Cochabamba, viernes 19 de octubre de 2018

Mujeres todoterreno Madres y empresarias cochabambinas

Después de varios años de experiencia laboral, cuatro mujeres ocupan importantes cargos en el rubro empresarial. Hoy, hablan acerca de su experiencia como madres y trabajadoras.
| | 27 may 2018



Desde su creación institucional, hace 80 años, es la primera vez que la Cámara de Industria de Cochabamba (Camind) es liderada por una mujer. Desde el primer momento en que fue elegida como presidenta, Tania Claros Vargas se comprometió a trabajar incesantemente para integrar al empresariado regional.

Además de ocupar este cargo directivo, hace dos décadas es la gerente financiera de la empresa Unilever, puesto que conquistó peldaño a peldaño y para el cual se fue preparando durante varios años.

Su historia de vida laboral se inició a los 18 años cuando empezó a trabajar como asistente en el Banco Boliviano Americano (BBA); paralelamente, estudió la carrera de Auditoría en la Universidad Mayor de San Simón, de donde egresó en 1985. Posteriormente ingresó a trabajar a Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), luego de un tiempo se presentó a una convocatoria en Quimbol Lever, donde hizo carrera administrativa.

Tras una década de servicio en la empresa pasó a ser parte de Unilever Andina Bolivia. “Comencé como asistente de caja, luego fui ascendiendo a diferentes jefaturas. Actualmente tengo 31 años de antigüedad laboral”.

Paralelamente a su desarrollo profesional, Tania Claros se casó y formó su hogar. Cuando tenía 25 años tuvo la dicha de convertirse en la madre de César Sánchez Claros.

Ella sintió que su hijo transformó su vida y todo dio un vuelco, es que él se había convertido en su razón de ser y sentir.

“Era un reto ser mamá y empresaria, hacer todo al mismo tiempo era una locura, por suerte encontré la ayuda que necesitaba en mi familia”, asegura.

Al igual que muchas madres, sacrificó presentaciones, bailes, partidos de fútbol y muchas actividades familiares. Sus responsabilidades laborales le exigían mucho y ella debió estar a la talla de las exigencias y presiones que surgieron en el día a día. No obstante, al final de cada jornada, César es su cómplice y su razón de vida.

Tania Claros Vargas, presidenta de la Cámara de Industria de Cochabamba

Tenemos la misma capacidad que los hombres, el mismo deseo e impulso por crecer profesionalmente dentro de una empresa o institución y —en muchos casos— nuestros hijos son los que nos impulsan a llegar a nuestras metas” Tania Claros

Sandra Ruiz Ostria, vicerrectora de Interacción Social de Univalle

No había sido fácil ser mamá. Esos chiquitos nos necesitan y nosotras solo tratamos de dividirnos. Por suerte, pude estar con ellos cuando me necesitaban. Actualmente tenemos una estrecha y linda relación” Sandra Ruiz  

Silvia Claure Ibarra, presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales

Sufrí mucho al separarme de mis hijos. En mi caso, era como criar gemelos; pero lo hice y ahora me siento orgullosa de los hombres que críe. Son hombres hechos y derechos, grandes hijos y padres responsables y amorosos” Silvia Claure

Luz Mary Zelaya, presidenta de Cámara de la Pequeña Industria y Artesanía de Cochabamba 

Lo único que dejamos a nuestros hijos son las enseñanzas y el ejemplo. Los míos saben que si lo sueñan pueden llegar a tenerlo, solo es cuestión de trabajar por alcanzarlo” Luz Mary Zelaya



LIDERANDO LA FORMACIÓN DE NUEVOS PROFESIONALES

Desde hace seis años, Sandra Marcela Ruíz Ostria ocupa el cargo de vicerrectora de Interacción Social de la Universidad Privada del Valle (Univalle), en el campus de Tiquipaya.

Esta profesional se vio obligada a aprender, sobre la marcha, a equilibrar su tiempo entre las exigencias académicas y la maternidad. Brenda (de 28 años), Nicole (22) e Ivar Gonzalo o Junior (21) son sus tres amores, por los que cada día se enfrenta a nuevos retos y desafíos. Claro que siempre contó con el apoyo y la colaboración de su esposo Sandro Guerrero y sus familiares cercanos, como su mamá Julia Ostria y su suegro Ivar Guerrero (+).

Al salir bachiller del colegio Instituto Ame- ricano, Sandra Ruíz ingresó a estudiar la carrera de Hotelería y Turismo en Univalle, de donde se tituló como profesional.

Recién en el año 2000 comenzó a trabajar en la empresa familiar como coordinadora de Relaciones Públicas.

En ese entonces, Ruíz tenía una jefa, cumplía un horario laboral y ya tenía a sus hijos. “Al principio parecía fácil trabajar y ser mamá, pero era porque tenía la ayuda de mi mami -quien prácticamente crió a mi hija mayor- y también el apoyo de Maritza, que era mi ayudante en casa”, recuerda.

Su crecimiento dentro el escalafón académico se fue dando paulatinamente. “Era una etapa muy complicada, porque salía corriendo de mi trabajo. A partir de ese momento solo era mamá, iba por mis hijos a recogerlos del tenis, los llevaba a sus clases de inglés y así me pasaba horas tras el volante”, recuerda. Ese ritmo de vida llevó a sus hijos y a ella a disfrutar cada minuto juntos y entre sonrisas convertirse en cómplices de vida.

CONSTRUYENDO ESPACIOS

PARA LA MUJER ACTUAL

Han pasado 20 años desde que Silvia Claure Ibarra de Maldonado ingresara a presidir la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales (AMEP), en una época en la que las damas veían postergados sus anhelos y, en algunos casos, su profesionalización.

Silvia egresó como bachiller del colegio Santa Ana en 1970, se matriculó en la Normal Católica y se tituló como profesora de idiomas. Paralelamente, el amor también tocó su puerta y contrajo nupcias con Gonzalo Maldonado, con quien tuvo dos hijos Alberto (40) y Gonzalo (39).

Una de la exigencias del magisterio era el año de provincia, por lo que siendo madre primeriza tenía que viajar a Arbieto, distante a varios kilómetros de Tarata todos los días. “Lo más difícil era dejar a mi hijo durmiendo en la cama de mis padres, tenían mucha pena. Al poco tiempo llegó mi segundo hijo, fue como criar gemelos”, asegura Claure, pero como toda madre hizo todo para educarlos y trabajar. “Hay que ser metódica, persistente, todo es cuestión de organizarse y nosotras podemos lograrlo”, afirma.

Silvia apenas logró ejercer siete años de docencia y luego renunció para apoyar a su esposo, ya que él iniciaba su empresa Sodimat, que este año cumplirá 35 años, donde ocupa el cargo de gerente administrativa.

“Tuve la dicha de ser madre, trabajar y ayudar a las mujeres”, asegura Claure.

Ahora, Silvia ya es abuelita y disfruta de otra faceta de la maternidad y reconoce sentirse viva y plena, siempre rodeada de su marido, hijos y nietos. “Ahora son ellos quienes me llenan de mimos, han cambiado algunas cosas, menos la intensidad del amor”, finaliza.

LA IMPULSORA DE PROYECTOS

Hace solo 13 años, Luz Mary Zelaya Vidaurre llegó a Cochabamba llena de ideas y proyectos para desarrollar en la industria nacional, hoy es la presidenta de la Cámara de Pequeña Industria y Artesanía de Cochabamba (Cadepia).

Ella arribó solo con sueños y deudas, pero tenía una meta que realizar, quería impulsar la microempresa de alimentos Acerlifese, que conformó junto a sus hermanos. Esta pequeña fábrica elabora seis variedades de suplementos alimentos: Nutremax, ABN, Esvit Fórmula Dúo, maca, soya energy y colágeno, a partir de los que se fueron generando otros más.

La vida de Zelaya no estaba enfocada en el rubro alimenticio, ella logró titularse como técnico de comunicaciones y por años trabajó como regente en una unidad educativa en La Paz, pero ella quería más. “Tenía dos hijos que sacar adelante y no tenía nada que perder. Dejé todo para empezar de cero”, cuenta Zelaya.

Y así lo hizo, en primera instancia, buscó un aliado estratégico y fue a golpear las puertas de Cadepia, donde encontró orientación y apoyo para sus gestiones.

Ella y su familia se esforzaron mucho, cada incursión al mercado con una venta era una gran noticia. Así fueron pasando los años y la maternidad se fue combinando con bromas y juegos con sus hijos mientras ofrecía sus productos.

“Eso nos enseñó que todo se puede si trabajamos en equipo. Mi fortaleza son mis hijos, por ellos voy tejiendo mis sueños y alcanzando mis metas. Fue y es sacrificado, pero es algo que volvería a hacer para darles un mejor futuro a mis hijos”, concluyó Zelaya.



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