México en el principio de su estadía. Aunque esa ya es otra historia.

Gestor e investigador de cine -

mardecine@gmail.com





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