Cochabamba, martes 16 de octubre de 2018

Las sutiles semillas de una doble violencia

Cecilia Losantos Quiroga Socióloga de familia y Life Coac cecilia.losantos@gmail.com | | 27 may 2018

Un viaje interdepartamental, en una empolvada carretera de la zona andina, en un día cualquiera y un bus “flota” cualquiera. Dos niños, de entre 7 y 10 años, cansaditos pero animosos para recibir unas cuantas monedas, se llenan los pulmones de aire y, anunciando a los pasajeros que “los deleitarán con unos temitas musicales”, comienzan a cantar las canciones que seguramente aprendieron de sus hermanos mayores que les heredaron tal modus vivendi.

Canciones que dicen algo así como: “Para qué quiero la vida, si no hay cariño, si no hay felicidad”, “Ay yo no sé qué suerte tengo para tener dos mujeres, la una es cochala, la otra es paceña y yo las quiero por igual”, “Si tengo muchos amores, déjenme vivir la vida, aunque me llamen cholero, a toditas yo las quiero, no sirvo para casado”, “Cuánto cuestas cuánto vales amor mío, si tú quieres yo te pago”.

Y me pregunto, ¿estas criaturas sabrán lo que dicen? ¿Tendrán idea de que en nuestro país se quiere acabar mediante leyes con la discriminación, el abuso contra la mujer, el machismo, la violencia doméstica?

Cómo crecerán esos niños repitiendo tal vez más de 20 veces al día esas palabras. Seguramente sintiéndose choleros, muy machos y capaces de ignorar las normas y leyes sociales. Porque, para acabarla de rematar, una vez que terminan sus 3 o 4 “temitas”, que en esas voces infantiles casi duelen, infaliblemente repiten la consabida: “Señores pasajeros, ustedes dirán: qué quieren estos muchachos con su cara de bandidos, con su cara de rateros. Aceptamos moneditas, billetes, celulares, joyas, dientes de oro”.

Mientras nos detenemos en un poblado, se puede además ver a algunas mujeres llevando de la mano a un niño no por el rincón, como el sentido común lo sugiere, sino por el borde de la carretera: expuesto, desprotegido, casi solo.

Y así se va la infancia de nuestros niños en esos polvorientos caminos; así, cantando, van perdiendo la inocencia sin siquiera imaginar que prestan sus tiernas voces a una violencia simbólica de la que ellos son, a su vez, las víctimas.

Cuán lejos estamos de tomar concien-cia de que a la niñez hay que respetarla, cuidarla, cultivarla; y de que las pala- bras tienen un poder que cala en el inconsciente.

Cuánta necesidad de dejar de objetivar a los niños, de dejar de verlos como a los “menores” de edad, los que todavía no saben lo que quieren ni tienen derechos (peor aún, manipularlos para propia

conveniencia).

Cuánta necesidad al mismo tiempo de tomar conciencia de que en nuestro folclore, en aquellas canciones que se escucha a toda hora, se sigue dando mensajes de marcado machismo y objetivación de la mujer también.

Mientras celebremos, impulsemos

o ignoremos este tipo de manifestaciones, seguiremos cosechando los frutos de esta doble violencia social -hacia los niños y hacia las mujeres- sutil y musical, pero violencia al fin y al cabo.

NOTA: Para cualquier consulta o comen- tario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo claudiamen@hotmail.com

Visítanos en la páginas de Facebook: LECTURAS SUTILES



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

MÁS NOTICIAS DE « REVISTA ASí »:

Opinión en Twitter
Opinión en Facebook
Portada Impresa