Cochabamba, martes 25 de septiembre de 2018

El Fuego “nace” cada cuatro años en Bolivia

Una ceremonia histórica, que viene desde Grecia, fue consolidada en La Paz, durante el Congreso de la Organización Deportiva Suramericana (Odesur). 
redacciÓN Twitter: @DiarioOpinion | | 27 may 2018

La nadadora Karen Tórrez lleva la antorcha (arriba). Atleta en 1978 (abajo). ARCHIVO

La Llama Sudamericana es un símbolo de la unión de diferentes nacionalidades, lenguas, religiones y razas por un mundo pacífico. 

Se constituye en una tradición de los Juegos Suramericanos y mucho antes en los Olímpicos de la Antigüedad Griega.

Es conocido como el Fuego Suramericano.

La Organización Deportiva Suramericana (Odesur) definió en su III Congreso, realizado en junio de 1978, que la ciudad boliviana de Tiwanaku, a 62 kilómetros de La Paz, por su significado histórico, sería el punto de partida del Fuego para todas las ediciones de los Juegos Suramericanos.

Fue ahí, en las ruinas, donde los imperios existentes hace 20.000 años dejaron huella de su paso.

El Fuego Suramericano es encendido en una ceremonia ancestral y es llevado hasta la ciudad sede de los Juegos. Este año es Cochabamba (Bolivia).

Tiwanaku, situada sobre el margen del lago Titicaca, en La Paz, fue el centro de la gran civilización Amauta, que dominó gran parte de Suramérica en los siglos XI y XII. Esta civilización tenía amplios conocimientos artísticos y técnicos y fue más rica y poderosa que la Inca.

EL PRIMER RECORRIDO

En las primeras ocho ediciones de los Juegos Suramericanos, según reportes de medios, el Fuego fue conducido por innumerables atletas, como la peruana Cecilia Tai, integrante del equipo vicecampeón olímpico de voleibol en Seúl 1988.

En la primera edición de los Juegos, el Fuego Suramericano fue encendido en la puerta del templo Kalasasaya (Bolivia). El lugar se conoció desde entonces como la Atenas de América del Sur.

Con el objetivo de lograr el éxito de la ceremonia se preparó con suficiente anticipación y se nominó a una comisión para coordinar las actividades relacionadas con el encendido y recorrido del Fuego Suramericano. Estuvieron los profesores Luis López, Orlando Trujillo, Freddy Zabala y Leonor Quintanilla.

Silvio de Magalhäes fue el delegado del Comité Olímpico Internacional.

El presidente del Comité Olímpico Bolivia de entonces, José Gamarra Zorilla, reflejó en su libro “Bolivia Olímpica. El fascinante mundo del deporte” que un grupo de atletas que vestían como chasquis fueron los encargados de trasladar la antorcha hasta el estadio olímpico “La Paz” (hoy Hernando Siles) y el atleta Roberto Prada encendió el pebetero oficial, un objeto similar al incensario, el 19 de octubre de 1978.

Se sumaron Isabel Alemán y José Ernesto Roca, que paralelamente hicieron este ritual en los departamentos de Cochabamba y Santa Cruz, de acuerdo con los archivos históricos del Comité Olímpico Boliviano.

El juramento deportivo de ese entonces se realizó en las tres ciudades del eje central. Los encargados fueron Édgar Cueto (La Paz), Luis Vásquez (Santa Cruz ) y Ladislao Moravek (Cochabamba).

Al día siguiente, según la página de Odesur, la atleta Alejandra García recibió la antorcha.

El 9 de noviembre, el Fuego fue llevado al estadio Multipropósito del Parque Roca, escenario de la Ceremonia de Apertura. El atleta Carlos Espino, medallista olímpico tuvo el honor de encender el pebetero.

En los documentos también se hace referencia a la Barra Suramericana que ya es parte de las actividades programadas por la organización. En ese entonces, recuerdan que le dio un matiz especial, de colorido, alegría y juventud al alternar con espléndidas figuras y cuadros protagonizados por estudiantes de colegio, de la universidad, bandas militares y voluntarios en las graderías del estadio, además de las presentaciones folclóricas

EN 9 DEPARTAMENTOS

Este año la antorcha olímpica fue encendida el lunes 7 de mayo en el complejo arqueológico de Tiwanaku. Su recorrido fue de 19 días por 4.542 kilómetros y poblaciones de los nueve departamentos, hasta llegar a la ciudad de Cochabamba, sede de los XI Juegos Suramericanos, el 26 de mayo.

Estuvo en la estación central del teleférico rojo (La Paz), el Museo de la Revolución Democrática y Cultural (Orinoca), Colchani, Salar de Uyuni (Uyuni), Castillo la Glorieta (Sucre), estadio El Tonel (Uirondo), plaza 24 de Septiembre (Santa Cruz), plaza José Ballivián (Trinidad), Parque Piñata (Cobija) y las plazas principales de Chimoré, Entre Ríos, Shinahota, Villa Tunari, Colomi, Sacaba, Punata,Tolata, Tarata, Arbieto, Quillacollo, Colcapirhua y concluir en el estadio Félix Capriles de Cochabamba

La llama fue encendida por quienes representaron a los líderes indígenas Túpac Katari y Bartolina Sisa que entregaron el pebetero a Camilo Pérez, titular de Odesur, quien entregó al presidente de Bolivia, Evo Morales y ese al medallista Jhonny Pérez. Luego de un recorrido se entregó la llama a la nadadora Karen Tórrez.

EN LA HISTORIA

La antorcha se encendió por primera vez en los Juegos Olímpicos, que son más antiguos que los Juegos Suramericanos.

La tradición es llegar a las ruinas de Olimpia, en Grecia, y que varios conductores lleven el Fuego por un trayecto que termina el primer día, en la ciudad sede de cada edición de los Juegos.

En esa fecha, la Llama enciende el Pebetero del Estadio Olímpico, durante la Ceremonia de Apertura.

El Pebetero Olímpico permanece encendido durante todo el periodo de los Juegos y se apaga en la Ceremonia de Clausura.

UN SÍMBOLO

El fuego ha sido inmemorialmente un elemento demostrativo del culto.

Antiguamente se usaba como ornamento, representación deífica (cosa divina) y, en algunos casos, como elemento purificador en los altares. De Olimpia, donde comenzaron las competencias olímpicas, se recogió por primera vez la tea portadora del fuego que conjugaba anhelos de superación física y respeto a la divinidad.

La antorcha se convierte en un heraldo de paz y es al mismo tiempo el símbolo de los juegos y resulta parte simbólica de las sociedades humanas, y de sus representaciones que las ligan a todas las fuerzas vitales y espirituales que las conforman y les dan identificación y distinción.

Hagamos de estos Primeros Juegos Suramericanos Cruz del Sur la palabra de entendimiento entre nuestras naciones. El porvenir está abierto para Sudamérica y llevamos la antorcha del gran ideal como vanguardia de nuestras comunidades. Los deportistas tienen el mandato”.

José Gamarra Zorrilla

PRESIDENTE COB





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