Cochabamba, domingo 21 de octubre de 2018

Una teoría sobre... ¿Cómo se llega a las dependencias?

| Mónica Saavedra Gerke PsicÓLOGA Psicoterapeuta msaavedrage@hotmail.com | 03 jun 2018

Dentro de los problemas que el ser humano se genera de forma innecesaria, está el establecimiento de altas expectativas sobre cómo “debe” funcionar el mundo (sociedad, trabajo, familia, amigos, pareja, etc.), es decir, cree irracionalmente que este tiene que responder a los principios y valores personales, sin embargo, la realidad demuestra, que el mundo actúa de forma independiente a los deseos o demandas que se tienen, insistir en que esto sea diferente, es desgastarse innecesariamente.

En el proceso de desarrollo humano, existe un porcentaje de personas que aprenden a establecer sus expectativas lo más cercanas a la realidad, esto les permite a su vez, evitar sentimientos intensos de frustración que los lleve a situaciones en las que se vean paralizados, Sin embargo, existe el otro porcentaje de personas, que tienen altas expectativas de todo lo que les rodea y adicionalmente sus niveles de tolerancia a la frustración son bajos, esto debido a que la habilidad no fue desarrollada desde la infancia, por lo que el no satisfacer sus deseos, es percibido como algo catastrófico.

La expectativa que más conflicto genera es la emocional o la que se relaciona con el “cómo” uno debería haber sido amado o reconocido, inicialmente por los padres y la familia y más adelante por el resto de la sociedad. 

Independientemente, a que se haya recibido mucho afecto y reconocimiento, lamentablemente no va a satisfacer las expectativas o lo que se esperaba recibir; esta percepción de la realidad aumentará la probabilidad de un incremento de pensamientos relacionados a la “dependencia afectiva”, o de creer que se tiene la “necesidad” de ser amado por los otros, y esto a su vez, debido a que no se consigue lo que se desea, generará inevitablemente la emisión de conductas que permitan la huida o escape de dicha situación.

Para poder huir o escapar, se hará uso de “drogas no convencionales” como ser: pareja, trabajo, juego, internet, sexo, etc. o de “drogas convencionales” como ser: alcohol, marihuana, cocaína, ansiolíticos, etc., el incremento en el consumo se debe a que la droga cumple con el objetivo de evasión, este incremento llevará al abuso y en muchos casos a la dependencia. Tener una conducta dependiente significa creer que se “necesita” de la sustancia, del objeto o de la persona para poder vivir, es decir, la droga se convierte en algo vital como comer; esta conducta está relacionada como ya se dijo anteriormente, con bajos niveles de tolerancia a la frustración, pero también con una dificultad para manejar de forma adecuada la presión social, un sistema de autovaloración, autorrespeto y autoimagen bastante empobrecido, que genera la creencia irracional de que no se tiene la suficiente capacidad o los suficientes recursos personales, para enfrentarse a la vida de forma independiente y por último, pero no menos importante, está la ausencia de objetivos claros de vida.

Si la persona toma real conciencia, de que la única realidad que se puede controlar es la realidad personal, es decir, lo que uno piensa, siente y hace en relación al mundo exterior y si las expectativas sobre todo de afecto no satisfechas, son toleradas y no son paralizantes, se podrá aprender en el camino a hacer de la felicidad una forma de vida, independientemente a las situaciones negativas que se puedan presentar, evitando que los problemas conduzcan a sentimientos negativos

y a conductas desadaptativas.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable

de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com

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