Cochabamba, jueves 16 de agosto de 2018

Irma Claros, pionera del maquillaje

TEXTO: JIMENA NÚÑEZ LARRAÍN FOTOS: AYAR WARI | | 03 jun 2018



El nombre de María Irma Claros Zamorano, más conocida como doña Irmita por su entorno y los clientes de la perfumería Lilian -ubicada en la acera oeste de la plazuela Quintanilla- sigue siendo uno de los referentes cuando se trata de buscar la per- fección en el rostro. Ella es una de las primeras profesionales del maquillaje que llegó a este valle para deslumbrar con su destreza y su paleta de colores.

La historia de vida de esta hábil y singular profesional comenzó en Cochabamba en 1959. Es la primogénita de Freddy Claros e Irma Zamorano, al poco tiempo de nacida, sus padres emigraron del país, en busca de un mejor destino para su pequeña familia.

“Tenía dos años de vida cuando mis padres hicieron sus maletas para irnos al Brasil, porque aquí la situación laboral estaba difícil”, recuerda.

La familia se estableció en Sao Paolo, Brasil, donde nació su hermana Sandra. Al ser hija de migrante, Irma fue testigo del sacrificio y voluntad que tuvieron sus padres para su crianza y formación. “Empecé y terminé el bachillerato en una escuela del Brasil y luego, a la hora de elegir una carrera me decidí por la estética”, recuerda.

Tras algunos meses de capacitación en un spa en el área de la belleza, llegaría el momento del gran debut. “Un día recibí el llamado de una novia en crisis, ella estaba desesperada porque el profesional que debía arreglarla le falló y tuve que ir a su casa. Fue ahí que descubrí que amaba esta profesión”, acota con un tono nostálgico.

Tras 29 años de residencia en el país vecino y varios años ya como maquilladora profesional, la familia Claros Zamorano decidió retornar a Cochabamba. “Mi padre se hacía mayor y solo quería pasar sus últimos años en Bolivia y esa fue la razón para que volvamos al país”, añade.

EN LA TIERRA QUE LA VIO NACER

Tras su arribo a Cochabamba, Irma se vio obligada a empezar de cero y crear una agenda de clientes. “En aquella época no era sencillo, había mucha diferencia, porque allá (en Brasil) las mujeres estaban acostumbradas a hacerse maquillar, en cambio aquí era un área desconocida”, dice.

Por azar del destino, ingresó a trabajar en un proyecto con el Banco Mundial, apoyando a una empresa brasileña; pero ella no era feliz, pues era un trabajo que no quería hacer toda la vida. Ese fue uno de los motivos para que retorne a su pasión, fue así como conoció a Marcelo Antezana, quien en aquel entonces había abierto su agencia de modelos La Meson y requería una profesional del maquillaje.

“Trabajé a lado de Marcelo por más de seis años, durante ese periodo mostré mi trabajo en modelos y reinas. También nos hicimos cargo de grandes eventos de belleza departamental, como el Miss Cochabamba”, cuenta.

De esta manera, los cochabambinos conocieron del trabajo de Irma, gracias a su labor y participación en el conocido programa cochabambino Facetas, conducido por Álvaro García Meza y Mónica Olmos.

FRAGANCIAS DE ÉXITO

Paralelamente, en aquella época Irma se convirtió en madre de su única hija, a la cual le dio el nombre de Lizandra Claros.

Al verse a cargo de una familia, ella quería otro futuro, se fue a trabajar a la perfumería Lilian, como dependienta y maquilladora. En aquella época, el negocio estaba en manos de Heidi e Ilse, ambas de procedencia alemana. “En ese momento no solo maquillaba sino que también comencé a interiorizarme sobre las fragancias, las cuales me cautivaron lentamente”.

Tras seis meses de trabajo, las propietarias decidieron retornar a su país y vender el negocio.

“Me ofrecieron que compre la perfumería y me lancé al vacio, saqué un préstamo y es así como se inició la etapa como propietaria de mi negocio”, añade Irma.

Por varios años, la perfumería se mantuvo en la calle Colombia casi España. Durante el tiempo en que había muchos enfrentamientos y los clientes ya no querían ingresar al centro de la ciudad, tomó la decisión de trasladarse y construir su nuevo edificio, inaugurado en 2014.

Hoy, con después 29 años de incesante actividad, Irma todavía sigue maquillando en la perfumería y aún siente la satisfacción de ver cómo su área ha ido ganando terreno en el medio local.





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